Esta semana se ha producido un extraño fenómeno y la verdad es que todavía estoy pensando exactamente cuáles pueden ser las causas. Este miércoles sobre las 13:30 aterrizó en vuelo privado en Peinador, el aeropuerto de Vigo, el ciudadano Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, en otras palabras: el Emérito. No ha habido casi eco en prensa. Ni conexiones de televisiones en directo, ni seguimientos por carretera del trayecto entre Vigo y Sanxenxo, habitual centro de operaciones y divertimentos del Emérito en España, ni prácticamente ruido alguno. Resulta poco habitual esta caída del interés, este poco seguimiento, esta suerte de mutis. ¿Ya no interesan los viajes de Juan Carlos?

Apenas una referencia en la prensa local sobre dónde comió el emérito el miércoles tras su llegada, un restaurante en Meaño, y algún comentario sobre la regata para la que ha venido. Esta es su segunda visita a España de este año, no vino cuando murió la princesa Irene de Grecia, su cuñada. Tampoco se desplazó a Atenas para despedirla, o para acompañar a su mujer, la Reina Sofía, ni para dar el pésame a sus hijos mientras se despedían de la tía Pecu. La versión oficial es que un médico desaconsejaba los desplazamientos en avión de tantas horas que separaban Abu Dabi y España. Por arte de magia ese consejo facultativo parece haberse esfumado, o las distancias entre ambos países parecen haberse acortado. Curioso. Conociendo la naturaleza del personaje y sus habituales pulsos a su hijo, esta falta de ruido mediático no debe sentar muy bien por Sanxenxo

Lo cierto es que esta situación entronca de forma directa con un testimonio que abordan la tarde del jueves en el programa ‘Y ahora Sonsoles’. La Ónega da la bienvenida a Abril, una joven que viene para abordar una problemática que aun sigue siendo tabú en nuestro país: la realidad de los jóvenes que nos vemos obligados a podar el árbol genealógico. Abril comienza asegurando que “empecé a vivir cuando dejé atrás a mi madre”. Puede sonar demasiado absolutista o radical, pero hay veces en las que los apegos feroces funcionan así; como una soga al cuello. En otro de los momentos de la charla entre Sonsoles y Abril la joven recuerda una de sus últimas conversaciones con su progenitora en la que le dijo que ya no voy a ser más tu saco de boxeo emocional”.

Me llevo una grata sorpresa ante la actitud de Sonsoles y sus colaboradores. No hay un juicio a esa hija que ha decidido romper los vínculos, no hay estigma. Incluso en un momento dado en el que Abril titubea con un sé que puede sonar muy fuerte”, Sonsoles acierta a tranquilizarla “no te preocupes por cómo pueda sonar, tenemos demasiado sacralizada a la familia”. La cara de la invitada en ese momento lo dice todo, ha recibido esa frase como un abrazo de Sonsoles. Muchas han sido las veces en las que Abril asegura haber recibido cuchilladas en forma de “es que es tu madre” por parte de personas de su familia o su entorno. El plantel de colaboradores, entre los que están Luz Sánchez-Mellado o Ángel Antonio Herrera, felizmente también está a la altura del testimonio que tiene entre manos. Esa tarde el programa de las tardes de Antena 3 parece un pequeño faro entre la tormenta de la normatividad familiar de un país con arraigo en costumbres que hacen leyes.

Tristemente es más habitual que este tipo de relatos se topen con el juicio de quién por encima de todo defiende el poder de la familia, lo sagrado de unos vínculos no elegidos que en ocasiones se convierten en una carta blanca para caer en los comportamientos más tóxicos. Por todo eso, este tipo de relatos siguen teniendo algo de subversivo, algo de punk en una amalgama de frases hechas sobre el poder de la sangre. La invitada acaba asegurando que “me voy a elegir todos los días de mi vida” y Sonsoles recomendando leer a quien atraviese por algo similar ‘La Familia’ (Anagrama, 2022) de Sara Mesa. A veces, como dice la Reina Letizia, “la lectura, siempre y cuando incluya comprensión, además de analgésica, quizá sea la razón última y la excusa perfecta. Cada uno de nosotros sabremos por qué podría ser la razón última y para qué la excusa perfecta”.

Pero no todo son familias desestructuradas en la viña del señor, la familia bien avenida es la norma en esta nuestra sociedad. Una familia bien avenida son los Janeiro-Campanario, que además viven un dulce momento. Jesulín de Ubrique hace las delicias de su público cada viernes imitando iconos de nuestra música como José Luis Perales o Melendi. Ahora, una nueva superestrella pide paso, se llama Juls Janeiro y ya ha comenzado a grabar su primer programa con Atresmedia en Barcelona. Y digo su “primer programa” porque me aseguran que su idilio con la cadena va mucho más allá y que su contrato está blindado para que participe en más formatos de la cadena. Al final lo de que no le importaba que la llamaran la Kardashian española no era broma.

En ‘¡De Viernes!’ es el día de la marmota. Se sienta en plató Rocío, la joven que asegura esperar un hijo de Omar Montes, para seguir aportando detalles que avalen su testimonio. Los papeles desempeñados por los colaboradores en plató nos ofrecen la sorpresa justa, quien suele atizar a cualquier mujer que se salga de su esquema de mujer ideal, atiza a Rocío. Quien acostumbra a ponerse de perfil, de perfil está. El resto, nada reseñable. Mientras tanto el ínclito supuesto padre de la criatura acomete su particular y delirante campaña de lavado de imagen. Primero “rescata” un perrito de un coche, que a todas luces no necesitaba ser rescatado, y luego deja atónitos a los compañeros de calle asegurando que su madre está embarazada del padre de Lamine Yamal. Ver para creer, si esto no es tener todo manga por hombro…

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