El turismo internacional es uno de los grandes motores económicos de Europa, pero esconde una fricción estructural que lleva décadas sin resolverse: el acceso real al tax free (libre de impuestos). Aunque millones de turistas tienen derecho a recuperar el IVA de sus compras, el sistema actual sigue siendo complejo, opaco y, en muchos casos, poco transparente.

Millones de turistas tienen derecho a recuperar el IVA, pero el sistema es complejo

Ahí es donde entra Stamp, una startup fundada en 2023 que busca redefinir este proceso al eliminar intermediarios y facilitando la relación directa entre marcas y turistas. Francesco Crema, Head of Growth de la compañía, lo resume de forma clara: “Hoy en día hay muchas barreras, tanto a nivel de comunicación como en la forma en la que los turistas toman decisiones” .

Una barrera clave: entender al turista internacional

El problema no es solo técnico. También es cultural. Uno de los grandes retos del comercio europeo es adaptarse a los procesos de decisión de turistas internacionales, especialmente en mercados como el asiático. “Un consumidor chino no busca información en Google o Instagram. Tiene su propio ecosistema digital”, explica Crema.

Muchas marcas europeas desconocen estos comportamientos, lo que limita su capacidad de atraer a estos clientes.

Stamp aborda este problema desde varios frentes: integración de métodos de pago locales, visibilidad en plataformas asiáticas y equipos especializados en estos mercados. “Nuestro objetivo es eliminar esas barreras y conectar a las marcas con el turismo internacional de forma más eficaz”.

De las grandes marcas a las pequeñas tiendas

La estrategia de la compañía combina dos enfoques. Por un lado, trabajar con grandes marcas que puedan adoptar el modelo y utilizarlo como herramienta de venta. Por otro, ofrecer soluciones a comercios que tienen menos visibilidad. “Las pequeñas tiendas tienen otro problema: no llegan al turista internacional. Ahí también intervenimos, ayudando a dar visibilidad y a mejorar la experiencia”.

En este contexto, el tax free deja de ser un trámite y se convierte en un elemento estratégico de captación. Uno de los desarrollos más interesantes es la creación de ecosistemas locales en los que múltiples comercios adoptan la misma solución. “En Italia ya estamos viendo pueblos donde varias tiendas ofrecen esta experiencia conjunta, creando algo parecido a un entorno duty free”, explica Crema.

Aunque técnicamente no lo sea, la lógica es similar: eliminar fricciones y facilitar el consumo. Este modelo permite a zonas menos turísticas competir con grandes destinos. “Funciona especialmente bien en ciudades pequeñas o pueblos cercanos a zonas turísticas, donde todos los comercios se benefician”.

Un sistema con fricciones que penalizan al turista

El principal problema del tax free no es la falta de derecho, sino la dificultad para ejercerlo. Según explica Crema, solo una parte de los turistas que podrían beneficiarse del sistema llega a iniciar el proceso. “Solo un 60% de las personas que podrían empezar un proceso lo hace. Es un número bajo, y lo es porque hay falta de conocimiento, de información y de transparencia” .

A esa barrera informativa se suma una experiencia de usuario poco amigable. Formularios, procesos fragmentados y la necesidad de adelantar el IVA generan fricción. Esa complejidad no es casual: “Hoy el modelo está gestionado por intermediarios que venden una solución tax free, pero en realidad obligan a pagar el IVA por adelantado para luego aplicar comisiones sobre el reembolso”, explica.

En la práctica, esto significa que el consumidor puede perder una parte significativa de ese dinero: “Si el turista tiene derecho a recuperar el IVA, ¿por qué debería pagar hasta un 50% de ese importe a un intermediario?”, plantea.

Un modelo que no ha cambiado en 50 años

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta Stamp no es tecnológico, sino estructural. “Estamos peleando contra un sector que no ha cambiado en 50 años”, reconoce Crema.

Ese inmovilismo responde en parte a un modelo consolidado donde los distintos actores han encontrado un equilibrio que no incentiva la transformación. Pero esa misma falta de evolución ha generado una oportunidad: “Nos damos cuenta de que es un sector que necesita un cambio. Cuando las marcas entienden nuestra propuesta, ven que tiene sentido”, afirma.

El cambio de enfoque: del reembolso a la eliminación del IVA

La propuesta de Stamp parte de un cambio conceptual: en lugar de gestionar el reembolso posterior, eliminar el IVA en el momento de la compra. “Nuestro modelo se basa en no pagar el IVA en el momento de la compra. Eso ya aporta transparencia y simplifica todo el proceso”, explica Crema.

Este enfoque elimina la necesidad de iniciar un proceso posterior de devolución, que es donde se concentran la mayoría de fricciones. Además, mejora la experiencia del consumidor y abre nuevas oportunidades para las marcas: “Si el cliente sabe desde el principio cuánto está pagando realmente, la experiencia es mucho más clara y directa”.

Impacto directo en ventas y ticket medio

Más allá de la experiencia del usuario, el modelo tiene un impacto directo en el negocio. Las marcas que han implementado la solución ya están viendo resultados medibles: “Estamos viendo incrementos del 15-20% hasta un 30% en ventas a turistas internacionales; y aumentos del ticket medio de entre un 20% y un 25%” .

La explicación es sencilla: al reducir el precio final percibido, el consumidor tiene mayor capacidad de compra: “No es lo mismo pagar un producto con IVA que sin IVA. Esa diferencia permite al cliente comprar más dentro de la misma tienda”. En sectores como el lujo, en los que el ticket medio es más elevado, el impacto es aún mayor.

Un cambio que va más allá del tax free

Más allá del producto, el planteamiento de Stamp apunta a una transformación más amplia: convertir un proceso burocrático en una herramienta comercial. Hoy, muchos negocios no comunican el tax free como incentivo de compra. “Las marcas podrían utilizarlo como una herramienta de venta, pero no lo están haciendo”, señala Crema.

El cambio pasa por integrar esta ventaja en la experiencia del cliente, tanto en tienda como en comunicación. “Si el cliente tiene derecho a ese dinero, debería poder acceder a él de forma directa y sin barreras” concluye Crema.

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