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“Hace 9 años, al finalizar la carrera de Ingeniería en Organización Industrial, decidí hacer un pequeño viaje a Kenia. En vez de irme solo, decidí aportar algo, porque iba a una comunidad de personas vulnerables. Investigué y creé unas prótesis para personas con amputación por encima del codo”.
Ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo

Así relata Guillermo Gauna-Vivas, su CEO y fundador de Ayúdame3D, que acaba de recibir el premio al Mejor Proyecto por su Impacto Social de los Premios Sociales de la Fundación Mapfre, en un acto presidido por la Reina Doña Sofía, con la presencia de Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, y Antonio Huertas, presidente de Fundación Mapfre.
Este emprendedor social asegura que “ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo. No hace falta ser ingeniero, tener una impresora 3D o fundar una ONG para cambiar la vida de alguien”. He hablado con él para que me cuente si la trayectoria de su proyecto también ha sido así de fácil.
Cualquier persona nos puede escribir si necesita ayuda o quiere colaborar
Y, lo que demuestra que de verdad quiere aportar su granito de arena es que, cuando le pregunto qué quiere que destaque, solo me pide que explique que “cualquier persona nos puede escribir desde nuestra web o redes si necesita ayuda o quiere colaborar”.
Se puede vivir de hacer el bien
Le planteo por qué no crear una empresa y hacerse rico: “Porque a las primeras personas las ayudé de manera desinteresada y al volver a España no veía por qué a unas las iba a cobrar y a otras no”, responde. “En mi propósito no tenía cabida el lucro ni hacer negocio de la salud. Está demostrado que se puede vivir de hacer el bien, como suelo decir. Somos varias personas con nóminas decentes dentro de las posibilidades y una entidad social que prospera ofreciendo ayudas gratuitas”.
El resultado parece darle la razón: “En 2019 empecé a emprender de esta manera, funcionó muy bien y contraté a gente. Ya somos 12 personas en el equipo y tenemos oficina en Madrid para ofrecer estas ayudas gratuitas a quien las necesite”.
Los comienzos
Pero llegar hasta aquí ha sido un camino largo: “Estuve probando varios meses con mi impresora 3D hasta que di con la tecla, o eso pensaba. Metí las prótesis en la maleta y viajé allí en el verano de 2017. El dispositivo funcionó muy bien en las cinco personas y me di cuenta de lo fácil que era ayudar con lo que me gustaba hacer. Decidí volver a España y continuar con el proyecto. Fundé Ayúdame3D no solo para ayudar a gente en Kenia, sino también en España o en cualquier sitio”, relata Gauna-Vivas.
Su historia se parece a la de los emprendedores tecnológicos del siglo pasado, que creaban productos en el garaje de su casa. “Estuve dos años haciéndolo en mi tiempo libre mientras trabajaba en una empresa y ahorraba. Tenía un bote online como una ONG, donde cualquiera podía colaborar, y yo lo gastaba en material e impresoras mejores para mi habitación”, me cuenta.
Al final, decidió dedicarse a su proyecto a tiempo completo, “porque me solicitaban ayuda demasiadas personas y estaba convencido de que podía vivir de esto”. Sin embargo, deja bien claro que no busca la caridad: “No de donaciones, sino mediante modelos de financiación como conferencias, talleres con empresas para construir prótesis, venta de productos que hacen las mismas personas a las que ayudamos y programas educativos en colegios”.
Un proyecto viable y escalable
Desde su puesta marcha en 2023, Ayúdame3D ha entregado 747 productos, ha llegado a más de 70 países para ayudar a más de 30.000 personas y ha creado 28 nuevos diseños propios. Solo en 2025, entregó 330 dispositivos a personas de todo el mundo.
“El 35% de la ayuda se queda en España, pero nos piden mucho fuera porque no existen proyectos parecidos a nivel internacional”. En nuestro país, el programa trabaja bajo un modelo de codiseño, en el que cada producto se desarrolla junto al destinatario para adaptarlo a sus necesidades. Lo hace en colaboración con entidades sociales, centros educativos e instituciones como el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús; o el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, socio de codiseño y validación clínica a través de su unidad UPAM3D.
En otros países, su modelo se basa en la creación de laboratorios locales de fabricación digital, sus 3DLabs: “En Kenia, Tanzania y Sudáfrica tenemos laboratorios propios con impresoras 3D y formamos a estudiantes en diseño e impresión 3D para que ellos mismos fabriquen y entreguen las prótesis”, explica Gauna-Vivas.
Estos laboratorios permiten además un desarrollo para el talento local. “La idea es que entreguen las prótesis y ayuden socialmente, pero también que usen las impresoras para financiar el taller. Ser técnico en impresión 3D o diseño les abre salidas profesionales muy buenas”, explica.
Más allá de la Sanidad pública
Le pregunto cómo es posible que en países tan avanzados como España, esta necesidad no esté cubierta por el Estado: “La sanidad pública ofrece un abanico cubierto (aunque varía según el grado de amputación y la comunidad autónoma, porque a veces hay copagos). Pero, en España nos piden dispositivos muy específicos e individuales: adaptaciones para ducharse sin estropear la prótesis, ponerse la ropa, peinarse, comer, montar en bici o tocar un instrumento”, responde.
Además, el abanico de necesidades es demasiado amplio: “No hacemos solo prótesis, también creamos sillas de ruedas o asientos posturales para niños con escoliosis. Hacemos cualquier dispositivo biomédico en 3D”. En su web, en la sección Qué hacemos, se puede ver el catálogo completo.
Animar a los demás
“Intentamos motivar a la gente que solo hace muñequitos (yo también hago muñecos, una cosa no quita la otra)”, explica entre risas. “Todos tenemos herramientas para ayudar. En España tenemos una red de voluntariado con gente con impresoras 3D que nos ayuda con dispositivos sencillos, estándar o proyectos para niños con cáncer en hospitales. No pido que dejes tu trabajo para salvar gente en Guatemala, pero les damos la oportunidad de aportar en su tiempo libre. Ver lo fácil que es ayudar con su hobby es muy gratificante”.
Le digo que, para él, como ingeniero industrial, es fácil, pero suena complicado para el resto de la gente. “Para eso estamos nosotros. Somos un equipo de ingeniería biomédica, diseñadores, ingenieros mecánicos, industriales y sanitarios que diseñamos los dispositivos. A los voluntarios los formamos de manera sencilla para montar y fabricar, no para diseñar. Igual que con los laboratorios internacionales: desde el ordenador en Madrid enviamos el archivo y se imprime directamente en Kenia o Tanzania”.
Parece que Gauna-Vivas nos ha dejado sin excusas para no empezar a poner algo de nuestra parte para ser parte de la solución.




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