Hay cifras que se leen deprisa y, sin embargo, deberían obligarnos a parar. Es el caso del estudio Conductas suicidas entre los jóvenes estudiantes de Cataluña: factores de riesgo y protección, publicado por el Observatorio Social de la Fundación “la Caixa” y realizado por las investigadoras del Parc Sanitari Sant Joan de Déu y el Institut de Recerca SJD, Judith Usall i Rodié y Regina Vila Badia.
El 30,6% de los jóvenes estudiantes de Cataluña han tenido pensamientos suicidas
Según sus datos, el 30,6% de los jóvenes estudiantes de Cataluña han tenido pensamientos suicidas, el 25,9% se han autolesionado y el 10,6% han intentado suicidarse.
Las cifras son altas, pero no todas las personas están en la misma situación
Datos preocupantes
El trabajo se llevó a cabo durante 2024 y 2025 a partir de un cuestionario digital en el que participaron 3.159 jóvenes estudiantes de bachillerato, formación profesional, escuelas de adultos y universidades de entre 16 y 22 años.
Vila Badia habla de los datos sin intentar maquillarlos. “Son altos”, reconoce. Pero enseguida introduce un matiz importante: preguntar si alguien ha pensado alguna vez en suicidarse no significa que todas esas personas estén en la misma situación. Algunas lo han pensado de forma puntual y lo han descartado rápidamente; otras han tenido una ideación repetida; otras han llegado a intentarlo. Aun así, insiste, el dato no debe relativizarse hasta vaciarlo de sentido. “El hecho de pensarlo es que estás mal y que hay un malestar”, explica.
Lo que nadie sabe
Si hay algo que ha impactado especialmente a Vila Badia no es solo la prevalencia del malestar, sino el silencio que lo rodea. “Lo peor para mí es que, en muchos casos, nadie es consciente”, explica. “Personas jóvenes que han intentado suicidarse y que no se lo han contado a nadie. Ni a su familia, ni a sus amigos, ni a sus profesores. En algunos casos, la entrevista de la investigación era la primera vez que lo decían en voz alta”.
La investigadora señala que no basta con tener recursos si la persona que los necesita no siente que puede hablar: “Esto para mí es lo más triste, porque quiere decir que no tienes un círculo de confianza para poder contarlo y, por tanto, tampoco puede haber prevención”.
El acoso escolar como una herida evitable
El estudio del Observatorio Social recoge los factores más relevantes de las circunstancias que pueden haber afectado al bienestar de estos jóvenes: “Un 31,5% de los jóvenes encuestados han sufrido acoso escolar, el 31,1% la separación de sus progenitores y el 20,4% han sido expuestos a violencia en relaciones de pareja”. Además, “también han podido influir situaciones familiares difíciles de gestionar, como dificultades económicas en el entorno familiar (19,2%) o la pérdida de un familiar de primer grado (10,1%)”.
“Yo diría que en casi un 80% de las personas que he entrevistado un motivo es el acoso escolar”, explica Vila Badia. “Que es muy triste, porque es algo que se puede prevenir”.
Chicas, chicos y formas distintas de expresar el malestar
El estudio también confirma diferencias importantes por género. Las chicas presentan niveles más altos de ideación suicida, autolesiones, ansiedad, depresión, impulsividad y sensación de soledad. Según los resultados difundidos por la Fundación “la Caixa”, tanto la ideación suicida como la autolesión son entre un 10% y un 19% superiores en mujeres que en hombres.
Las razones, según las investigadoras, no pueden reducirse a una sola causa: “La mujer es mucho más vulnerable; aunque hayan mejorado las cosas, aún son es más probable que sufran violaciones o violencia por parte de su pareja”. Y hay también factores educativos: “A las mujeres se nos ha enseñado que podemos llorar más, expresar más nuestros sentimientos, por eso también somos más conscientes de cómo nos sentimos”, apunta.
Redes sociales: no demonizarlas, pero tampoco mirar hacia otro lado
El estudio no observa una relación directa entre el uso de redes sociales y el malestar emocional, sino un efecto de refuerzo cuando ese malestar ya está presente. “Las redes sociales por sí solas no serían problemáticas. El problema es cuando estamos mal y hacemos un mal uso de ellas”, explica.
Pero también pueden ser beneficiosas: “Hay gente que se siente sola por sus aficiones. Por ejemplo, alguien a quien le gusta dibujar manga. Tener a alguien en las redes que te diga que has mejorado, que un dibujo es bueno, que tiene tu misma afición, es un buen uso de las redes sociales. Sobre todo, si en tu círculo social no se valora”.
Pero todo en su justa medida: “El tiempo de uso es clave. Si una persona va a jugar al fútbol el sábado por la mañana, queda con sus amigos por la tarde y el domingo por la tarde está un rato con el móvil, pues tampoco es malo. El problema es cuando dejas de hacer actividades”.
La prevención empieza antes del hospital
En términos de prevención, Vila Badia destaca la importancia de la familia: “Tener un entorno que te cuide, en el que puedas decir que no te sientes bien, que te puedan ayudar, que te animen a ser una persona resiliente”. Pero ese apoyo no basta. “Son una generación muy conectada, pero por otro lado se sienten muy solos”.
“Una cosa que puede prevenir el suicidio es sentir que la persona aporta algo a la comunidad, que sirve para algo, que forma parte de un grupo”, afirma.
De hecho, el estudio del Observatorio Social identifica el apoyo social y la resiliencia como factores protectores. El apoyo social es significativamente inferior entre los jóvenes que han tenido ideación suicida o han intentado suicidarse, un 11% y un 17% menor respectivamente. La resiliencia también es más baja entre quienes presentan pensamientos o intentos de suicidio.
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