No se trata de ir por la vida como Greta Thunberg, ni de volverse loco. Pero está claro que puedes viajar de forma responsable y sostenible estas vacaciones. Sin renunciar a todo lo cómodo, sin cargar con una cantimplora de acero como símbolo moral y sin que cada decisión sea un examen de conciencia. Pero sí que puedes mirar un poco mejor el impacto del viaje que vayas a hacer y tomar decisiones más conscientes sin dejar de disfrutar.
Puedes viajar de forma sostenible sin que cada decisión sea un examen de conciencia
La Organización Mundial del Turismo, hoy ONU Turismo, define el turismo sostenible como “aquel que tiene plenamente en cuenta sus impactos económicos, sociales y ambientales actuales y futuros, atendiendo las necesidades de los visitantes, la industria, el entorno y las comunidades anfitrionas”. Así que, no es una etiqueta para alojamientos rurales con encanto ni una moda para viajeros muy concienciados. Es una forma de pensar cualquier viaje: una escapada urbana, unas vacaciones de playa, una ruta en coche o unos días en un pueblo.
La institución trata de promover un turismo “responsable, sostenible y universalmente accesible”. Es decir, aparte de contaminar menos, viajar mejor implica respetar los lugares, beneficiar a quienes viven allí y no convertir el descanso propio en una carga para otros.
El primer paso: un transporte más ecológico
La decisión más importante de muchas vacaciones se toma antes de hacer la maleta: cómo llegar. El transporte es uno de los grandes focos de emisiones en Europa. La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que fue responsable de alrededor de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE en 2023, y que el transporte por carretera representó casi el 73% de ellas.
Pero la realidad es que no siempre puedes ir en tren, no todos los destinos están bien conectados y no todas las familias pueden organizarse igual. Aun así, conviene hacerse algunas preguntas antes de reservar: ¿puedo llegar en tren o autobús?, ¿compensa alquilar coche solo algunos días en lugar de toda la estancia?, ¿tiene sentido hacer una escapada más cercana?, ¿puedo quedarme más días en un mismo lugar en vez de encadenar desplazamientos?
A veces, la opción sostenible es la más lógica: elegir un destino al que se llegue bien, no cambiar de alojamiento cada noche y evitar vuelos internos o trayectos innecesarios si hay alternativas razonables.
Las fotos siempre son bonitas: alojarse de manera responsable
El alojamiento también cuenta. En las webs y las aplicaciones de búsqueda de hoteles y pisos, las fotos siempre te van a mostrar su mejor cara. Pero fíjate también en detalles sobre su sostenibilidad. Por ejemplo, si vas a poder desplazarte a los lugares que te interesen andando o en bici, es mejor opción que si tienes que coger el coche para todo.
En el caso de los hoteles los grandes sellos ambientales pueden ser una buena pista. Pero tienes que tener en cuenta aspectos como la eficiencia energética, gestión del agua, reducción de plásticos, integración con la comunidad local, accesibilidad, transporte público cercano y políticas claras de limpieza y residuos.
El turismo sostenible, según ONU Turismo, no se limita al medio ambiente: también incluye los aspectos económicos y socioculturales del destino. Por eso, alojarse de forma responsable significa apagar el aire acondicionado al salir, pero también implica preguntarse si el alojamiento contribuye al territorio o si forma parte de un modelo que expulsa a quienes viven allí.
Productos que de verdad son locales
Comprar productos locales se ha convertido en una frase muy repetida, pero sigue siendo una de las formas más sencillas de mejorar el impacto de un viaje. Comer en pequeños restaurantes, comprar en mercados, elegir productos de temporada o contratar guías locales puede hacer que una parte mayor del gasto se quede en el territorio.
ONU Turismo insiste en que el turismo sostenible debe atender a las necesidades de las comunidades anfitrionas, no solo a las del visitante. O sea, se trata de entender que el destino no existe para decorar nuestras vacaciones. Hay personas que viven allí, trabajan allí y sostienen ese lugar
Residuos y consumo de agua
Las vacaciones suelen romper rutinas, también las buenas. Compramos más botellas de plástico y envases de un solo uso, cambiamos toallas a diario, dejamos luces encendidas o pedimos comida para llevar sin pensar demasiado. No siempre por despreocupación, sino por comodidad, prisa o desconocimiento.
La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que algunas formas de turismo y ocio pueden provocar destrucción de hábitats, degradación de paisajes y competencia por recursos escasos como el agua, la energía o el tratamiento de residuos. Esta advertencia es especialmente importante en destinos que sufren sequía, islas, zonas costeras o espacios naturales.
Hay gestos muy simples: llevar una botella reutilizable cuando el agua sea potable, reutilizar toallas, evitar artículos innecesarios, llevar una bolsa plegable, no dejar basura en playas o senderos, separar residuos cuando sea posible y no pedir cambios de sábanas diarios si no hacen falta.
También conviene pensar en el agua. Duchas más cortas, no dejar grifos abiertos, respetar restricciones locales y evitar actividades que consuman grandes cantidades en zonas con estrés hídrico son formas sencillas de viajar con más respeto.
Naturaleza, patrimonio y vida cotidiana
El turismo sostenible no termina en la huella de carbono. También tiene que ver con cómo nos comportamos en el destino. En espacios naturales, esto significa no salirse de senderos señalizados, no alimentar animales, no llevarse piedras, plantas o conchas de zonas protegidas, no hacer ruido excesivo y respetar aforos o restricciones. En ciudades, significa no invadir portales, no bloquear calles estrechas, no convertir cada rincón en un decorado para fotos y recordar que hay vecinos.
ONU Turismo cuenta con recomendaciones para el viajero responsable inspiradas en el Código Ético Mundial para el Turismo, concebido como marco de referencia para un turismo responsable y sostenible. Detrás de esas recomendaciones hay una idea muy sencilla: viajar no nos exime de comportarnos con cuidado.
Ten en cuenta que una playa, un casco histórico, un parque natural o un pueblo de montaña no tienen capacidad ilimitada. Elige horarios menos masificados, visita lugares alternativos, respeta las normas locales y no trates cada destino como una lista de “imprescindibles”. Vas a disfrutarlo con más comodidad y vas a reducir la presión sobre esos lugares.
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