Del agua a la energía: las soluciones que ayudan a España a prepararse frente al cambio climático
La regeneración del agua, el aprovechamiento de recursos y las infraestructuras resilientes cobran protagonismo ante los desafíos climáticos.
El cambio climático ya no es una amenaza lejana. Sus consecuencias se dejan sentir en forma de sequías cada vez más prolongadas, episodios meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y una creciente presión sobre los recursos naturales. En España, donde el agua constituye uno de los principales desafíos ambientales, garantizar el suministro de recursos esenciales se ha convertido en una prioridad para las próximas décadas.
La situación plantea una pregunta fundamental: ¿cómo asegurar que hogares, hospitales, industrias y explotaciones agrícolas sigan disponiendo de agua y energía incluso en circunstancias adversas? La respuesta pasa por adaptar las infraestructuras, aprovechar mejor los recursos disponibles y avanzar hacia modelos de producción y consumo más sostenibles.
Con motivo del Día Internacional contra el Cambio Climático, que se celebra cada 24 de octubre, esta reflexión adquiere especial relevancia. Compañías como Veolia, especializada en la transformación ecológica y con más de 18.000 profesionales en España, trabajan en soluciones relacionadas con el agua, la energía y los residuos para contribuir a la descarbonización, la descontaminación y la regeneración de los recursos naturales.
La seguridad ambiental, un desafío que afecta a todos
Disponer de agua potable, energía o sistemas adecuados de tratamiento de residuos puede parecer algo garantizado en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, detrás de estos servicios existe una compleja red de infraestructuras cuyo funcionamiento resulta imprescindible para el bienestar de la población y el desarrollo económico.
El cambio climático pone a prueba esa capacidad de respuesta. La disminución prevista de los recursos hídricos convencionales en España, unida al aumento de la demanda por factores demográficos, turísticos e industriales, obliga a buscar alternativas que permitan mantener los suministros incluso en situaciones de escasez.
En este escenario cobra importancia el concepto de seguridad ambiental, entendido como la capacidad de garantizar la disponibilidad continua y fiable de los recursos y servicios esenciales. Una cuestión que va mucho más allá del medioambiente y que está directamente relacionada con la salud pública, la producción de alimentos y el funcionamiento de las ciudades. Para avanzar en esta dirección, resulta necesario desarrollar infraestructuras más resilientes, capaces de adaptarse a las características de cada territorio y responder ante fenómenos extremos. La eficiencia, la flexibilidad y la anticipación de riesgos se convierten así en elementos fundamentales para proteger tanto los recursos naturales como la actividad económica.
Dar una segunda vida al agua para hacer frente a la escasez
Uno de los grandes retos de la adaptación climática consiste en aprovechar al máximo un recurso tan valioso como el agua. Tradicionalmente, las estaciones depuradoras se han centrado en tratar las aguas residuales antes de devolverlas al medio. Sin embargo, los avances tecnológicos permiten transformar estas instalaciones en espacios capaces de recuperar recursos y generar nuevas oportunidades.
Dar una segunda vida al agua permite reducir la presión sobre los recursos naturales y reforzar la seguridad hídrica ante futuros episodios de sequía
Es el modelo de las ecofactorías, por el que apuesta Veolia para evolucionar desde la depuración convencional hacia un sistema basado en la economía circular. En estas instalaciones, el agua tratada puede regenerarse para destinarla a nuevos usos agrícolas, urbanos o industriales, reduciendo la presión sobre las fuentes convencionales.
La compañía, que actualmente regenera más del 15% del agua que trata en España, también impulsa la transformación de residuos en productos aprovechables, como fertilizantes, y la producción de energía renovable para avanzar hacia la autosuficiencia de las instalaciones.
Además, estas infraestructuras incorporan herramientas digitales, sensores en tiempo real y modelos predictivos que permiten anticipar riesgos, optimizar su funcionamiento y reducir su impacto sobre el entorno.

Un ejemplo se encuentra en la ecofactoría de Gavà-Viladecans, en Barcelona, donde el agua regenerada se utiliza para el riego de cultivos y contribuye a preservar el equilibrio ambiental del parque agrario y las reservas naturales del delta del Llobregat.

Por su parte, la ecofactoría de Palencia combina sistemas de cogeneración y energía fotovoltaica para favorecer la autosuficiencia energética, garantizar la calidad del agua tratada que se devuelve al medio y mejorar su integración ambiental. Ambos proyectos reflejan cómo las instalaciones vinculadas al ciclo del agua pueden convertirse en herramientas para afrontar la escasez de recursos y proteger los ecosistemas.
Aprovechar la energía que ya existe para reducir las emisiones
La adaptación al cambio climático debe ir acompañada de una reducción de las emisiones responsables del calentamiento global. En este ámbito, la eficiencia energética y el aprovechamiento de fuentes locales desempeñan un papel cada vez más importante.
La transición energética requiere identificar recursos existentes y aprovecharlos de forma más eficiente
Una de las alternativas consiste en recuperar energía que, de otro modo, se desperdiciaría. Es lo que ocurre con Ecoenergies Barcelona, un proyecto desarrollado por Veolia junto al Ayuntamiento de Barcelona, a través de Barcelona de Serveis Municipals (BSM).
Esta iniciativa aprovecha energía residual para suministrar calefacción, refrigeración industrial, climatización y agua caliente sanitaria a edificios de Barcelona y L'Hospitalet de Llobregat.
El proyecto demuestra que la transición energética no depende exclusivamente de construir nuevas instalaciones de generación, sino también de identificar recursos energéticos existentes y aprovecharlos de forma más eficiente.
De los residuos forestales a una energía que también ayuda a prevenir incendios
Los bosques también desempeñan un papel esencial frente al cambio climático. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y los periodos de sequía incrementan la importancia de una gestión forestal adecuada, especialmente en territorios expuestos al riesgo de incendios.
En este contexto, la biomasa ofrece una alternativa que combina la producción de energía renovable con el aprovechamiento de residuos procedentes de actividades forestales, agrícolas y de podas urbanas.
Veolia desarrolla esta actividad mediante un modelo que integra toda la cadena de suministro, desde la gestión del recurso forestal hasta su utilización en instalaciones energéticas. Según los datos facilitados por la compañía, gestiona más de 250.000 toneladas de biomasa al año con certificación SURE. Este aprovechamiento permite dar valor a materiales que, de otro modo, podrían quedar sin utilizar, al tiempo que contribuye a las labores de conservación forestal y a la reducción de combustible vegetal disponible para los incendios.
La energía que se esconde bajo nuestros pies
No todas las soluciones energéticas son visibles. Algunas se encuentran bajo la superficie terrestre y pueden aprovecharse de manera constante, independientemente de las condiciones meteorológicas.
Es el caso de la geotermia, una tecnología que utiliza el calor natural del subsuelo para proporcionar calefacción, refrigeración y agua caliente. A diferencia de otras fuentes renovables cuya producción depende del sol o del viento, este recurso puede estar disponible durante las 24 horas del día y los 365 días del año.
Las soluciones geotérmicas de Veolia contribuyeron en 2025 a evitar más de 800 toneladas de emisiones de CO₂, una cantidad que la compañía equipara a la absorción anual de aproximadamente 42.000 árboles. La geotermia constituye así otra de las alternativas para diversificar las fuentes de energía, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia sistemas energéticos más sostenibles.
Prepararse hoy para los desafíos climáticos de mañana
El Día Internacional contra el Cambio Climático es una oportunidad para recordar que la respuesta a este desafío requiere actuar en distintos ámbitos de manera simultánea. Reducir las emisiones resulta imprescindible, pero también lo es preparar las ciudades, las industrias y los servicios esenciales para convivir con unas condiciones ambientales cada vez más exigentes.
Combatir el cambio climático también significa preparar las ciudades y los territorios para garantizar los recursos esenciales de las próximas generaciones
Regenerar el agua, recuperar energía residual, aprovechar la biomasa o utilizar el calor del subsuelo son ejemplos de cómo la innovación puede traducirse en soluciones concretas para mejorar la gestión de los recursos.
El reto consiste en extender estas prácticas, adaptar las infraestructuras a las necesidades de cada territorio y avanzar hacia un modelo que no solo consuma menos recursos, sino que también sea capaz de recuperarlos y devolverles valor.
Porque hacer frente al cambio climático no significa únicamente reducir nuestro impacto sobre el planeta, sino también garantizar que los recursos esenciales sigan estando disponibles para las generaciones presentes y futuras.