Desarrollado por el estudio de nueva creación ZDT Studio, bajo el amparo de Konami, ‘Darwin's Paradox!’ ya está disponible para PC, Xbox Series X|S, Switch 2 y PS5, que además es la plataforma en la que lo he probado. ¿Qué sensaciones deja? Pues es justo el tipo de juego que te hace desear una secuela. Este joven estudio ha logrado un gran resultado con su planteamiento artístico, un protagonista genuinamente encantador y una propuesta de diseño que utiliza la biología real de un pulpo como sistema de juego.

¿Por dónde empezamos? Pues entre los cálidos mares de este plataformas de puzles en 2.5D en el que controlas a Darwin, un pulpo azul inteligente y muy expresivo que ha sido capturado por una megacorporación llamada UFOOD Inc., cuyo plan para dominar el mundo forma parte de una conspiración alienígena. Por suerte, los responsables de esta conspiración son extraterrestres disfrazados con trajes humanos ridículamente mal hechos.

Buscando a Darwin

Uno de los primeros aciertos de ‘Darwin's Paradox!’ está en su manera de contar las cosas. La premisa es completamente absurda, y el juego lo sabe, lo abraza y usa ese lado tan delirante como combustible para crear una experiencia que es a la vez tensa, divertida y genuinamente emotiva. Darwin no es un héroe, es un pulpo que quiere encontrar a su amigo y volver a casa cuando se topa con la conspiración alienígena.

La comparación con ‘Buscando a Nemo’ es inevitable. Una criatura marina capturada contra su voluntad que necesita escapar de un entorno industrial hostil. Pero mientras que el pescadito de Pixar contaba con el apoyo de su padre desde fuera, Darwin es completamente autosuficiente. Sus herramientas de supervivencia provienen directamente de la biología real de los pulpos, como camuflaje, tinta y la capacidad de adherirse a cualquier superficie. El juego trata el control de un cefalópodo como un sistema de diseño genuino, no como un recurso puntual.

A modo de superproducción

El apartado artístico es impresionante. Creado con Unreal Engine 5, el juego posee esa calidad de cortometraje animado de alto presupuesto que invita a detenerse y contemplar las texturas y detalles de los entornos. La animación del propio Darwin es una maravilla, con unos tentáculos que reaccionan a las superficies como lo haría un pulpo real. Eso además influye en la mecánica del juego, algo poco común cuando la presentación y el diseño están tan bien integrados con un tono perfectamente equilibrado entre humor, emoción y tensión. Además, hay que subrayar la calidad de las secuencias cinemáticas entre niveles y su integración con el resto de la aventura.

Un nuevo amigo bajo el mar

El conjunto de movimientos de Darwin se basa en tres habilidades principales que aumentan en complejidad a medida que avanza el juego. La primera es la escalada de superficies, ya que nuestro cefalópodo con ojazos puede adherirse a paredes, techos y prácticamente cualquier parte del escenario, transformando el diseño de niveles en un ejercicio tridimensional, incluso en un juego que se desarrolla en un plano 2D. Constantemente te orientas por el entorno de una manera diferente porque "caminar por el techo" es una opción viable y, a menudo, necesaria.

La segunda habilidad es el camuflaje. Al mantener pulsado un botón, Darwin adopta los colores y texturas de la superficie sobre la que se encuentra, volviéndose prácticamente invisible para los enemigos que no reparan en su presencia. Visualmente, es un efecto impresionante, sobre todo cuando se camufla sobre superficies naturales. Eso sí, siempre hay limitaciones, porque no puede moverse mientras está en este estado, lo que plantea un reto de sincronización y posicionamiento que resulta realmente gratificante cuando se ejecuta correctamente.

La tercera es la tinta, que comienza como recurso para escapar en el agua y más tarde adquiere funciones adicionales en tierra, como activar interruptores a distancia, desactivar cámaras de seguridad o distraer a los guardias. Es una especie de herramienta multiusos que invita a buscar salidas de forma creativa en lugar de ejecutar repetidamente soluciones mecánicas, aprovechando un diseño de niveles que saca partido a la capacidad de escalar cualquier superficie.

Sobre esa base, la aventura alterna con naturalidad entre segmentos terrestres y submarinos, aunque la transición entre ambos modos cambia radicalmente la dinámica del juego. En tierra, Darwin es vulnerable y predominan el sigilo y las plataformas de precisión. Bajo el agua, el planteamiento se inclina hacia una exploración más libre y la resolución de puzles más tranquila.

Las referencias que Konami no podía dejar pasar

Al tratarse de un nuevo título de Konami, no podían faltar las referencias a ‘Metal Gear Solid. De forma evidente y totalmente deliberada, los guardias robóticos del juego muestran el icónico signo de exclamación rojo cuando te detectan e igual que en ‘MGS’, Darwin se esconde en cajas de cartón. Pero no hay que temer, porque están integradas con cuidado e inteligencia.

Sobre esa base se alterna con naturalidad entre segmentos terrestres y submarinos, aunque la transición entre ambos modos cambia radicalmente la dinámica del juego. En tierra, Darwin es vulnerable y se aplica una orientación más basada en el sigilo y las plataformas de precisión. Bajo el agua, el planteamiento se inclina hacia una exploración más libre y la resolución de puzles más tranquila.

Conclusiones

Con un reparto reducido y un pulpo al que apetece seguir viendo en futuras aventuras, ‘Darwin's Paradox!’ se sitúa entre los plataformas más llamativos de 2026. Konami ha acertado al apostar por este juego, porque Darwin funciona muy bien como protagonista desde el primer minuto, con animaciones que convierten su biología real en mecánicas de juego, todo ello sostenido por una dirección artística muy cuidada y un diseño de niveles notable.

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