El Regate

Wembanyama pone un límite en una NBA cada vez más cerca de las apuestas

El francés se niega a promocionar casas de apuestas mientras la NBA ha convertido el juego en uno de sus grandes negocios comerciales y varios de sus principales jugadores ya están vinculados

Victor Wembayama durante el Media Day| @Spurs
Victor Wembayama durante el Media Day| @Spurs

Victor Wembanyama ha decidido marcar una frontera. Preguntado por la posibilidad de firmar un acuerdo con una casa de apuestas o un mercado de predicción, el jugador de los San Antonio Spurs fue tajante: “Absolutamente no. Jamás lo haré”. El francés añadió que le parece “muy triste” ver a otros jugadores promocionando este tipo de compañías y explicó que ahora el dinero ya no es el criterio principal a la hora de elegir sus patrocinadores.

La declaración llega en un momento especialmente significativo para la NBA. La liga estadounidense ha pasado en pocos años de mantener una distancia histórica con el juego a integrar las apuestas en buena parte de su ecosistema comercial. DraftKings y FanDuel son socios oficiales de apuestas, mientras la competición cuenta además con operadores autorizados en Estados Unidos y acuerdos internacionales en numerosos mercados, entre ellos España. Wembanyama, por tanto, no está rechazando una industria ajena al baloncesto. Está rechazando una parte cada vez más importante del negocio que rodea a su propia competición.

De enemigo histórico a socio comercial

El cambio de la NBA ha sido profundo. En 2018, después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos anulase la norma federal que impedía en la práctica la expansión de las apuestas deportivas estatales, la liga comenzó a construir relaciones comerciales con el sector. Ese mismo año firmó con MGM Resorts su primer gran acuerdo con un operador de apuestas y posteriormente amplió sus alianzas con FanDuel, DraftKings y otros actores.

La lógica era sencilla. Si millones de aficionados iban a apostar sobre los partidos, la NBA quería estar dentro del negocio en lugar de observarlo desde fuera. La liga empezó a proporcionar datos oficiales, derechos sobre sus marcas y contenidos específicos para las plataformas de apuestas. En 2021 convirtió a DraftKings y FanDuel en socios oficiales de apuestas deportivas, consolidando una relación que había comenzado unos años antes.

El siguiente paso fue todavía más significativo: integrar las apuestas dentro de la propia experiencia de consumo. En 2024 ya se trabajaba con la posibilidad de que los espectadores pudieran consultar cuotas en tiempo real y acceder desde el ecosistema del League Pass a plataformas de apuestas. La idea expresada entonces por la propia NBA era unir “la experiencia de apostar y ver partidos” para aumentar el engagement. El espectador ya no solo mira un partido. Puede estar mirando el partido y apostando sobre lo que sucederá en la siguiente posesión.

Las estrellas también han entrado en el negocio

Ahí es donde la frase de Wembanyama adquiere una dimensión mayor. Porque el sector no se ha quedado en los contratos entre la NBA y las casas de apuestas. También ha llegado directamente a las estrellas. Giannis Antetokounmpo fue embajador global de Betano y en 2026 se convirtió además en accionista de Kalshi, una plataforma de mercados de predicción. Kevin Durant mantiene una relación comercial con FanDuel y ha invertido en compañías vinculadas al ecosistema de las apuestas. LeBron James, que anteriormente había trabajado con DraftKings, se incorporó este año a una campaña de Polymarket. Y Nikola Jokić es embajador de Superbet en Serbia desde 2023.

Los mercados de predicción han añadido además una nueva capa a la relación entre estrellas y apuestas. En lugar de limitarse al resultado de un encuentro, permiten especular sobre traspasos, premios individuales o acontecimientos deportivos. Durante el pasado mercado de fichajes, por ejemplo, el posible futuro de Giannis llegó a generar más de 23 millones de dólares de volumen en un contrato de predicción de Kalshi antes de que se anunciara que continuaría en Milwaukee.

La normativa de la NBA permite este tipo de acuerdos con restricciones. Los jugadores pueden promocionar operadores o mantener determinadas participaciones pasivas, pero no pueden promover apuestas relacionadas específicamente con mercados de la NBA en los términos establecidos por el convenio colectivo. Eso explica la contradicción. Una liga que protege su integridad permitiendo que sus principales protagonistas se conviertan en embajadores del negocio de las apuestas.

El problema deja de ser económico cuando llega a la pista

En 2024, J.B. Bickerstaff contó que había recibido amenazas de apostadores que incluso conocían datos personales relacionados con su familia. El entrenador de Cleveland explicó que las apuestas introducían una presión añadida sobre jugadores, técnicos y árbitros. Rudy Gobert, por su parte, fue multado con 100.000 dólares después de denunciar que las apuestas estaban dañando el baloncesto. Tyrese Haliburton también habló públicamente del problema de sentirse reducido a ser una pieza para generar dinero en las plataformas de apuestas.

Un año después, la preocupación adquirió una dimensión todavía mayor. La explosión de las investigaciones federales sobre apuestas ilegales alrededor de la NBA en 2025 volvió a colocar sobre la mesa el riesgo de que determinadas modalidades, especialmente las relacionadas con estadísticas individuales, puedan convertirse en un punto de presión sobre los protagonistas. El caso de Jontay Porter, expulsado de por vida de la NBA, ya había demostrado hasta dónde podía llegar ese riesgo.

Y no ocurre únicamente entre profesionales. La NCAA ha encontrado que el 46% de los jugadores de baloncesto masculino de División I encuestados había recibido mensajes negativos o amenazantes de personas que habían apostado sobre sus partidos. El 36% aseguró haber sufrido abuso en redes sociales relacionado con las apuestas durante el último año.

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Etiquetas Deportes Baloncesto