El Manchester City que hoy forma parte natural de la aristocracia europea apenas existía como tal cuando Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan aterrizó en el club en 2008. Había historia, afición y una Premier League detrás, pero todavía no una estructura capaz de discutir de forma sostenida el poder de Manchester United, Chelsea, Arsenal o los grandes clubes del continente. Lo que vino después fue una transformación a una velocidad desconocida en el fútbol inglés, levantada sobre dinero, fichajes, entrenadores de primer nivel, nuevos patrocinios y una ambición que desbordó muy pronto el marco local.
Ahora, buena parte de aquel periodo ha vuelto al centro de la escena. La comisión independiente que ha juzgado el caso del City considera probado que el club incumplió las reglas financieras de la Premier durante las temporadas comprendidas entre 2009-10 y 2017-18, alterando en más de 1.050 millones de euros la imagen de sus ingresos y costes. El Manchester City lo niega y ha anunciado que recurrirá.
El fallo no borra automáticamente resultados ni reescribe clasificaciones, y tampoco se conoce todavía la sanción. Pero sí obliga a mirar de nuevo hacia los años en los que se construyó el City moderno, porque el periodo bajo escrutinio coincide casi exactamente con el momento en el que el club dejó de ser un aspirante enriquecido para convertirse en una potencia.
De Robinho a Agüero: el mercado que cambió al City
El cambio comenzó apenas aterrizó el Abu Dhabi United Group. Sheikh Mansour, miembro de la familia gobernante de Abu Dabi, se hizo con el control del club en 2008 y completó la adquisición del 100% de las acciones un año después. Para entonces ya había quedado claro que aquello no iba a ser una inversión discreta. El primer golpe simbólico fue Robinho, fichado al Real Madrid en septiembre de 2008, pero aquello apenas abrió la puerta.
En los dos años posteriores llegaron Carlos Tévez, Emmanuel Adebayor, Kolo Touré, Gareth Barry, Joleon Lescott, Yaya Touré, David Silva, Mario Balotelli, James Milner, Aleksandar Kolarov y Edin Dzeko, entre otros. Solo durante el ejercicio 2010-11, el City desembolsó alrededor de 183 millones de euros en Boateng, Dzeko, Silva, Touré, Kolarov, Balotelli y Milner. David Silva rondó los 30 millones de euros, Yaya Touré los 28 millones, James Milner otros 30 millones y Edin Dzeko aproximadamente 31,5 millones.
El verano siguiente llegó la pieza que acabaría simbolizando aquella etapa. Sergio Agüero costó inicialmente unos 41 millones de euros al Atlético de Madrid, con variables que podían elevar ligeramente la operación. Menos de un año después, el argentino marcaría el gol más importante de la historia reciente del club, el 3-2 ante el Queens Park Rangers en el minuto 93 que entregó al City su primera liga inglesa desde 1968.
Aquel “Agüerooooo” terminó convirtiéndose en la imagen perfecta del nuevo City. No solo porque decidió un título imposible, sino porque condensó en unos segundos todo lo que el club llevaba años construyendo a base de inversión, talento y una escalada deportiva que parecía no tener techo.
Más de 1.100 millones para cambiar de escala
Las cifras ayudan a entender la dimensión del salto. Las cuentas correspondientes a 2012-13 mostraban que Sheikh Mansour había aportado cerca de 1.167 millones de euros al Manchester City en apenas cinco años. En ese mismo periodo, el club había gastado unos 831 millones de euros únicamente en traspasos, con un gasto neto próximo a los 679 millones después de ventas.
El City también llegó a registrar unas pérdidas de unos 230 millones de euros en un solo ejercicio, entonces las mayores conocidas en el fútbol inglés. Su masa salarial rondaba los 203 millones de euros, por encima incluso de todos los ingresos del club en aquel momento.
Con el paso de los años, esas pérdidas fueron reduciéndose mientras crecían los ingresos comerciales. Y es precisamente ahí donde entra ahora la resolución conocida este martes. Según la comisión independiente, algunos de aquellos acuerdos comerciales no reflejaban el origen real de todo el dinero declarado. Parte de determinados patrocinios habría sido financiada por el propio entorno del propietario, mientras las cuentas los presentaban como ingresos comerciales ordinarios.
La investigación sitúa el impacto conjunto de estos mecanismos, incluyendo ingresos inflados y costes ocultados, por encima de 1.050 millones de euros entre 2009 y 2018. El City rechaza esa conclusión. Su consejero delegado, Ferran Soriano, sostiene que existen documentos bancarios y testimonios que demostrarían que los patrocinadores pagaron realmente sus acuerdos y ha acusado a la Premier de construir una “teoría de la conspiración”.
Del mercado al césped: así nació un campeón
La inversión acabó convirtiéndose en resultados. Primero llegó Roberto Mancini. En 2011, Yaya Touré marcó el gol que permitió al City ganar la FA Cup frente al Stoke, poniendo fin a 35 años sin grandes títulos. Un año después llegó aquella Premier decidida por Agüero. Para entonces el equipo ya tenía una columna vertebral reconocible: Joe Hart, Vincent Kompany, Pablo Zabaleta, Yaya Touré, David Silva, Carlos Tévez y Sergio Agüero.
Manuel Pellegrini continuó el proceso. En 2013-14, el City volvió a conquistar la Premier y añadió también la Copa de la Liga. Más tarde llegaría Pep Guardiola, cuya contratación en 2016 fue el último gran salto para convertir una acumulación de recursos en un proyecto deportivo dominante.
En su segunda temporada, 2017-18, el City alcanzó los 100 puntos, una cifra inédita hasta entonces en la Premier League, y ganó el campeonato con 19 puntos de ventaja sobre el Manchester United. Aquella temporada también está incluida dentro del periodo examinado por la comisión. Entre 2009-10 y 2017-18, el City levantó tres Premier League —2011-12, 2013-14 y 2017-18—, una FA Cup y tres Copas de la Liga, además de otros títulos menores.
Es decir, el periodo financiero ahora cuestionado por la comisión coincide prácticamente con el nacimiento deportivo del Manchester City que conocemos hoy. Ahí está el punto más delicado del caso: no se trata solo de una discusión contable, sino de revisar el andamiaje económico sobre el que se levantó una de las eras más influyentes del fútbol inglés reciente.
Abu Dabi abrió una puerta que después cruzaron Qatar y Arabia Saudí
La historia del Manchester City no se entiende sin Abu Dabi. Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan, miembro de la familia gobernante del emirato, tomó el control del club en 2008 a través de Abu Dhabi United Group y puso en marcha una transformación que desbordó pronto los límites del fútbol. Manchester dejó de ser únicamente un destino para grandes fichajes y pasó a formar parte de una estrategia económica, comercial y de proyección internacional mucho más amplia.
Ahí está una de las claves para entender por qué el caso del City trasciende sus propias cuentas. La comisión independiente considera probado que parte de determinados ingresos comerciales declarados por el club no procedían íntegramente de los patrocinadores que figuraban en los contratos, sino que estaban respaldados por fondos vinculados al propietario. El impacto conjunto de los mecanismos cuestionados supera los 1.050 millones de euros durante el periodo investigado. El City niega esas conclusiones y ha anunciado que recurrirá.
Abu Dabi fue además uno de los primeros actores del Golfo en demostrar hasta dónde podía llegar este modelo dentro del fútbol europeo. El City permitió convertir una inversión gigantesca en una estructura deportiva capaz de competir de inmediato con las élites tradicionales, pero también en una plataforma global. Con el tiempo, ese proyecto desembocó en City Football Group, una red internacional de clubes con Manchester como pieza central.
El movimiento tuvo después paralelismos evidentes en otros países de la región. Qatar encontró su gran escaparate europeo en el Paris Saint-Germain, adquirido en 2011 por Qatar Sports Investments. El club parisino se convirtió desde entonces en el epicentro de uno de los proyectos más ambiciosos del fútbol continental, primero con una estrategia basada en grandes estrellas y después con una estructura más amplia que ha seguido creciendo fuera del propio fútbol. Qatar ha extendido además su presencia deportiva a la Fórmula 1, el pádel y otras grandes competiciones internacionales.
Arabia Saudí llegó más tarde a la Premier, pero lo hizo con una capacidad financiera todavía mayor. En 2021, el Public Investment Fund saudí entró en el Newcastle United como accionista mayoritario dentro del consorcio comprador. El movimiento convirtió de inmediato a otro histórico inglés en una pieza central de la estrategia deportiva saudí, aunque bajo unas reglas financieras mucho más desarrolladas que las que encontró el City cuando comenzó su transformación trece años antes.
La comparación sirve también para medir cuánto ha cambiado el fútbol desde 2008. Abu Dabi pudo acelerar la construcción de un gigante cuando las barreras financieras de la Premier y de la UEFA todavía estaban en una fase mucho más temprana. Qatar y Arabia Saudí han tenido que moverse después dentro de un escenario regulatorio más estrecho, aunque con una capacidad de inversión enorme detrás.
Eso explica por qué el caso City importa también fuera de Manchester. No se trata únicamente de decidir si un club cumplió o no unas reglas contables. También plantea hasta dónde puede llegar el dinero procedente de grandes estructuras soberanas, cómo debe contabilizarse cuando entra a través de patrocinios y qué capacidad tienen las competiciones para separar inversión comercial, propiedad y ventaja deportiva.
El City fue uno de los primeros grandes laboratorios europeos de ese nuevo mapa. Después llegaron París y Newcastle. Entre Abu Dabi, Qatar y Arabia Saudí se fue dibujando una parte importante del fútbol del siglo XXI: clubes históricos convertidos en escaparates globales, capital prácticamente ilimitado detrás y reguladores obligados a correr detrás de un modelo que avanzaba mucho más rápido que sus normas.
De un club a un imperio
La transformación tampoco terminó en Manchester. Con el tiempo, el proyecto se convirtió en City Football Group, una red internacional de clubes con presencia en distintos continentes. Manchester dejó de ser únicamente el destino del dinero de Abu Dabi y pasó a convertirse en el centro de un modelo empresarial global.
Aquella evolución difícilmente puede entenderse sin lo ocurrido durante los primeros años. En 2010, Brian Marwood, entonces responsable de fútbol del club, resumió la velocidad del proceso con una frase especialmente gráfica: el City había comprimido “diez años de trabajo en 12 o 18 meses”.
La frase adquiere ahora otro significado. La resolución de la Premier no discute que David Silva fuese extraordinario, que Agüero marcara uno de los goles más importantes de la historia del campeonato o que Guardiola construyera después uno de los equipos más dominantes del fútbol europeo. Lo que pone bajo escrutinio es el ecosistema económico que permitió llegar hasta allí.
Y por eso el caso ya no mira solo a balances y patrocinios. También obliga a volver a Robinho bajándose de un avión en 2008, a Yaya Touré llegando desde Barcelona, a Silva dejando Valencia, a Agüero cambiando Madrid por Manchester y a un club que en pocos años dejó de mirar hacia arriba para empezar a mandar. Ese salto, el que cambió para siempre el equilibrio de la Premier, es el que ahora vuelve a estar bajo la lupa.
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