Una nueva polémica gira en torno a la vestimenta de las ciclistas. Durante la cuarta etapa del Tour de Francia femenino, la Unión Ciclista Internacional (UCI) colocó varias carpas junto a la meta para realizar una serie de controles de equipamiento en la prueba de contrarreloj del pasado martes. El objetivo de dichos controles era verificar que ciclistas llevaban el llamado "sujetadores aerodinámicos", es decir, sujetadores que aprovechan más la aerodinámica y así conseguir más velocidad en distintos tramos de la carrera.

La polémica no reside en la utilización de dichos brasieres, sino en que el encargado de llevar a cabo las investigaciones era un hombre. Se hizo muy viral un vídeo de dichos controles del sitio belga HLN y desató una nueva polémica en torno a un asunto que ya venía generando tensión dentro del pelotón. La situación incomodó a las competidoras.

“Como mujer, eso me resultaría bastante intimidante"

El tramo de 21 kilómetros entre Gevrey-Chambertin y Dijon se convirtió en el epicentro de la polémica, poniendo en disputa los límites para los controles y la privacidad de la máxima autoridad del ciclismo mundial. Un hombre junto a otro harían la primera inspección y, en caso de duda, se la derivaría a la siguiente carpa donde el control lo llevaría a cabo una mujer. Como informan varios medios que estuvieron presentes, ninguna competidora pasó a la siguiente carpa.

La exciclista belga, Ine Beyen, declaró lo que muchas pensaban, pero que no se atrevían a decir en cuanto vieron al hombre fuera de la carpa: "Como mujer, eso me resultaría bastante intimidante". 

El origen de la polémica

La polémica comenzó el domingo, después de que el medio neerlandés Wielerflits informara de que varios equipos del World Tour femenino habían presentado quejas formales ante la UCI por el supuesto uso de sujetadores con relleno en las pruebas contrarreloj. Según las denuncias, algunas ciclistas estarían utilizando ese material adicional para modificar la forma del torso y reducir la resistencia aerodinámica.

La información provocó numerosas especulaciones en redes sociales y obligó al organismo internacional a reaccionar con rapidez. Durante la noche del lunes, la UCI publicó un comunicado en el que anunció que vigilaría especialmente el cumplimiento del artículo 1.3.032 de su reglamento, que impide utilizar elementos no esenciales en la vestimenta cuando estos alteren la morfología natural del ciclista.

La advertencia también se extiende al artículo 1.3.033, que prohíbe expresamente emplear tejidos texturizados, espuma, rellenos, cinta adhesiva o plástico para crear una silueta más aerodinámica en la zona del pecho. Las corredoras que infrinjan estas normas pueden ser descalificadas y recibir una multa de hasta 250 dólares.

¿Cómo funciona la trampa?

La ventaja aerodinámica que te da usar este tipo de sostenes, no es moco de pavo. En competiciones de tan alto nivel, los pequeños detalles son la diferencia entre ascender a la gloria o quedarse como una buena ciclista. El ingeniero Daan Teugels confirmó a VTM Nieuws que se había visto durante una prueba con una ciclista que usaba sujetador con relleno una ventaja de 30 segundos en un recorrido de 40 km.

Lieselot Decroix, jefa de equipo de Demi Vollering en FDJ-Suez, reconoció que su escuadra ya había experimentado con la práctica. “Todos buscamos pequeñas ventajas. Las mujeres con pechos más grandes tienen inherentemente una ventaja aerodinámica sobre las mujeres con pechos más pequeños. Si además se usa un sujetador push-up, eso supone una ventaja adicional”, reconoció.

Stijn Steels, director del AG Insurance-Soudal, fue especialmente gráfico al explicar hasta dónde podía llegar esta práctica. Recordó que, durante los Juegos Olímpicos de París 2024, cuando todavía no existía una prohibición expresa, una ciclista compitió con un volumen en el pecho claramente superior al mostrado en pruebas anteriores. “Sabemos que a veces hay un pequeño margen que se puede utilizar”, reconoció también Franck Perque, director deportivo del Tour de Francia femenino, en declaraciones a RMC.

La búsqueda de ventajas aerodinámicas no se limita al pelotón femenino. Algunos ciclistas también habían aprovechado elementos de su equipamiento para modificar la forma del torso. Remco Evenepoel, por ejemplo, llegó a colocar el transmisor de radio en la zona del pecho para cubrir el espacio vacío y mejorar la penetración del aire, una práctica que terminó siendo prohibida por la normativa.

La reacción de la Asociación de Ciclistas Profesionales (CPA) fue inmediata. Alessandra Cappellotto, presidenta de CPA Women, remitió una carta a la UCI en la que reconocía la necesidad de controlar posibles irregularidades, pero reclamaba un protocolo claro y garantías suficientes para proteger la intimidad de las corredoras. “Las inspecciones deben considerarse una parte normal de la competición y nunca convertirse en objeto de especulación mediática o controversia pública innecesaria”, defendió.

La principal preocupación reside precisamente en cómo realizar esos controles sin invadir la privacidad de las deportistas ni generar situaciones humillantes. Grace Brown, expresidenta de The Cyclists Alliance, advirtió de la dificultad de distinguir entre una modificación artificial y la propia anatomía de cada corredora, teniendo en cuenta que algunas mujeres presentan de manera natural un mayor volumen en el pecho.

En la misma línea se expresó Koen de Kort, responsable de tecnología e innovación del Lidl-Trek. A su juicio, la prohibición resulta sencilla de redactar, pero mucho más difícil de aplicar: “El problema es cómo vas a controlarlo. ¿Cómo determinas cuánto relleno necesita una mujer? Es una zona bastante gris”. El debate, por tanto, ya no gira únicamente alrededor de la aerodinámica, sino también sobre los límites de los controles y la protección de las ciclistas.

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