Durante meses, Endrick fue una promesa en pausa. Un talento precoz atrapado en la sala de espera del Real Madrid de Xabi Alonso, condenado a observar desde el banquillo cómo pasaban los partidos sin que llegara su turno. Apenas minutos, pocas oportunidades y una sensación creciente de estancamiento en un momento clave de su formación. El brasileño entendió pronto que necesitaba salir para no apagarse. Y hoy, en Lyon, su decisión empieza a parecer tan lógica como inevitable.
La cesión al Olympique de Lyon, cerrada en el mercado invernal, nació sin artificios: sin opción de compra, sin dobles lecturas y con una hoja de ruta muy concreta. Jugar, sentirse importante y regresar a Madrid convertido en el futbolista diferencial que el club blanco creyó fichar cuando apostó cerca de 70 millones de euros (entre fijo y variables) por él desde el Palmeiras. Apenas unas semanas después, el plan empieza a tomar forma con una contundencia que nadie discute.
El pasado domingo, Endrick firmó su primera gran noche europea. Tres goles ante el Metz, liderazgo absoluto y una actuación que confirmó que su irrupción en Francia no era flor de un día. El Lyon se impuso por 2-5 y el brasileño fue el eje de todo: velocidad, potencia, descaro y una voracidad que desbordó a la defensa rival desde el primer minuto. Un ‘hat-trick’ que no solo impulsó a su equipo, sino que activó todas las alarmas, en el buen sentido, en Valdebebas.
No fue una aparición aislada. Desde su llegada, Endrick ha sido decisivo en cada partido que ha disputado. Gol en su debut copero, asistencia en Liga y ahora una exhibición completa en el campeonato doméstico. En apenas tres encuentros, ya suma más goles que en buena parte de su etapa en el Real Madrid. La comparación es tan incómoda como reveladora: allí fue un proyecto contenido; en Lyon es presente inmediato.
El eje ofensivo del Lyon
La clave está en el contexto. Paulo Fonseca le ha entregado libertad, confianza y un rol adaptado a sus virtudes. No lo encorseta como un ‘9’ clásico, sino que lo libera desde banda, le permite atacar espacios y explotar su zancada. Endrick responde como mejor sabe: atacando cada balón como si fuera el último. Corre, presiona, encara y define con una mezcla de instinto y frialdad impropia de su edad.
Ante el Metz, abrió el marcador con una definición sutil tras anticiparse en el área. Antes del descanso, destrozó al rival con una arrancada desde campo propio que terminó en un mano a mano resuelto con autoridad. Y ya en la segunda mitad, completó su ‘hat-trick’ desde los once metros, asumiendo la responsabilidad sin titubeos. Incluso se quedó con la espina de un gol anulado y varias acciones más que pudieron ampliar su cuenta.
Más allá de las cifras, lo que deslumbra es la sensación de control. Endrick juega con la confianza de quien se sabe indiscutible. Cada balón que toca parece una amenaza. Sus registros físicos, técnicos y mentales hablan de un jugador que ha encontrado el escenario ideal para crecer. En Lyon, el equipo ha pasado de ser competitivo a temible en ataque. Su impacto es inmediato y estructural.
En el Real Madrid, mientras tanto, se observa el fenómeno con una mezcla de alivio y expectativa. La cesión ha confirmado lo que muchos intuían: Endrick no necesitaba menos talento alrededor, sino más minutos. El club entiende ahora que esta etapa puede ser determinante para que regrese en verano con un estatus muy distinto, más hecho, más preparado y con argumentos reales para pelear por un sitio.
El contraste con su etapa blanca es evidente. Allí apenas sumó 99 minutos en media temporada. En Lyon, ya supera los 250 y contando. Allí fue un recurso puntual. Aquí es el eje ofensivo. Y esa diferencia, en un futbolista de 19 años, lo cambia todo.
La historia aún está en sus primeras páginas, pero el mensaje es claro. Endrick ha dejado de ser una promesa en pausa para convertirse en un delantero en ebullición. El Lyon disfruta del presente. El jugador recupera sensaciones. Y el Real Madrid, desde la distancia, empieza a frotarse las manos con el proyecto de futbolista que está creciendo en Francia y que, si nada se tuerce, regresará a la capital española con números imposibles de ignorar.
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