La franjirroja, el rayito, la ilusión de un barrio que crece más allá de sus fronteras, inundando una ciudad entera y atravesando Europa por segunda vez un cuarto de siglo más tarde. Tras haber derrotado al equipo bielorruso Neman Grodno por un global de 5-0, el Rayo Vallecano volverá a ondear la 'Franja' al son de “La vida pirata” por el viejo continente después de 25 años.

“Estoy orgulloso de poder confirmar nuestra presencia en Europa. Lo hemos conseguido hoy de manera brillante, aunque nos ha costado, pero no será una excepción” aseguraba el entrenador, Iñigo Pérez, después del encuentro. Además como es tradición, se acordó de la afición, de la gente del barrio, que es por quienes se corre cada balón y se lucha cada partido: “Muy contento por la gente. Cuando los veo cantar se te pone la piel de gallina. Estoy contento por generar momentos de felicidad”.

Se trata de una familia, el ‘tú a tú’ con los jugadores, la influencia de una afición volcada con el sentimiento de su club, su barrio, la franja que ha dejado de estar presente en las camisetas pero no en los corazones, el eterno capitán, Oscar Trejo, y la pugna de una clase obrera basada en la lucha contra el racismo, la represión y el fútbol negocio.

El centrocampista de la franja, Unai López, con unas palabras emotivas agradece el cariño de los aficionados: “Sabíamos que iba a ser así. Espectacular. Una vez más muy agradecido a la afición, que no hoy, igual también cuando las cosas no nos van tan bien siempre están ahí. Desde aquí agradecerles”. “Jugar aquí para nosotros siempre es especial y esperemos que se pueda jugar aquí” ha reiterado sobre jugar en Vallecas.

Además, en cuanto a la ilusión rebosante sobre una noche histórica para el club, Unai afirmaba lo inimaginable que sería esta situación en un pasado: “Hace unos años todo era muy complicado, estábamos a otras cosas. Pero ahora tenemos un gran grupo, un gran cuerpo técnico y nos lo merecemos. El equipo se lo ha merecido durante toda la temporada pasada y hoy hemos puesto la brochita”.

Proyección europea para esta temporada

El sorteo de la Conference League que ha tenido lugar esta mañana, el Rayo Vallecano, en el bombo dos, ha resultado con el siguiente emparejamiento con la 'L' de local y la 'V' de visitante: Lech Poznan (L), Slovan Bratislava (V), Drita (L), Jagiellonia (V), Shkendija (L), Hacken (V). 

Además, el conjunto vallecano por pasar con éxito la previa de la Conference League, garantizándose de esta forma un importante impulso económico gracias al sistema de premios que reparte la UEFA en esta competición.

La confederación europea fija compensaciones por cada ronda de clasificación disputada, con cantidades que arrancan en torno a los 150.000 euros en la primera fase y que se elevan hasta los 550.000 euros en la tercera ronda. A ello se suman las bonificaciones de 175.000 euros por cada ronda previa jugada, una ayuda destinada a cubrir los costes logísticos y de desplazamiento de los clubes.

El verdadero salto económico, sin embargo, llega con el pase a la fase de liga. Solo por alcanzar esta ronda, cada equipo asegura un fijo de 3,17 millones de euros, cifra que embolsó el club franjirrojo por ganar al Neman Grodno. A partir de ahí, la UEFA premia los resultados obtenidos: 400.000 euros por cada victoria y 133.000 euros por cada empate en los seis partidos programados.

En la práctica, esto significa que el Rayo podría elevar notablemente sus ingresos en función de su rendimiento. Un escenario de tres triunfos y tres empates, por ejemplo, supondría un extra cercano a 1,6 millones de euros, que sumados al fijo garantizado dispararían la cifra por encima de los 4,7 millones.

La última aventura de la ‘Franja’

Hay historias en el fútbol que no se miden por los títulos conquistados, sino por la emoción que despiertan y la huella que dejan en quienes las vivieron. Para el Rayo Vallecano, ese capítulo dorado se escribió en la temporada 2000/01, cuando un club humilde, acostumbrado a pelear por la permanencia en la élite del fútbol español, se vio de pronto viajando por Europa y enfrentándose a rivales que jamás habrían imaginado ver desde tan cerca.

El billete llegó de manera casi insólita: la plaza de Fair Play que la UEFA otorgaba cada temporada a la liga más deportiva, y dentro de ella, al equipo con mejor comportamiento. El premio cayó en Vallecas, un barrio obrero que respiraba fútbol en cada esquina y que recibió la noticia como un regalo inesperado. Nadie en aquel momento pensaba que ese pasaporte europeo iba a convertirse en una de las páginas más gloriosas de la historia del club.

Bajo la batuta de Juande Ramos, el Rayo comenzó su andadura en la fase previa ante el modesto Constel·lació Esportiva de Andorra. Después llegaron el Molde noruego, el Viborg danés y, en una eliminatoria de prestigio, el poderoso Girondins de Burdeos. Contra todo pronóstico, el conjunto franjirrojo fue superando barreras, aupado por un grupo de futbolistas que se entregaron como si en cada partido estuvieran jugando la final de su vida.

El barrio de Vallecas vibraba con cada victoria. En el Estadio de Vallecas, pequeño pero ensordecedor, se vivieron noches mágicas en las que la grada parecía empujar a los suyos hacia un sueño imposible. Jugadores como Cota, Bolo, Onésimo, Luis Cembranos o Jon Pérez Bolo se convirtieron en héroes de un relato que desbordaba orgullo y sentimiento. Para una afición acostumbrada a sufrir, ver al Rayo viajar por Europa fue como tocar el cielo.

La aventura terminó en los cuartos de final, donde el destino quiso enfrentar a los vallecanos con otro equipo español: el Deportivo Alavés. Los vitorianos acabarían firmando una campaña histórica llegando hasta la final frente al Liverpool, pero antes tuvieron que medirse a un Rayo que no se achicó en ningún momento. Aunque la eliminatoria cayó del lado albiazul, la 'Franja' se marchó de Europa con la cabeza alta, consciente de haber escrito un relato que trascendía resultados.

Más de dos décadas después, aquella participación sigue siendo contada como una leyenda en Vallecas. Fue la demostración de que un club modesto, con una afición inquebrantable y un barrio entero empujando, podía codearse con los grandes escenarios europeos. En cada conversación entre rayistas veteranos aparece ese recuerdo, no tanto por los marcadores, sino por la emoción de sentirse protagonistas de una epopeya futbolística que parecía reservada a otros.

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