El espejo frente al que se mira el Manchester United sigue mostrando una imagen muy distinta a la que proyectaba en tiempos pasados. Desde la retirada de Sir Alex Ferguson, el club ha encadenado crisis cíclicas, proyectos inconclusos y decisiones precipitadas que han erosionado su identidad deportiva. Cambios constantes en el banquillo, fichajes millonarios sin rendimiento sostenido y una directiva incapaz de sostener un plan a medio plazo han convertido a Old Trafford en un escenario de permanente inestabilidad. En ese contexto llegó Ruben Amorim, con ideas claras, discurso firme y una ambición que terminó chocando frontalmente con la realidad del club.

Catorce meses después de su nombramiento, el técnico portugués ha sido despedido. El comunicado oficial confirma el fin de una etapa marcada por la tensión interna, los resultados irregulares y una concepción del cargo que nunca terminó de encajar: "Con el Manchester United sexto en la Premier League, la directiva del club ha decidido, de mala gana, que es el momento adecuado para hacer un cambio. Esto le dará al equipo la mejor oportunidad de lograr el mejor puesto posible en la Premier League". Darren Fletcher asume de manera interina el banquillo del primer equipo y debutará este miércoles ante el Burnley, mientras el United vuelve a activar la maquinaria de candidatos y rumores. Amorim, el entrenador que quería ser mánager, termina en la cola del paro.

El portugués llegó a Old Trafford en noviembre de 2024 con un cartel atractivo. Su trabajo previo le avalaba y el club veía en él a un perfil moderno, con capacidad para liderar algo más que entrenamientos y alineaciones. Amorim no escondió nunca su visión: quería poder decidir, construir y mandar. “Vine aquí para ser el mánager del Manchester United, no para ser el entrenador del Manchester United”, declaró tras su último partido, un empate 1-1 ante el Leeds que sonó a despedida. “No voy a dimitir. Haré mi trabajo hasta que venga otra persona a sustituirme”. Ese momento llegó antes de lo que él esperaba.

Deportivamente, su balance deja claroscuros. Logró llevar al equipo a la final de la Europa League, aunque cayó ante el Tottenham, y deja al United sexto en la Premier League, con 31 puntos y a 17 del liderato del Arsenal. Una posición que, sobre el papel, mantiene opciones europeas, pero que en el contexto del club se considera insuficiente. El propio comunicado del United refleja dudas internas: la decisión se toma “de mala gana”, pero con el argumento de dar al equipo “la mejor oportunidad de lograr el mejor puesto posible”. Traducido: falta de convicción y urgencia institucional.

Constantes polémicas

Más allá de los resultados, la etapa de Amorim ha estado marcada por polémicas de gestión que han debilitado su figura. La más sonada, su enfrentamiento con Alejandro Garnacho. El joven argentino fue apartado del plantel tras varios cortocircuitos con el técnico y quedó fuera de convocatorias clave. El punto de no retorno llegó tras la final europea, con declaraciones cruzadas y una escena que la prensa británica no tardó en filtrar. Según el Daily Mail, Amorim le comunicó delante de toda la plantilla que no contaba con él para la temporada 2025/26, con una frase tan contundente como desafortunada: “Más te vale rezar para que encuentres un club que te fiche”.

El caso Garnacho no fue aislado. También se le acusó de no gestionar adecuadamente el crecimiento de Kobe Mainoo, una de las grandes joyas de la cantera del United. La falta de continuidad y protagonismo del centrocampista generó malestar en parte del entorno del club, que veía cómo otro talento emergente quedaba atrapado en un proyecto sin rumbo claro. Amorim apostó por su modelo, pero el contexto no le acompañó y la paciencia, una vez más, brilló por su ausencia.

El problema de fondo, sin embargo, va más allá del técnico. Amorim quiso ser mánager en un club que no sabe muy bien qué quiere que sea su entrenador. El Manchester United sigue funcionando con estructuras híbridas, poderes repartidos y decisiones que cambian según el viento. Al portugués se le exigieron resultados inmediatos, control del vestuario y liderazgo institucional sin darle un marco estable para ejercerlo. El choque era casi inevitable.

Los candidatos para sustituirle

Ahora, el club vuelve a empezar. Xavi Hernández aparece como una opción atractiva tras su salida del Barcelona, mientras Andoni Iraola se ha ganado el respeto en Inglaterra por su trabajo en el Bournemouth. También figuran en la lista Oliver Glasner, Eddie Howe y el propio Darren Fletcher, que asume el cargo de forma provisional. Nombres distintos para un mismo problema: la falta de un proyecto reconocible.

Rubén Amorim se marcha dejando una sensación amarga. No fue un desastre absoluto, pero tampoco el punto de inflexión que el United necesitaba. Quiso mandar, construir y decidir como un mánager a la vieja usanza en un club atrapado en el corto plazo. En Old Trafford, ese sueño sigue siendo una quimera. Y él, el último en comprobarlo.

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