Aitor Ruibal ha vuelto a demostrar que no es un futbolista de discurso automático. El jugador del Real Betis se pronunció abiertamente sobre política y temas sociales, dejando una frase que ha generado debate: “Lo único que tengo claro es que no quiero a la ultraderecha gobernando”. En un fútbol donde muchos jugadores prefieren evitar cualquier asunto polémico, el verdiblanco defendió su derecho a opinar y criticó la idea de esconderse detrás de la profesión para no tomar postura.

“No me representa ningún partido”

Ruibal quiso dejar claro que su posición no nace de una militancia concreta. El futbolista aseguró que “no me representa ningún partido en España”, pero sí marcó una línea roja ideológica: “Lo único que tengo claro es que no quiero a la ultraderecha gobernando”. Su explicación fue más social que partidista: quiere que las políticas beneficien a toda la población, no solo a una parte.

La frase ha tenido recorrido porque rompe con una norma no escrita dentro del fútbol español: hablar poco, no incomodar y evitar cualquier posicionamiento que pueda generar ruido. Ruibal, sin embargo, no se presentó como portavoz de nadie, sino como una persona que entiende que ser futbolista no debería impedir opinar sobre lo que ocurre fuera del campo.

El futbolista que no compra el “no me mojo”

Una de las ideas más potentes de su discurso tiene que ver con el silencio de los deportistas. Ruibal fue directo al explicar que no comparte la excusa de quienes dicen que no opinan porque son futbolistas. Para él, el problema no es la profesión, sino el miedo a las consecuencias: “No compro lo de ‘no me mojo porque soy futbolista’. No te mojas porque no quieres líos”.

Esa reflexión conecta con una nueva generación de jugadores que se sienten más cómodos hablando de racismo, homofobia, desigualdad o derechos sociales. En el caso del Betis, nombres como Borja Iglesias o Héctor Bellerín también han tenido un papel importante en ese cambio de sensibilidad dentro del vestuario verdiblanco.

Insultos, uñas pintadas y homofobia en los estadios

Ruibal también habló de los ataques que ha recibido por romper con determinados códigos estéticos asociados al futbolista tradicional. En el pasado fue señalado por llevar las uñas pintadas o por acudir a una boda con bolso, gestos que desataron insultos y comentarios homófobos.

El jugador fue especialmente claro al referirse a esos ataques: “No entiendo que nos insulten llamándonos maricón. ¿Qué más da que lo sea?”. Además, aclaró que no habla en nombre de un colectivo al que no pertenece, pero sí defendió la necesidad de normalizar la diversidad dentro del deporte.

Su postura no busca presentarse como provocación, sino como respuesta a una realidad incómoda: el fútbol sigue siendo un espacio donde determinados gestos, formas de vestir o maneras de expresarse generan más reacción que en otros ámbitos sociales.

Un perfil poco habitual en el fútbol español

El caso de Aitor Ruibal llama la atención porque se sale del perfil habitual del futbolista que evita titulares fuera del césped. No solo habla de política, sino que también se posiciona en debates sociales y defiende que los deportistas pueden usar su visibilidad para algo más que promocionar marcas o comentar partidos.

También ha mostrado compromiso con su entorno. Entre otros proyectos, compró el club de fútbol de su barrio con la idea de facilitar el acceso al deporte y devolver parte de lo recibido a sus raíces. Esa faceta refuerza una imagen muy concreta: la de un jugador que intenta unir discurso y acción.

Una declaración que incomoda porque no es habitual

La frase sobre la ultraderecha ha generado debate precisamente porque en el fútbol casi nadie habla así. Ruibal no hizo un mitin ni pidió el voto para ningún partido, pero sí expresó una convicción política clara. Y eso, en un deporte acostumbrado a respuestas neutras, basta para provocar ruido.

Su intervención deja una pregunta de fondo: ¿por qué resulta tan llamativo que un futbolista tenga opinión política? En otros sectores públicos es habitual que actores, músicos o escritores se posicionen. En el fútbol, en cambio, cualquier declaración social se interpreta casi como una ruptura del guion.

Aitor Ruibal ha decidido no seguir ese guion. Y por eso sus palabras han tenido tanto impacto: no porque haya dicho algo especialmente extraño, sino porque lo ha dicho un futbolista en voz alta.

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