En el fútbol se utilizan todo tipo de expresiones populares, pero pocas tienen una historia tan peculiar como “Kiricocho”. Lejos de ser un simple apodo inventado por la grada, su origen se remonta al fútbol argentino de los años 80 y está vinculado a un personaje real cuya presencia parecía traer mala suerte.

Un nombre que nació en Estudiantes

La historia de Kiricocho tiene su origen en Argentina, concretamente en el entorno de Estudiantes de La Plata a comienzos de los años 80. Según la versión más extendida, todo comenzó con un joven aficionado apodado “Kiricocho” que acudía con frecuencia a los entrenamientos del equipo.

El problema (o la curiosidad) era que cada vez que este hincha asistía a una práctica, los resultados no eran buenos: el equipo perdía los amistosos o tenía actuaciones discretas. La repetición de estas coincidencias generó una especie de superstición interna dentro del club.

El entonces entrenador, Carlos Salvador Bilardo, conocido por su obsesión con los detalles y las cábalas en el fútbol, tomó una decisión insólita: enviar al joven a presenciar los entrenamientos del próximo rival. La lógica supersticiosa era sencilla: si su presencia traía mala suerte, mejor que esa “mufa” afectara al contrario.

Con el paso del tiempo, la historia fue creciendo hasta convertirse en mito. La palabra Kiricocho empezó a utilizarse como sinónimo de mala suerte intencionada hacia el adversario.

De anécdota interna a expresión popular

Lo que comenzó como una anécdota dentro de un vestuario terminó trascendiendo generaciones y fronteras. La expresión pasó a utilizarse en Argentina como una forma de “gafar” al rival, mencionando el nombre en tono irónico para desearle mala fortuna deportiva.

Con los años, futbolistas y aficionados popularizaron el término en diferentes contextos. En redes sociales y estadios es habitual ver comentarios del estilo “Kiricocho” cuando un jugador rival va a lanzar un penalti o afrontar una acción decisiva.

La fuerza del término reside precisamente en su carácter supersticioso. No se trata de un insulto ni de una crítica, sino de una especie de conjuro futbolero que forma parte de la cultura popular argentina.

Incluso, esto llegó a la final del Mundial de 2010. En una entrevista para El Mundo, el campeón del mundo, Joan Capdevilla, que gran mérito de la parada de Iker Casillas contra Robben fue suyo. Explica que antes de que el delantero neerlandés chutase a puerta, enunció la mágica palabra y acto después 'el Santo' salvó los muebles para la selección española.

"Le grité "kiricocho" y le gafé. En el Villarreal, Rubén Cousillas, que era el segundo de Pellegrini, cada vez que un rival se plantaba solo ante el portero le gritaba "¡kiricocho!", porque decía que le daba mala suerte. Se me quedó grabado y en ese momento, viendo que no llegaba, lo único que se me ocurrió hacer fue gritárselo a Robben. Era la solución desesperada y mira... Todo es mérito mío.

Un mito que cruzó fronteras

Aunque su origen está claramente localizado en Argentina, la palabra se expandió gracias a jugadores y entrenadores que llevaron la expresión a otros países. Con el auge de las redes sociales, Kiricocho se convirtió en una expresión viral en el fútbol internacional.

Hoy en día, el término se utiliza en distintos contextos deportivos, pero siempre conserva su esencia original: atraer la mala suerte al oponente como parte del folclore futbolístico.

En definitiva, Kiricocho no es un personaje ficticio, sino una historia real nacida en los entrenamientos de Estudiantes de La Plata, amplificada por la superstición y convertida en tradición oral del fútbol.

Lo que empezó como una coincidencia terminó siendo una de las expresiones más curiosas del fútbol argentino y mundial. Porque en el fútbol, además de táctica y talento, también hay espacio para las cábalas, los mitos y las historias que sobreviven al paso del tiempo.

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