Mientras UEFA y varias grandes federaciones cuestionan el liderazgo de Gianni Infantino, Malawi ofrece otra lectura de su etapa al frente de FIFA. Para sus asociaciones más pequeñas, el balance no se mide tanto por la gobernanza como por una pregunta mucho más tangible: qué ha cambiado en sus países y cuánto dinero ha llegado al desarrollo del fútbol.
La respuesta de Malawi es contundente. Su selección femenina acaba de clasificarse por primera vez para un Mundial y su federación atribuye parte de ese salto a la inversión de FIFA en fútbol base y femenino. Fleetwood Haiya, presidente de la Federación de Fútbol de Malawi, ha confirmado su respaldo a Infantino de cara a las elecciones de 2027 y asegura que no ve, por ahora, una alternativa capaz de ofrecer a los países con menos recursos un proyecto comparable.
Dos formas de medir la era Infantino
La fractura que atraviesa el fútbol mundial tiene también una dimensión geográfica. UEFA ve una crisis de gobernanza; muchas federaciones pequeñas ven una etapa de oportunidades. La rebelión europea contra Infantino se produjo después de su polémica propuesta para captar unos 4.200 millones de dólares mediante la venta de una participación en los derechos comerciales de los Mundiales y otras competiciones. UEFA denunció la falta de transparencia y aseguró haber perdido la confianza en el presidente de FIFA.
En Malawi, en cambio, el debate se observa desde una realidad completamente distinta. Haiya sostiene que Infantino ha intentado reducir la distancia entre las asociaciones con grandes recursos y aquellas que apenas pueden financiar sus estructuras básicas. "Él creyó en nosotros cuando hablamos con él sobre el fútbol base y femenino", explicó el dirigente a Reuters, vinculando ese apoyo con la histórica clasificación mundialista de su selección femenina.
No se trata únicamente de un discurso político. El programa FIFA Forward 3.0 contempla hasta ocho millones de dólares por federación durante el ciclo 2023-2026, incluyendo financiación para funcionamiento y proyectos específicos de desarrollo. FIFA señala que el programa ha permitido mejorar infraestructuras, reforzar el fútbol base y potenciar el desarrollo de jugadores en Malawi.
En el caso malauí, la propia federación había anunciado que recibiría esos ocho millones de dólares dentro de Forward 3.0, con partidas destinadas a infraestructuras, competiciones, formación y apoyo a las selecciones. FIFA también ha destacado la renovación del centro técnico de Blantyre y el impulso al fútbol femenino y juvenil.
La clasificación que cambia el discurso
El éxito de las 'Scorchers' ha convertido esos programas en algo más que una partida presupuestaria. Malawi ha alcanzado por primera vez un Mundial femenino, después de llegar a las semifinales de la Copa Africana de Naciones que se está disputando en Marruecos. Para una federación que reconoce tener problemas graves de infraestructuras y recursos, el salto competitivo sirve como prueba visible de que la inversión puede generar resultados.
Haiya incluso pone una cifra sobre lo que todavía necesita su país. Considera que 40 millones de dólares podrían transformar el fútbol malauí, especialmente en instalaciones y campos de entrenamiento. La cantidad está relacionada con la propuesta finalmente retirada por Infantino: el plan contemplaba una asignación de 20 millones de dólares para cada asociación en el siguiente ciclo, que podía duplicarse si salía adelante el acuerdo de inversión privada.
La paradoja es precisamente esa. Malawi apoyaba el objetivo de conseguir más recursos aunque respaldó la retirada del mecanismo elegido por Infantino. Haiya considera que el proyecto debía retirarse por cuestiones de gobernanza, pero espera que FIFA encuentre otra vía para proporcionar ese dinero a las federaciones más necesitadas.
El poder está en los votos
Ahí aparece una de las claves para entender por qué Infantino conserva una posición tan sólida pese a la crisis. FIFA tiene 211 asociaciones miembro y cada una dispone de un voto en el Congreso, independientemente del tamaño de su mercado o de la relevancia deportiva de su selección.
África reúne 54 de esos votos y la Confederación Africana de Fútbol respaldó de forma unánime a Infantino el pasado 6 de agosto. Reuters señalaba entonces que el presidente también mantiene un apoyo considerable entre asociaciones pequeñas de África y Asia, precisamente porque los programas de desarrollo de FIFA son fundamentales para sus estructuras nacionales.
Ese es el poder que explica el caso de Malawi. Una federación europea puede considerar que los problemas de transparencia y gobernanza son suficientes para retirar su confianza. Para una asociación que necesita campos, entrenadores, competiciones juveniles o financiación para que sus selecciones puedan viajar, la valoración de una presidencia puede hacerse con una métrica mucho más inmediata: qué recursos llegan y qué posibilidades abre.
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