El Regate

Lise Klaveness, la dirigente que se atreve a desafiar el poder de Infantino

Exfutbolista, jurista y defensora de los derechos humanos, ha pedido la dimisión del presidente de la FIFA y reclama reformas para una institución que considera alejada de sus propias promesas

 Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol| UEFA
Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol| UEFA

En el fútbol, cuestionar al presidente de la FIFA puede resultar mucho más complicado que cuestionar a un árbitro. Gianni Infantino gobierna una organización con 211 federaciones miembro, una enorme influencia económica y capacidad para decidir dónde se disputan los mayores acontecimientos del deporte. Sin embargo, hay una dirigente que lleva años dispuesta a incomodar a quienes ocupan la cúspide de ese sistema. Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, ha convertido la transparencia, los derechos humanos y la responsabilidad institucional en el centro de su discurso. En agosto fue un paso más allá y pidió la dimisión de Infantino. No es una aspirante declarada a sucederlo, pero sí una de las voces que más abiertamente cuestionan su modelo de liderazgo.

La historia de Klaveness no comienza en un despacho, sino en los campos de fútbol de Noruega. Antes de convertirse en una de las figuras más reconocibles de la gobernanza deportiva europea, fue centrocampista y delantera de la selección nacional. Disputó 73 partidos internacionales, formó parte del equipo que alcanzó la final de la Eurocopa femenina de 2005 y jugó en el Umeå FC sueco, con el que llegó a la final de la Copa de la UEFA femenina en 2007.

Pero su carrera no se limitó al balón. Mientras competía, estudió Derecho hasta completar un máster y posteriormente trabajó como abogada, jueza asistente en un tribunal de distrito de Oslo y asesora especial del banco central noruego. También desarrolló una trayectoria como comentarista televisiva. Esa combinación de fútbol, formación jurídica y experiencia institucional explica buena parte de su manera de entender el poder: para Klaveness, las federaciones no solo organizan competiciones, sino que deben responder por las consecuencias de sus decisiones.

De los terrenos de juego al corazón del sistema

Su regreso a la estructura federativa llegó en 2018, cuando fue nombrada directora técnica de la Federación Noruega. Cuatro años después alcanzó la presidencia y se convirtió en la primera mujer en dirigir la institución en sus 120 años de historia. El cargo le permitió trasladar sus convicciones al lugar donde se negocian las decisiones, pero también la enfrentó a un dilema recurrente: cómo promover cambios desde dentro de un sistema que depende de acuerdos entre dirigentes con intereses muy distintos.

El momento que la proyectó internacionalmente llegó en marzo de 2022, en el Congreso de la FIFA celebrado en Doha antes del Mundial de Catar. Mientras gran parte del fútbol institucional trataba de pasar página sobre las críticas al país anfitrión, Klaveness utilizó su intervención para cuestionar la elección de Catar, la situación de los trabajadores migrantes y la falta de garantías en materia de derechos humanos. No era una crítica llegada desde fuera, sino la intervención de una presidenta federativa ante los máximos responsables del organismo.

Su postura resultaba especialmente incómoda porque no se limitaba a denunciar problemas abstractos. También planteaba la responsabilidad de las instituciones que obtenían beneficios de los grandes torneos y la necesidad de reparar los daños causados a quienes habían trabajado en su preparación.

Catar, el punto de ruptura con Infantino

Cuatro años después, aquella discusión sigue abierta. A iniciativa de Klaveness, la FIFA revisó su responsabilidad en la reparación a los trabajadores afectados por los preparativos del Mundial de 2022. La revisión concluyó que el organismo sí tenía una responsabilidad de reparación, pero la FIFA decidió no redirigir los fondos previstos para ese fin y mantuvo su destino original.

La dirigente noruega quiere impedir que la discusión vuelva a quedar en una declaración de principios. Su propuesta consiste en establecer mecanismos de reparación antes de cada gran torneo, reservar fondos específicos y definir de antemano cómo se distribuirían las compensaciones. Pretende impulsar estas medidas tanto en la FIFA como en la UEFA, con la Eurocopa de 2028 y el Mundial de 2034 en Arabia Saudí entre sus próximos objetivos.

La cuestión va más allá de Catar. Para Klaveness, resulta difícil defender que el fútbol sea una herramienta de inclusión mientras sus instituciones no cuentan con mecanismos suficientemente eficaces para exigir responsabilidades. Arabia Saudí añade otra dimensión al debate, por las dudas sobre la supervisión de las condiciones laborales durante la preparación del Mundial de 2034.

El pulso político que va más allá de una persona

La distancia con Infantino alcanzó otro nivel el pasado agosto. La Federación Noruega anunció que pediría la dimisión del presidente de la FIFA tras una sucesión de controversias, entre ellas la propuesta FIFA Forward Enterprise, que planteaba dar entrada a inversores privados en parte del negocio comercial futuro del Mundial. Noruega también cuestionó otras decisiones del organismo relacionadas con el premio de la paz de la FIFA a Donald Trump y la retirada de la sanción deportiva al estadounidense Folarin Balogun.

Klaveness considera que los mecanismos de control existentes no están garantizando que la presidencia y el Consejo de la FIFA rindan cuentas. La federación noruega también ha reclamado revisar qué ocurrió con las reformas de gobernanza anunciadas cuando Infantino llegó al poder en 2016. Su crítica no se limita, por tanto, a una decisión concreta: cuestiona que las promesas de transparencia no se hayan traducido en los cambios esperados.

Aun así, Klaveness no presenta su nombre como alternativa directa. En una entrevista dejó prácticamente descartada una candidatura propia y defendió que otros aspirantes podrían desafiar a Infantino si consiguen apoyos suficientes en distintas confederaciones. Las elecciones de la FIFA no se deciden únicamente por la fuerza de los argumentos, sino por una compleja red de alianzas internacionales.

Su papel consiste en intentar que esas alianzas se construyan alrededor de propuestas concretas. Quiere llevar al próximo Congreso de la FIFA un sistema de reparación para los trabajadores y aprovechar el debate sobre la gobernanza para exigir controles más transparentes. Puede que no aspire a ocupar el despacho de Infantino, pero sí pretende cambiar las reglas que determinan cómo se ejerce ese poder.

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Etiquetas Deportes Fútbol FIFA