La liga iraní vuelve a tener partidos, aficionados y competición continental, pero todavía arrastra una de las consecuencias más extrañas de la interrupción provocada por la guerra: no existe un campeón definitivo de la temporada anterior. Esteghlal era líder cuando se detuvo el campeonato, pero quedaban ocho jornadas por disputar y otros clubes se oponen a que esa clasificación provisional se convierta ahora en el palmarés oficial.

Un campeonato que terminó sin acabar

La Persian Gulf League quedó suspendida a finales de febrero, cuando la competición había alcanzado las 22 jornadas de las 30 previstas. Esteghlal ocupaba el primer puesto con 41 puntos, dos más que Tractor, mientras que la temporada todavía tenía 24 puntos en juego para completar el calendario. Finalmente, el campeonato no pudo reanudarse.

Esteghlal sostiene que, si la competición no puede completarse por una circunstancia extraordinaria, el líder en el momento de la suspensión debería recibir el título. Su entrenador, Sohrab Bakhtiarizadeh, ha defendido públicamente esa interpretación. El técnico considera que la posición en la tabla es un criterio adecuado para determinar qué equipo había sido el más exitoso hasta entonces.

La cuestión, sin embargo, es que ser primero no significa necesariamente haber ganado el campeonato. Cuando se produjo el parón todavía quedaban ocho partidos por jugar y la diferencia entre Esteghlal y Tractor era de únicamente dos puntos. La clasificación reflejaba una situación competitiva abierta, no una resolución definitiva.

Por eso el debate no consiste únicamente en decidir qué equipo iba primero. Consiste en determinar qué criterio debe utilizarse cuando un torneo no puede terminarse.

El reglamento se encuentra con una situación extraordinaria

El fútbol profesional está acostumbrado a resolver sanciones, aplazamientos o partidos suspendidos. Lo excepcional en Irán es que la interrupción afectó a una competición prácticamente completa y terminó impidiendo que se disputaran las jornadas restantes.

Eso abre una serie de interrogantes que van más allá del nombre del campeón. Si la liga no terminó, también hay que establecer cómo se interpretan las posiciones finales, las plazas continentales o cualquier otra consecuencia deportiva asociada a la clasificación.

La dificultad está en que cualquier solución implica aceptar que una parte de la temporada que nunca se jugó tendrá efectos deportivos. Proclamar campeón a Esteghlal significaría convertir una clasificación provisional en una clasificación definitiva. No hacerlo dejaría una temporada sin ganador reconocido.

Ninguna de las dos opciones permite recuperar los partidos que nunca llegaron a disputarse. Y esa es precisamente la situación a la que se enfrenta ahora la federación iraní: cerrar administrativamente una competición que no pudo terminarse sobre el terreno de juego.

Esteghlal reclama su undécima liga

Esteghlal, uno de los grandes clubes históricos de Irán, considera que la solución pasa por reconocer el liderato que tenía cuando la competición quedó interrumpida. El equipo de Teherán había conquistado diez títulos de liga y buscaba el undécimo cuando el campeonato quedó paralizado.

Su posición, además, cuenta con respaldo de parte de su entorno. Bakhtiarizadeh asegura que eso es también lo que desean los aficionados del club.

Pero la propuesta no cuenta con el consenso del resto del fútbol iraní. Varios clubes se oponen a que Esteghlal sea declarado campeón, especialmente Sepahan y Foolad, dos equipos respaldados por compañías industriales que también se vieron afectados por la situación derivada de la guerra.

La decisión adquiere así una dimensión competitiva evidente. Convertir al líder en campeón no afecta solamente al palmarés de Esteghlal, sino a todos los equipos que seguían teniendo opciones cuando se suspendió el torneo.

La vuelta del fútbol no significa vuelta a la normalidad

La nueva temporada comenzó a mediados de agosto, casi seis meses después de que el campeonato fuese aplazado. El regreso llegó acompañado de incertidumbre sobre las condiciones en las que podrían celebrarse los partidos, aunque finalmente la mayoría se han disputado con público y algunos encuentros han registrado buenas entradas.

Uno de los símbolos de ese regreso incompleto es el Azadi Stadium de Teherán. El estadio, casa habitual de Esteghlal y Persepolis y uno de los grandes escenarios del fútbol asiático, no está disponible debido a las obras que continúan en el recinto. El complejo deportivo sí sufrió daños durante el conflicto, aunque el estadio no quedó inutilizado directamente por los bombardeos y que su ausencia del calendario responde a los trabajos de reparación.

El fútbol, por tanto, ha regresado sin recuperar todavía todos sus escenarios habituales. El último derbi entre Persepolis y Esteghlal, uno de los partidos más importantes del país, llegó a reunir a 50.000 espectadores en Isfahán, lejos del escenario tradicional de Teherán. La cifra muestra que la afición ha regresado, pero también que el fútbol iraní continúa adaptándose a unas condiciones anormales.

La Champions asiática también obliga a jugar lejos de casa

La situación se ha trasladado además a la AFC Champions League Elite, donde Esteghlal y Tractor representan al fútbol iraní esta temporada.

Esteghlal debutó el 15 de septiembre con una victoria por 3-0 ante Al Sadd, pero lo hizo ejerciendo como local en Basra, Irak. Jasir Asani abrió el marcador en el minuto nueve, Saeid Saharkhizan amplió la ventaja tras el descanso y Esmaeil Gholizadeh sentenció en el tiempo añadido.

La elección de Basra tiene también un componente práctico: la imposibilidad de disputar el encuentro en Teherán. Aun así, cerca de 8.000 aficionados acompañaron al equipo y trataron de reproducir en Irak el ambiente de un partido en casa.

Tractor tampoco pudo comenzar en Irán su aventura continental. El conjunto perdió 1-0 ante Shabab Al Ahli en Dubai, en un encuentro que contó con unos 1.300 espectadores.

La competición asiática añade así otro elemento a la reconstrucción del fútbol iraní: los clubes deben competir en un escenario internacional mientras no disponen siempre de la ventaja de jugar realmente en casa.

Un fútbol obligado a reconstruirse

El problema tampoco termina en los estadios. Las dificultades económicas que arrastra el fútbol iraní se han agravado por años de sanciones internacionales, que han limitado los salarios, el mantenimiento de instalaciones y la organización de concentraciones o amistosos en el extranjero. Al mismo tiempo, la diferencia económica con los clubes saudíes se ha disparado.

Esteghlal afronta esa desigualdad precisamente en la Champions asiática. El propio Bakhtiarizadeh reconoce que resulta imposible competir económicamente con el poder de los grandes clubes de Arabia Saudí, aunque sostiene que un partido puede equilibrarse por otros medios.

El contexto explica hasta qué punto el regreso del fútbol iraní no consiste simplemente en volver a poner en marcha el calendario. Los clubes tienen que recuperar instalaciones, jugar algunos partidos lejos de sus estadios y competir internacionalmente con menos recursos, mientras todavía queda pendiente cerrar oficialmente la temporada anterior.

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