Si hace 30 años le decías a cualquiera la situación actual de la selección italiana, seguramente te tacharía de loco. De ser una de las grandes potencias del mundo, con una camada de jugadores únicos y una liga considerada como la mejor del mundo, a ser una selección que no saca su garra en los momentos claves y una liga que cada vez está más lejana del nivel de los años 80 y 90. Ahora, la nueva incógnita está en torno al banquillo de la Azzurra. 

Tras la polémica con Andrea Pirlo, el que se destapaba como el candidato favorito de Paolo Maldini y tras acercamientos a Pep Guardiola o Carlo Ancelotti, junto a la dimisión de Genaro Gattusso tras no poder clasificar a su país a la última Copa del Mundo, parece que ahora ya se ha encontrado al elegido para tratar de darle la vuelta a uno de los gigantes dormidos del fútbol de selecciones.

Mancinni y Ranieri salen al rescate

Encontrar un nuevo seleccionador se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza para la Federación Italiana después de la dimisión de Gennaro Gattuso, incapaz de clasificar a la Azzurra para su tercer Mundial consecutivo. La primera intención era apostar por un nombre de primer nivel, pero las negociaciones con Pep Guardiola y Carlo Ancelotti no llegaron a buen puerto, mientras que la candidatura de Andrea Pirlo terminó frustrándose por su relación comercial con una empresa rusa de apuestas.

La fallida operación provocó además las salidas de Paolo Maldini y Leonardo, responsables de la parcela deportiva, y profundizó la sensación de desorden en torno a la selección. Ante la dificultad para encontrar una alternativa, Italia decidió recurrir a dos figuras conocidas: Roberto Mancini regresará al banquillo, después de haber conquistado la Eurocopa de 2021, mientras que Claudio Ranieri asumirá la dirección técnica de una estructura obligada a reconstruirse tras años de decepciones.

Un retroceso marcado por la elección de jugadores

Otro punto a tener en cuenta es el estilo de juego actual del fútbol italiano. El Calcio siempre se ha caracterizado por ser un fútbol muy táctico y defensivo. Antes era considerada como pionera y muchas de las estrategias actuales, como la trampa del fuera de juego, nacieron en Italia. El Milán de Sachi es un claro ejemplo de esto. 

Sin embargo, a día de hoy, esto ha cambiado mucho. Como se ve en numerosos equipos italianos, lo que predomina son los carrileros con mucho recorrido y los centrocampistas "box to box". Por tanto, los clubes buscan en equipos de peor categoría que puedan encajar en este perfil. Esto genera que ya no se vean jugadores como Baggio o Del Piero, esos jugadores que con una gran calidad están prácticamente desaparecidos.

 Esto también se traslada a la selección. Piensa en algún jugador italiano que se encuentre entre los mejores del mundo. El único que entra en este molde es el portero del Manchester City, Gianluigi Donnarumma. El resto, desaparecidos en combate. Nicollo Barella, el centrocampista del Inter, es el único que podría entrar en el top 10 o 15 de su posición. Se ha perdido la magia de los jugadores italianos debido a un modelo que no favorece que haya jugadores mágicos, a pesar de que es modelo en el fútbol actual sea normal.

El declive de un fútbol que también pierde peso fuera del campo

La crisis de la selección refleja un problema más amplio que afecta al conjunto del fútbol italiano. Aunque la Serie A alcanzó unos ingresos cercanos a los 4.250 millones de euros en 2023, el campeonato registró pérdidas de aproximadamente 864 millones, una situación muy alejada de la estabilidad de competiciones como la Premier League. La menor capacidad de inversión ha dificultado la retención de grandes figuras y ha convertido al calcio en un mercado de transición, en el que numerosos jóvenes aumentan su valor antes de marcharse a ligas con mayor músculo económico.

El retroceso también se percibe en el plano deportivo y comercial. Italia no conquista la Champions League desde el Inter de 2010 y su proyección internacional ha perdido terreno ante el crecimiento de otros mercados. Pese a la llegada de capital extranjero a clubes como Milan o Roma y a los intentos de la Serie A por reforzar su presencia digital, el campeonato continúa necesitando una modernización profunda de sus infraestructuras, su modelo de negocio y su estrategia de marca.

Una liga obligada a vender para cuadrar sus cuentas

Los datos más recientes confirman que el problema no es únicamente de imagen. Durante la temporada 2024-2025, 13 de los 20 clubes de la Serie A cerraron el ejercicio con pérdidas y el déficit conjunto de la competición alcanzó los 360 millones de euros. Al mismo tiempo, el aumento de la deuda, los elevados salarios y el gasto en fichajes continúan presionando unas cuentas demasiado dependientes de los resultados deportivos y de la clasificación para las competiciones europeas.

La venta de futbolistas se ha convertido así en una de las principales vías de supervivencia. Los clubes italianos generaron 844 millones de euros en plusvalías, mientras que el gasto salarial alcanzó los 2.000 millones y la inversión en traspasos se situó en 837 millones. Solo Como, Fiorentina y Parma no mantenían deudas bancarias, mientras la distancia entre los grandes equipos y el resto continúa ampliándose: los clubes que acceden a Europa elevan sus ingresos, pero los que quedan fuera encuentran cada vez más dificultades para sostenerse.

 

 

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora