La Euroliga ha decidido decirle que no, al menos por ahora, a la NBA. Los 13 clubes accionistas de la competición rechazaron este martes la propuesta planteada por la liga estadounidense para colaborar en su proyecto de expansión en Europa. La decisión se tomó en Cernobbio, junto al lago de Como, en una reunión en la que Real Madrid, Barcelona, Baskonia, Olympiacos, Panathinaikos, Fenerbahçe o Anadolu Efes, entre otros, discutieron también el futuro de su propia competición. Las conversaciones, sin embargo, no están definitivamente cerradas y ambas partes mantienen abierta la posibilidad de negociar de nuevo.
La paradoja está en lo que los clubes decidieron justo después. Mientras rechazaban incorporarse al proyecto de NBA Europe, acordaron avanzar en la transformación de sus actuales licencias de larga duración en franquicias permanentes. También mantuvieron sobre la mesa la expansión de la competición de los actuales 20 equipos hasta 24. Europa no quiere que la NBA controle su baloncesto, pero empieza a utilizar algunas de las mismas herramientas empresariales que han convertido a las grandes ligas estadounidenses en gigantes globales.
De una licencia que se renueva a una plaza que se posee
La diferencia entre ambos modelos puede parecer jurídica, pero en realidad es económica y deportiva. Los 13 accionistas actuales tienen licencias de diez años que les garantizan una posición privilegiada dentro de la Euroliga. El proceso aprobado ahora pretende convertir esas licencias en franquicias permanentes, consolidando su presencia a largo plazo y aumentando el valor de esos activos. La transformación de los 13 clubes se hará sin exigirles una cuota de entrada, como reconocimiento a su inversión histórica en la competición.
Eso cambia la naturaleza de la plaza. Ya no se trata únicamente de tener derecho a jugar la Euroliga porque el club cumple determinados criterios o porque una licencia así lo establece durante un periodo concreto; se convierte en un activo permanente asociado a la propiedad del club.
No desaparece por completo el mérito deportivo. La hoja de ruta aprobada por la Euroliga contempla hasta ocho nuevas franquicias para 2027-28 y mantiene dos plazas para equipos procedentes de la EuroCup, además de reservar la posibilidad de utilizar invitaciones. El modelo será, por tanto, híbrido. Pero el centro de gravedad cambia: una parte cada vez mayor de la competición quedará en manos de clubes que tienen garantizado su lugar.
La NBA quería una liga distinta
La propuesta estadounidense partía de otra lógica. La NBA y FIBA trabajan en una competición de 16 equipos para octubre de 2027, con 12 franquicias permanentes y cuatro plazas que podrían obtenerse cada temporada por méritos deportivos. La NBA lleva meses hablando con clubes, inversores y ciudades europeas y ha recibido ofertas que en varios mercados se sitúan entre los 500 y los 1.000 millones de dólares por una plaza.
Ahí estaba uno de los principales puntos de fricción. Según fuentes conocedoras de las negociaciones, la propuesta de la NBA habría condicionado cualquier acuerdo a que la Euroliga frenara sus planes de expansión y su transformación hacia el modelo de franquicias. Los clubes europeos entendieron que aceptar significaría perder capacidad de decisión sobre el futuro de su propia competición. Algunas fuentes describieron incluso la oferta como excesivamente intervencionista.
El negocio ya no es pequeño
La decisión también tiene una explicación financiera. La Euroliga ha dejado de ser una competición económicamente menor. Un informe de JB Capital sitúa el valor de la competición en 1.410 millones de euros para la temporada 2025-26, mientras calcula en unos 1.800 millones el valor agregado de sus clubes con licencia. En conjunto, el ecosistema supera los 3.200 millones de euros y el estudio estima que podría alcanzar los 4.300 millones si se ejecuta el plan estratégico y se consolida el modelo de franquicias.
La NBA juega en otra dimensión. La liga estadounidense generó más de 14.000 millones de dólares de ingresos durante la temporada 2025-26, según las cifras citadas por Reuters. Son métricas diferentes, pero sirven para visualizar la enorme diferencia de escala entre ambos productos.
Precisamente por eso los clubes europeos no quieren entregar gratuitamente el valor que han construido durante décadas. La pelea no es solo por quién organiza una competición; es por quién controla el activo económico que existe alrededor de ella.
Los clubes quieren ser propietarios de su futuro
El nuevo modelo puede resultar especialmente atractivo para los actuales accionistas porque convierte su posición deportiva en un patrimonio empresarial más estable. Y también abre una puerta para que la propia Euroliga cobre por entrar.
El proceso de expansión contempla hasta ocho nuevas franquicias de larga duración. La competición ya había recibido más de 20 propuestas y las ofertas acumuladas superaban los 1.200 millones de euros de inversión potencial. Entre los mercados interesados aparecen clubes actuales de EuroLeague y EuroCup y proyectos de ciudades como Londres, Roma o Berlín.
Para un club como Valencia Basket, que lleva años aspirando a una plaza estable, la diferencia es enorme. No se trataría simplemente de recibir una invitación para una temporada, sino de comprar una posición permanente dentro de la principal competición europea. Las estimaciones publicadas sitúan las cuotas de entrada de los nuevos proyectos entre 40 y 90 millones de euros, aunque la estructura definitiva todavía debe cerrarse. La consecuencia es evidente: la Euroliga se está convirtiendo poco a poco en un mercado de plazas deportivas.
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