El Dakar 2027 se ha quedado sin país anfitrión cuando faltan poco más de dos meses para su comienzo. La carrera más célebre del rally raid abandonará Arabia Saudí, su casa desde 2020, por la situación de seguridad en Oriente Medio. El cambio no altera, por ahora, las fechas previstas, del 1 al 15 de enero, pero obliga a replantear una operación logística que llevaba meses en marcha. Para los equipos oficiales será un contratiempo de dimensiones considerables. Para los participantes privados, acostumbrados a competir con presupuestos mucho más ajustados, la incertidumbre introduce una dificultad adicional en una aventura que empieza mucho antes de la primera etapa.
La decisión llegó el domingo 25 de octubre mediante un comunicado conjunto de Amaury Sport Organisation (ASO), organizadora de la prueba, y Saudi Motorsport Company (SMC). Ambas entidades confirmaron que la edición de 2027 se celebrará fuera del territorio saudí, una medida que calificaron de excepcional y limitada a este año. La Federación Internacional del Automóvil (FIA) y la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) respaldan el traslado.
La organización asegura que el Dakar seguirá adelante y anunciará próximamente su nueva sede. Marruecos aparece como principal alternativa, según las informaciones publicadas por RTVE y distintos medios especializados, aunque todavía no existe una confirmación oficial. Lo único seguro es que el recorrido inicialmente preparado en Arabia Saudí ha dejado de ser viable.
Una carrera que empieza meses antes de enero
El Dakar no puede trasladarse de un país a otro con la misma facilidad que un campeonato convencional. Sus participantes necesitan transportar vehículos de competición, camiones de asistencia, herramientas, neumáticos, componentes mecánicos y material suficiente para afrontar dos semanas de carrera en condiciones extremas.
El calendario oficial de competidores permite comprender hasta qué punto estaba avanzada la planificación. Las inscripciones para 2027 se abrieron el 5 de mayo y se cerraron el pasado 20 de octubre, apenas cinco días antes del anuncio del cambio de sede. Los primeros plazos de tarifas de asistencia habían vencido en septiembre.
Además, la organización había programado las verificaciones técnicas europeas y el embarque de vehículos para los días 27 y 28 de noviembre. El plan original contemplaba su recogida en Arabia Saudí el 28 de diciembre, seguida de nuevas verificaciones, pruebas privadas y trámites administrativos antes del comienzo de la competición.
Estas fechas corresponden a la planificación anterior al traslado y deberán revisarse en función del nuevo destino. Pero también reflejan que la decisión llega cuando los preparativos han dejado de ser una cuestión de previsiones sobre el papel.
Los equipos llevan meses trabajando con una ruta logística definida. El embarque de los vehículos, la contratación de personal, las reservas de alojamiento, los desplazamientos y la disponibilidad de recambios forman parte de una cadena que debe funcionar para que pilotos y copilotos puedan presentarse en la salida.
Cambiar el país anfitrión significa revisar buena parte de esa cadena. La magnitud del reajuste dependerá de la ubicación definitiva, de las soluciones de transporte que ofrezca ASO y de las condiciones que establezca para los participantes.
La misma carrera, presupuestos muy diferentes
El impacto del traslado tampoco tiene por qué ser idéntico para todos. El Dakar reúne estructuras respaldadas por grandes fabricantes, equipos profesionales especializados y participantes privados que afrontan la competición con recursos mucho más limitados.
En la categoría de coches, los proyectos oficiales cuentan con departamentos técnicos, personal logístico y redes de proveedores capaces de responder ante imprevistos. Sus recursos no eliminan los problemas derivados de una modificación de semejante magnitud, pero sí permiten distribuir el trabajo entre un número mayor de profesionales.
La realidad de los equipos privados puede ser bastante diferente. Una parte de sus presupuestos depende de patrocinadores, aportaciones personales y acuerdos cerrados específicamente para disputar la carrera. La preparación no termina con la compra o puesta a punto del vehículo: también hay que financiar la asistencia, el transporte y la presencia de las personas necesarias durante las etapas.
Un cambio de escenario puede obligar a renegociar servicios o revisar decisiones ya tomadas. Eso no significa que todos los equipos vayan a asumir sobrecostes. Sin conocer la nueva sede y el dispositivo que preparará ASO, todavía no es posible determinar si el traslado encarecerá o abaratará la participación.
Precisamente ahí reside una de las grandes incógnitas de las próximas semanas: qué parte de la reorganización asumirá la propia organización y qué responsabilidades corresponderán a los competidores.
ASO ha explicado que mantiene contacto directo con equipos, participantes y colaboradores para acompañarlos durante la transición. Sin embargo, el comunicado no detalla todavía cómo se resolverán las modificaciones del transporte ni las posibles consecuencias económicas de los cambios de planificación.
Marruecos, una alternativa con muchas preguntas
El posible regreso del Dakar a África supondría también una modificación importante en la historia reciente de la competición. La prueba nació en 1979 vinculada al recorrido entre París y Dakar, aunque terminó alejándose de su escenario original. Después de la cancelación de 2008 por amenazas de seguridad, el rally se trasladó a Sudamérica, donde permaneció entre 2009 y 2019. Desde 2020 se disputa en Arabia Saudí, un país que ha acogido siete ediciones consecutivas.
Ahora, Marruecos vuelve a aparecer como una opción para albergar la carrera. Su experiencia en competiciones de rally raid y sus escenarios desérticos lo convierten en un candidato que distintos medios especializados sitúan entre las alternativas más avanzadas.
Un eventual traslado al norte de África podría modificar las necesidades de transporte de los equipos europeos, aunque sería prematuro traducir esa posibilidad en un ahorro concreto. Los costes dependerán del punto de salida, la ubicación de las etapas, los servicios de asistencia y el calendario definitivo de embarque.
También queda por resolver si la competición conservará íntegramente su estructura prevista, con prólogo y trece etapas, o si la necesidad de diseñar un nuevo recorrido obligará a introducir modificaciones. La planificación saudí contemplaba desplazamientos de cientos de kilómetros diarios, por lo que sustituirla exige bastante más que encontrar pistas de tierra y desierto.
La guerra también alcanza al deporte del motor
La marcha del Dakar forma parte de las consecuencias deportivas de la inestabilidad en Oriente Medio. Los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen contra objetivos saudíes han agravado las preocupaciones de seguridad, en un contexto regional marcado por el enfrentamiento que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán.
La situación ha afectado a otros acontecimientos internacionales. Según Reuters, también se han producido aplazamientos y cancelaciones de competiciones de golf, ciclismo y tenis, además de modificaciones en el calendario del automovilismo.
En el caso del Dakar, la decisión tiene una dimensión adicional por su prolongada relación con Arabia Saudí. El reino ha utilizado la organización de grandes acontecimientos deportivos como parte de su estrategia internacional de inversión y promoción, y el rally se había convertido en una de sus principales citas anuales.
Pese al traslado, ASO y Saudi Motorsport Company mantienen su alianza. Ambas entidades han confirmado que la prueba regresará a Arabia Saudí en 2028, coincidiendo con la celebración de su 50.ª edición.
Dos meses para rehacer los planes
El Dakar conserva por ahora su calendario y la organización insiste en que la edición de 2027 se celebrará. Lo que todavía falta es concretar dónde, con qué recorrido y bajo qué condiciones deberán reorganizarse los participantes.
Para los grandes equipos, las próximas semanas estarán marcadas por la adaptación deportiva y logística a un escenario distinto del previsto. Para las estructuras privadas, además, será necesario comprobar si sus recursos y acuerdos permiten absorber los cambios.
La incógnita ya no es únicamente en qué país arrancará el Dakar el 1 de enero, sino cómo llegarán hasta allí todos los que llevan meses preparándose para correrlo. Y esa respuesta será especialmente importante para quienes afrontan cada edición con menos margen económico para los imprevistos.
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