Llega a su fin la primera gran prueba del nuevo calendario internacional de FIFA y lo hace no exento de polémica. Las ventanas han reabierto un debate que el fútbol lleva años sin resolver. Desde esta temporada, Desde esta temporada, los parones de septiembre y octubre se concentran en un único periodo de 16 días y cuatro partidos. Una fórmula que reduce el número de interrupciones para los clubes, pero mantiene a los internacionales fuera más tiempo y comprime en cuatro encuentros en la misma convocatoria. Sin embargo, el modelo no parece que termine de convencer a los principales protagonistas. El seleccionador de Países Bajos, Xavi Hernández, ha sido el último en cuestionar un sistema exigente para los jugadores, especialmente en año de Mundial.
El cambio no es provisional, pues FIFA aprobó en 2023 el calendario internacional masculino para el periodo 2025-2030 y estableció que, a partir de 2026, las dos ventanas de nueve días y dos partidos que ocupaban los meses de septiembre y octubre se sustituirían por un solo bloque de 16 días y cuatro partidos. Marzo, junio y noviembre mantienen el formato habitual, con tan sólo dos encuentros internacionales por ventana.
La diferencia no estriba, por tanto, en el número total de partidos internacionales previstos para dicho periodo, sino cómo se concentran. Para los clubes, la nueva fórmula elimina una de las dos interrupciones otoñales. Para las selecciones, en cambio, ofrece un periodo continuado de trabajo. Sin embargo, a los futbolistas les supone más de dos semanas de concentración con sus equipos nacionales y disputar potencialmente cuatro encuentros antes de reincorporarse a la disciplina de sus respectivos equipos.
Es ahí donde el nuevo formato amasa parte de las críticas. El técnico de Tarrasa advertía recientemente de que la acumulación de partidos puede elevar el riesgo físico en una temporada que ya de por sí estaba condicionada por el Mundial, cuya final se disputó el pasado 19 de julio. El seleccionador neerlandés señalaba al mismo tiempo que varios de sus jugadores han sufrido problemas físicos y tuvieron que regresar antes de tiempo a sus clubes, aunque esos casos no permiten delimitar por sí solos una relación causal con el nuevo formato.
Hernández no ha sido el único seleccionador en poner en cuarentena el nuevo modelo. Preparados como Jürgen Klopp, Thomas Tuchel e incluso Luis de la Fuente han mostrado su preocupación por la gestión de una concentración que obliga a disputar cuatro partidos en poco más de dos semanas. En el caso del técnico de la selección inglesa, el debate se ha cruzado, además, con las peticiones de rotación de jugadores tras un verano más corto de lo habitual para los internacionales.
La cuestión, sin embargo, traspasa las barreras de esta primera ventana de la temporada. El problema de fondo es la acumulación de competiciones en temporadas cada vez más densas, donde se juntan las ligas y copas nacionales, torneos europeos, selecciones y grandes campeonatos internacionales que reducen los márgenes para la recuperación de los futbolistas.
A modo de contexto, el calendario FIFA ayuda a entender algunas de las quejas. La final del Mundial se disputó el 19 de julio, pero el periodo obligatorio de cesión de futbolistas empezó el 25 de mayo. Es decir, muchos internacionales – sobre todo los que alcanzaron las últimas rondas del torneo – vieron cómo el margen entre el final del campeonato y el regreso al trabajo con sus clubes fue reducido antes del reseteo de la temporada. El organismo rector del fútbol defiende que el calendario mundialista mantuvo el mismo número de días de descanso, cesión y competición que ediciones anteriores,
Calendarios sobrecargados
El debate sobre la densidad de los calendarios en el fútbol no es una novedad. Las advertencias llevan años amontonándose ante la sede de los organismos rectores. FIFPro, el sindicato mundial de futbolistas, es una de las entidades que más énfasis ha puesto en sus reclamaciones. Entre sus demandas, figuran periodos mínimos de descanso y una mayor participación de los jugadores en las decisiones en la configuración del calendario. Sus estudios no se limitan a la mera acumulación de partidos, sino que incluyen desplazamientos, minutos disputados, tiempo entre encuentros y descanso entre temporadas.
Una distinción relevante, habida cuenta de que cuatro partidos en 16 días no son necesariamente más exigentes por el mero hecho de pertenecer a una sola ventana que cuatro repartidos en dos concentraciones. La carga real depende del minutaje de cada futbolista, los viajes, el tiempo de recuperación y de lo que haya jugado antes y después con su club. De ahí, que presentar el nuevo formato como causa directa de un aumento generalizado de lesiones sería ir más allá de lo que permiten sostener los datos disponibles.
En junio del curso pasado, la propia UEFA, con el respaldo de la Asociación Europea de Clubes, las ligas europeas y FIFPro Europe, lanzó un estudio para definir con mayor precisión la carga en el fútbol de élite y su relación con las lesiones, rendimiento y bienestar de los jugadores. El proyecto parte precisamente de la premisa de que no basta con contar partidos, sino analizar otros factores menos tangibles como los viajes y el contexto competitivo.
Eso no elimina la preocupación de los entrenadores, pero sí obliga a situarla correctamente. El estreno del nuevo bloque de septiembre y octubre llega en una temporada posterior al Mundial y concentra a las selecciones durante más de dos semanas. El formato puede aliviar parte del conflicto histórico con los clubes al reducir de dos a una las interrupciones durante esos meses, pero traslada el debate a otro terreno: cuánto tiempo puede permanecer un internacional sometido a competición de máximo nivel sin que su recuperación quede condicionada por el siguiente compromiso.
El conflicto que deja esta primera experiencia no es nuevo, aunque sí cambia de forma. Los clubes ganan continuidad al evitar una segunda interrupción entre septiembre y octubre; las selecciones disponen de más días seguidos para trabajar y competir; y los futbolistas concentran cuatro encuentros y todos sus desplazamientos internacionales dentro del mismo periodo. Las críticas de Xavi y otros seleccionadores vuelven a colocar sobre la mesa una discusión que lleva tiempo pendiente.
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