Kevin Lamour ya no forma parte de la FIFA. El organismo confirmó este lunes el final de la relación laboral con su director de operaciones, apenas unas semanas después de que el ejecutivo criticara públicamente uno de los proyectos económicos más ambiciosos y polémicos de la era Infantino. Lamour había llegado al equipo directivo en noviembre de 2024 y, paradójicamente, formó parte del círculo que ayudó al suizo a ganar las elecciones presidenciales de 2016. Ahora se marcha después de haber cuestionado abiertamente su manera de dirigir la organización.
El detonante fue FIFA Forward Enterprise, la propuesta para crear una filial valorada en unos 20.000 millones de dólares y vender hasta un 20% de su participación a fondos de capital privado a cambio de unos 4.200 millones. El objetivo era comercializar derechos vinculados al Mundial y otras competiciones. Lamour acusó a la dirección de haber engañado a los trabajadores sobre el proyecto y lo describió como “el proyecto de una sola persona”. FIFA terminó retirándolo el 31 de julio ante la presión interna y externa.
Un proyecto que abrió una guerra de poder
Lo importante es que el proyecto desapareció, pero el conflicto que provocó no. Antes de la salida de Lamour ya había dimitido Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, precisamente por su oposición a la operación. Cordeiro calificó la propuesta de “mal acuerdo para el fútbol” y abandonó la organización. Dos salidas en torno a la misma cuestión convierten el episodio en algo más que una discrepancia económica.
La discusión de fondo afecta a una pregunta mucho mayor: ¿quién decide qué hacer con el enorme valor económico que genera el fútbol mundial? FIFA controla algunas de las propiedades deportivas más valiosas del planeta, especialmente el Mundial. La entrada de fondos privados habría supuesto introducir capital externo en una estructura que hasta ahora ha mantenido bajo control de la organización sus principales derechos comerciales.
Ahí aparece el choque entre dos modelos. Por un lado, la lógica de Infantino, basada en exprimir nuevas vías de financiación y convertir el enorme potencial comercial de FIFA en todavía más ingresos. Por otro, quienes consideran que los derechos generados por el fútbol pertenecen, en última instancia, a las federaciones que forman la organización y que cualquier operación de semejante magnitud necesita controles mucho mayores.
UEFA ya no está sola
La respuesta no se ha limitado a los despachos de Zúrich. UEFA, la AFC y Concacaf se han situado en el bloque opositor a Infantino y han reclamado una revisión independiente de su conducta. Las tres confederaciones consideran que la gestión del proyecto rompió la confianza existente con la presidencia de FIFA.
El problema para Infantino es que esa oposición empieza a trasladarse también a las federaciones nacionales. La Federación Escocesa de Fútbol ha anunciado que no apoyará su reelección. No significa que el suizo haya perdido la mayoría necesaria para continuar, pero sí que empiezan a aparecer públicamente asociaciones dispuestas a romper con quien durante años parecía tener prácticamente asegurado el respaldo necesario.
La fractura tampoco es total. Infantino mantiene apoyos importantes, especialmente en las confederaciones africana y sudamericana, por lo que hablar de una rebelión general contra su presidencia sería prematuro. Pero el escenario ha cambiado: la reelección que parecía una formalidad empieza a convertirse en una batalla política.
La batalla por el cuarto mandato
A todo esto se ha añadido una cuestión todavía más delicada: si Infantino puede presentarse a un cuarto mandato. Los estatutos de FIFA establecen un máximo de tres mandatos presidenciales, pero el organismo decidió en 2022 que el primero de Infantino, entre 2016 y 2019, no debía contabilizarse porque había completado un mandato interrumpido tras la salida de Sepp Blatter. El suizo fue reelegido sin oposición en 2019 y 2023.
FairSquare ha pedido ahora al Comité de Gobernanza, Auditoría y Cumplimiento de FIFA que declare a Infantino inelegible para las próximas elecciones. La organización sostiene que permitirle presentarse supondría saltarse el límite de tres mandatos. Miguel Maduro, antiguo responsable del comité independiente de gobernanza de FIFA, también ha cuestionado la interpretación y ha defendido que los límites de mandato fueron precisamente una de las grandes reformas introducidas después del escándalo de corrupción que acabó con Blatter.
La FIFA todavía no se ha pronunciado sobre esta petición. Infantino, en cambio, tiene un problema político que hace apenas unos meses parecía impensable: ya no solo tiene críticos fuera de la organización. Los tiene dentro, entre antiguos aliados y en algunas de las federaciones que forman parte del sistema que debe decidir su futuro.
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