El golpe de Jesús Owono sobre Jesús de Miguel durante el Tenerife-Andorra ha terminado en una tragedia que ha conmocionado al fútbol español. El delantero tinerfeñista falleció este martes, 3 de noviembre, después de permanecer ingresado en la UCI tras sufrir una parada cardiorrespiratoria en el encuentro disputado el día anterior. Más allá de las circunstancias deportivas del choque, el episodio ha abierto una pregunta desde el punto de vista sanitario: ¿puede un impacto en el pecho provocar que el corazón deje de funcionar sin que exista una lesión cardíaca previa?
Esa es una de las cuestiones que ha abordado Javier G. Rendo, coordinador de Emergencias y Protección Civil y técnico en Emergencias Sanitarias, en un hilo publicado en X. Su explicación pone sobre la mesa una posibilidad médica poco frecuente conocida como commotio cordis. No obstante, el propio profesional ha insistido en que la información disponible inicialmente era escasa y que no podía afirmar que ese fuera el mecanismo que provocó la parada de De Miguel.
Un golpe en el momento más vulnerable del corazón
El commotio cordis es un fenómeno que puede producirse cuando un impacto contundente alcanza la zona del pecho durante una fracción muy concreta del ciclo eléctrico del corazón. No es necesario que el golpe provoque una lesión estructural en el órgano: el problema se encuentra en la alteración de su actividad eléctrica.
El corazón funciona mediante impulsos eléctricos que coordinan sus contracciones. Durante una pequeña ventana del ciclo cardíaco, especialmente vulnerable durante la repolarización ventricular, un impacto puede desencadenar una alteración del ritmo. En los casos más graves puede aparecer una fibrilación ventricular, una arritmia en la que el corazón pierde la capacidad de bombear sangre de manera eficaz y que puede desembocar en una parada cardiorrespiratoria.
Rendo explica que el impacto debe producirse sobre el corazón o en una zona próxima y coincidir con ese momento especialmente delicado. Esa ventana se situa entre 10 y 20 milisegundos antes del punto máximo de la onda T del electrocardiograma. Es una coincidencia temporal extraordinariamente precisa, lo que ayuda a entender por qué se trata de un fenómeno tan poco habitual.
La Asociación Americana del Corazón también recoge el commotio cordis como una causa muy poco frecuente de parada cardíaca súbita. Es más habitual entre deportistas jóvenes y se ha relacionado históricamente con disciplinas como el béisbol, el hockey o el lacrosse, aunque también existen casos documentados en el fútbol. La literatura médica ha publicado, por ejemplo, episodios de alteraciones cardíacas graves después de impactos con balones durante partidos.
La importancia de cada segundo
Uno de los aspectos más relevantes del análisis de Rendo no está únicamente en explicar cómo puede producirse una parada, sino en recordar qué debe hacerse cuando sucede. Si el commotio cordis provoca una fibrilación ventricular, la intervención inmediata resulta determinante. La prioridad es reconocer la parada, comenzar las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y utilizar un desfibrilador externo semiautomático (DESA) lo antes posible.
La desfibrilación permite aplicar una descarga eléctrica para intentar recuperar un ritmo cardíaco eficaz. En estos casos, cada minuto sin intervención reduce las posibilidades de supervivencia. Por eso, las recomendaciones sanitarias insisten en que la reanimación no debe retrasarse mientras se organiza el traslado del paciente.
La Asociación Americana del Corazón señala que la combinación de RCP inmediata y desfibrilación precoz es fundamental para mejorar las posibilidades de supervivencia. Sus recomendaciones sitúan los primeros tres a cinco minutos como un intervalo especialmente importante para utilizar el desfibrilador.
Es precisamente este punto el que lleva a Rendo a cuestionar algunos aspectos de la atención que pudo observarse en el terreno de juego. El profesional considera que, si el paciente se encuentra en parada, movilizarlo o inmovilizarlo para trasladarlo puede consumir un tiempo que debería dedicarse a las maniobras de reanimación y a la desfibrilación. Defiende que la atención pueda desarrollarse sobre el propio césped mientras se aproxima la ambulancia, siempre que las circunstancias clínicas lo permitan.
También plantea una cuestión relacionada con las instalaciones deportivas: la necesidad de que sus características permitan el acceso de una ambulancia hasta el terreno de juego. La rapidez de intervención no depende únicamente de la preparación de los sanitarios, sino también de los medios disponibles y de la organización de los protocolos de emergencia.
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