Ir al contenido principal
El Regate

Ceferin ya no disimula y lleva su guerra contra Infantino hasta la presidencia de FIFA

El jefe de UEFA eleva el tono mientras la oposición intenta convertir el desgaste por la gestión de Infantino en una alternativa antes de las elecciones de marzo

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin (derecha), conversa con el presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, durante la final de la Supercopa de la UEFA entre el Aston Villa y el Paris Saint-Germain. EP.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin (derecha), conversa con el presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, durante la final de la Supercopa de la UEFA entre el Aston Villa y el Paris Saint-Germain. EP.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

El polvorín en las altas instancias del fútbol crece a medida que se acerca la fecha de las elecciones a la presidencia de la FIFA. La lucha por el poder del máximo órgano rector está confeccionándose poco a poco. Ya no hay disimulos, aunque faltan candidatos alternativos al régimen de Gianni Infantino. Aleksander Ceferin  lleva tiempo endureciendo su discurso contra el italo-suizo, pero este pasado martes en Copenhague dio otro paso en su escalada. El presidente de UEFA aprovechó la Asamblea General de la European Football Clubs para lanzar uno de sus ataques más furibundos contra la actual gestión de FIFA, evocando la fábula de El traje nuevo del emperador, para constatar que el emperador – Infantino – “está desnudo”.

La frase condensaba una crítica más amplia a la forma en la que FIFA ha gestionado algunos de sus últimos proyectos. El principal blanco volvió a ser FIFA Forward Enterprise, la iniciativa ya abandonada con la que Infantino pretendía crear una filial encargada de gestionar derechos comerciales y abrir hasta un 20% de su capital a inversores privados. UEFA sostiene que el proyecto se diseñó con poca transparencia y al margen de los cauces habituales de gobierno. FIFA rechaza esa versión y defiende que cualquier paso habría necesitado la aprobación de sus órganos competentes.

El choque ha dejado de girar únicamente alrededor del FFE. A menos de seis meses de las elecciones presidenciales, previstas para el 18 de marzo de 2027 en Rabat, la discusión se ha desplazado también hacia quién controla las decisiones dentro de FIFA y si existe una alternativa real a Infantino. El presidente ya ha anunciado que optará a renovar su mandato por tercera vez.

Del FFE a una disputa mucho más amplia                   

El origen inmediato del enfrentamiento sigue estando en FIFA Forward Enterprise. Según Reuters, UEFA acusa a Infantino de haber impulsado el proyecto con un grupo reducido de asesores e inversores sin consultar de forma suficiente al Consejo de FIFA, a las confederaciones o a las federaciones nacionales. También cuestionó la valoración utilizada en la operación. FIFA respondió que UEFA confundía el valor del capital con el valor empresarial total y sostuvo que la valoración completa superaba los 30.000 millones de dólares.

El proyecto terminó retirándose en julio tras la oposición de varias confederaciones, entre ellas UEFA, AFC y Concacaf. A partir de ahí, la discusión dejó de limitarse a una propuesta comercial fallida y pasó a centrarse en la manera en la que FIFA adopta decisiones de gran alcance.  Ceferin incidió precisamente en ese punto en Copenhague. Criticó el uso de conceptos como “desarrollo” o “democratización” para justificar procesos que, a juicio de UEFA, habían sido opacos y poco participativos. El conflicto interinstitucional se ha convertido en una discusión sobre gobernanza.

Guerra de trincheras

La respuesta de FIFA ha sido igual de contundente. El organismo acusó a UEFA de impulsar una “campaña de desinformación” destinada a influir en la próxima elección presidencial. La acusación figura en una respuesta presentada ante un tribunal estadounidense, donde UEFA había solicitado acceso a documentos y testimonios para preparar una posible denuncia penal en Suiza relacionada con el FFE.

FIFA interpreta esa ofensiva como parte de una estrategia política previa a las elecciones. UEFA sostiene, en cambio, que su actuación responde a dudas sobre la gobernanza y los procedimientos utilizados para impulsar el proyecto. Ahí está la clave de la disputa actual. Una parte del conflicto se libra en torno a procedimientos, transparencia y reparto de competencias. La otra ya fija su mirada directamente a las urnas.

Una compleja red geográfica de apoyos

El principal problema para quienes quieren disputar el poder a Infantino está en la aritmética. FIFA cuenta con 211 federaciones miembro, cada una con un voto en el Congreso. No importa el tamaño de la liga nacional, la población o el peso económico del país. En ese sistema, una gran federación europea y una pequeña asociación nacional tienen el mismo valor formal en una elección presidencial.

Reuters informó este mes de que Infantino sigue conservando apoyos importantes entre federaciones pequeñas y en bloques como África, Sudamérica y Oceanía. También mantiene respaldo en parte de Asia. Algunas federaciones europeas, entre ellas Francia, Inglaterra e Italia, han retirado su apoyo, pero ese movimiento no garantiza por sí solo una mayoría alternativa.

Ahí se explica una de las fortalezas de Infantino. Durante una década ha cultivado una relación estrecha con federaciones nacionales a través de programas de desarrollo, ayudas y presencia institucional. FIFA defiende que en los últimos diez años ha invertido 5.000 millones de dólares a través del programa Forward y que el siguiente ciclo contempla al menos otros 2.700 millones. No significa que esas inversiones se traduzcan automáticamente en votos, pero sí forman parte del mapa geográfico sobre el que se construyen las alianzas dentro de FIFA.

Sin candidato alternativo

La oposición tampoco ha encontrado todavía una figura capaz de concentrar apoyos. Reuters señaló a principios de septiembre que Nasser Al-Khelaifi y Victor Montagliani habían descartado presentarse. El plazo para formalizar candidaturas termina el 18 de noviembre y, por ahora, no hay un rival anunciado con capacidad evidente para articular una coalición amplia. El presidente del Paris Saint-Germain era uno de los nombres que más encajaban en una hipotética candidatura europea por su posición al frente de European Football Clubs y su sintonía con UEFA. Sin embargo, su movimiento en Copenhague fue otro.

El presidente del PSG propuso la creación de World Football Clubs, una futura organización destinada a representar a clubes de todo el mundo. Los detalles todavía son limitados, pero la iniciativa muestra que la disputa con FIFA también se está trasladando al terreno de la representación política de los clubes. European Football Clubs ha pasado de 247 miembros en 2021 a más de 900 en la actualidad, según los datos ofrecidos por el propio Al-Khelaifi. Su alianza con UEFA refuerza un bloque que reclama más influencia sobre calendarios, derechos comerciales y decisiones estratégicas.

Si no pueden echarle, buscarán limitarle

La falta de un candidato claro ha empezado a modificar la estrategia. Reuters apunta a que parte de los opositores a Infantino valora concentrar esfuerzos en reducir el margen de poder de la presidencia mediante reformas de gobernanza, controles adicionales y una participación más amplia de los distintos actores del fútbol.

Las cuatro grandes ligas europeas - Premier League, Bundesliga, Serie A y LaLiga - reclamaron además esta semana reformas profundas en FIFA, una mayor separación entre sus funciones comerciales y regulatorias y más presencia de clubes, ligas y jugadores en la toma de decisiones.

El dinero también forma parte de la pelea. UEFA y Concacaf han planteado que cada una de las 211 federaciones reciba al menos 10 millones de dólares durante el ciclo 2027-30 y han pedido una auditoría independiente sobre unas reservas que estiman en torno a 6.000 millones. La propuesta implicaría un reparto de unos 2.100 millones de dólares. Infantino ha ordenado estudiar la petición, pero no ha asumido todavía ningún compromiso económico.

La discusión, por tanto, no se limita a la transparencia. También afecta a quién administra los recursos de FIFA, cómo se distribuyen y qué instituciones tienen capacidad real para influir en esas decisiones.

Ceferin eleva el tono mientras el reloj corre

La relación entre Ceferin e Infantino no siempre fue así. El presidente de UEFA respaldó al suizo en distintas etapas y ambos convivieron durante años dentro de un equilibrio institucional relativamente estable. Ese vínculo se ha deteriorado a medida que crecían las diferencias sobre calendarios, competiciones, reparto de ingresos y gobernanza.

El fracaso del FFE aceleró esa ruptura. Ahora el enfrentamiento ya aparece en discursos públicos, escritos judiciales, comunicados cruzados y propuestas de reforma. Ceferin ha decidido situarse en primera línea, pero la oposición todavía tiene un problema básico que resolver: transformar el malestar institucional en una candidatura capaz de sumar votos más allá de Europa.