Alfredo Relaño es historia viva del periodismo deportivo en España. Tras una trayectoria de 49 años ligado al grupo PRISA, donde dirigió el diario AS durante más de dos décadas y se consolidó como una de las voces más influyentes del país. Relaño afronta ahora una nueva etapa vital y profesional. Lo hace, además, con un nuevo proyecto bajo el brazo: acaba de publicar 366 futbolistas, una obra indispensable que, guiada por su inmensa memoria sentimental y periodística, establece un canon definitivo con los mejores jugadores de todos los tiempos. En esta entrevista charlamos con él sobre su libro, su reciente e inesperada salida de la que fue su casa, la crisis de su profesión, la actualidad del Real Madrid y el polémico 'caso Negreira'.
Pregunta (P): Acaba de publicar 366 futbolistas. Suena a rompecabezas, a buscar un jugador para cada día del año.
Respuesta (R): No está en consonancia con 366 historias, donde cada una era para un día. Son simplemente 366 jugadores que están aquí por méritos propios, porque han hecho historia de alguna manera. La gran mayoría por ser muy buenos, y algunos por alguna peripecia personal que sirve para explicar la historia del fútbol. Me lo pidieron como un canon de los grandes futbolistas de la historia.
P: Empieza a contar desde la década de 1880. ¿De dónde saca la información para épocas tan lejanas?
R: Siempre he tenido mucho interés. He comprado y guardado muchos libros. Tiempo atrás no era tan fácil como ahora; recuerdo una tienda que se llamaba Sport Pages en Londres, en Tottenham. Siempre que iba, volvía cargado de libros para conocer a los jugadores del pasado. Luego hay muchas lecturas, conversaciones y revistas antiguas. A partir de los años 60 ya los he visto jugar y los he seguido; los más antiguos del libro que yo haya visto son Di Stéfano, Kubala y Puskas. Me dijo Valdano que me guiara de mi instinto, de mi "memoria sentimental" para ordenarlos, y eso he hecho.
P: Los clasifica y menciona el "Olimpo del fútbol". ¿Quiénes lo conforman?
R: El Olimpo son seis, los que van en la portada. Por orden cronológico: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona, Cristiano y Messi. Para mí esos son los seis que están por encima. Tuve mis dudas, porque considero que hay cuatro en un peldaño superior. A Cruyff y Cristiano no les veo exactamente en ese grupo. Cruyff era exquisito, pero no fue constante; a partir de los 26 o 27 años, digamos que dimitió. Y Cristiano es lo contrario: no tiene la exquisitez de los demás, pero tiene el inmenso valor de la continuidad, de haberse enfrentado a Messi cara a cara, ganarle varios Balones de Oro y seguir sumando goles.
P: Si tuviera que ordenar a esos seis, ¿cómo quedaría su ránking?
R: Para mí está por delante Di Stéfano todavía. Di Stéfano y Pelé muy cerca. Luego Maradona, luego Messi y después Cruyff y Cristiano, casi ex aequo. Yo soy de Di Stéfano porque llenaba el equipo entero. Para que la gente más joven lo entienda: era como juntar a Casemiro, a Zidane y a Ronaldo Nazário en una sola pieza. Quitaba, armaba el ataque y metía los goles. Pelé era más mágico, pero jugaba en una zona más reducida. El que más ha tenido a Dios dentro ha sido Maradona, el más mago, pero no se aplicó más que un mes en su vida de verdad. Messi ha tenido un talento más desarrollado y lo ha ganado todo, pero le pongo el déficit de haberle visto abandonar y resignarse en las grandes goleadas europeas que sufrió el Barça. En resumen: para una final cogería a Pelé, y para un campeonato cogería a Di Stéfano.
P: Usted estuvo en el Mundial del 86. ¿Cómo se vivió aquel famoso gol de Maradona?
R: Yo vi el partido contra Inglaterra y ni yo, ni ninguno de los que estábamos allí, vimos el gol con la mano en directo. Lo hizo tan bien... fue como un mordisco de cobra. Al acabar el partido empezó el runrún y ya se vio en la tele a cámara lenta. Yo estaba abajo cuando él salió del vestuario y le preguntaron si lo metió con la cabeza o con la mano para aclararlo. Ahí fue cuando dijo: "Lo metí con la cabeza de Maradona y la mano de Dios". Él armaba unas imágenes muy brillantes hablando.
P: Si pudiera rescatar a un jugador del pasado para que las nuevas generaciones lo disfruten hoy, ¿a cuál elegiría?
R: Desde luego a Di Stéfano. Y también a Puskas, que es el jugador más infravalorado de la historia. Es el único que hizo dos carreras de leyenda muy diferenciadas: primero con el Honved y la selección húngara, donde aterrorizó al mundo con 85 goles en 86 partidos. Y después, tras la invasión de Hungría y estar año y medio parado, vuelve a jugar en el Real Madrid con 31 años y 12 kilos de más. Con el Madrid hace una segunda carrera ganando cinco Pichichis y Copas de Europa.
Estuve nervioso el primer mes, sintiendo la presión de tener que dar una genialidad, pero ahora estoy muy contento y feliz
P: ¿Cómo afectó la Ley Bosman al fútbol y a las redacciones?
R: Dio lugar a que se acumulara el buen fútbol en las ligas ricas al quitar el límite de extranjeros. Esto hizo que perdieran papel equipos con grandes canteras históricas como el Ajax, el Celtic o el Benfica. Para nuestro mundo fue mejor porque podían venir masivamente los mejores jugadores, pero al mismo tiempo los equipos se fueron despersonalizando. Chocó mucho cuando el Chelsea fue el primero en salir sin ningún jugador local. Gracias a la Ley Bosman hemos visto mejor fútbol, pero con esa pérdida de identidad.
P: ¿Le gusta cómo ha evolucionado el fútbol actual?
R: En general sí, salvo en dos cosas. Me desespera el retoque constante del reglamento; creo que era muchísimo mejor como estaba a finales del siglo pasado. Ahora han criado a los árbitros en un concepto donde ya no sabemos qué es mano. Y luego el calendario, que se ha sobrecargado en una pugna egoísta entre selecciones y clubes. Por lo demás, se juega mejor, los balones y los campos son infinitamente superiores.
P: Tras 49 años en PRISA, vivió un cambio drástico hace unos meses. ¿Cómo se encuentra?
R: Ahora muy bien. Fue desconcertante, yo lo llamo un destierro, no un despido. De un día para otro me dijeron que no podía colaborar más. Inmediatamente me salieron ofertas por todos lados y escogí lo que era asimétrico a donde estaba para mantener mis rutinas. Estuve nervioso el primer mes, sintiendo la presión de tener que dar una genialidad, pero ahora estoy muy contento y feliz. Fue como pinchar, cambiar tres ruedas y seguir adelante, apoyado en la otra rueda que es mi familia, que nunca me falló.
P: A lo largo de su carrera ha descubierto grandes talentos periodísticos. ¿Es de lo que más presume?
R: Sí. Me considero como el Pipo, que fue un descubridor de toreros. Hay gente muy valiosa que empezó bajo mi dirección: Valdano, Robinson, Paco González, Maldini... Mi secreto no es tan difícil: consiste en escoger a los que son muy brillantes en algo y fomentarles eso, fomentar su heterodoxia, que es lo contrario de lo que se suele hacer. A Robinson el primer día le dije: "No hagas caso a nadie, ni siquiera a mí".
P: Con el panorama actual de la profesión, ¿volvería a ser periodista si tuviera 20 años?
R: Si empezara ahora, no sé si me animaría tanto. Tuve la suerte de que mi biografía profesional coincidiera con la mejor época para hacer periodismo en España, justo en la Transición. Hoy veo impactos muy fuertes contra la profesión: la crisis de las empresas hace perder independencia, y las nuevas tecnologías ayudan a la precipitación, a la poca comprobación y al clickbait. Todo el mundo quiere exagerar; a cualquier cosa le llaman "el gol que da la vuelta al mundo".
P: Hablemos del término "Villarato", que usted acuñó. ¿En qué consistió exactamente?
R: Lo pasé mal con el Villarato, pero me he sentido muy gratificado cuando se descubrió el pastel del 'Negreirato'. Yo no empecé a hablar de Villarato por favores arbitrales al Barça, sino por la manera de gobernar de Villar, prolongada en el tiempo a base de repartir favores. A partir de cierto momento, noté que los árbitros favorecían mucho al Barça y perjudicaban al Madrid, y todo se mezcló. Mucha gente pensó que era un truco periodístico malévolo, pero al destaparse lo de Enríquez Negreira me he sentido ratificado.
P: ¿Hacia dónde cree que va el 'caso Negreira'?
R: Me temo que va a quedar colgado. El fraude deportivo caduca a los tres años. Esperaba que la UEFA echara al Barça un año de Europa, pero no se decidió y creo que pasará sin nada. Posiblemente ningún árbitro haya cobrado directamente; bastaba con que supieran por dónde soplaba el viento para que muchos tiraran hacia allí para favorecerse en sus ascensos.
P: Si el "Villarato" fue su mayor acierto periodístico, ¿cuál ha sido su mayor "patinada"?
R: Hubo una cosa que inventamos en el AS, la "Liga del clavo ardiendo", con Tomás Roncero y Toñín el Torero. Insistieron tanto en hacer una sesión de ouija para hablar con el espíritu de Juanito... Fue de muy mal gusto, estuvo mal hecho y es algo que no volvería a hacer.
P: Analizando al Real Madrid de esta temporada, ¿qué le ha pasado al equipo?
R: Tiene fácil explicación: no se ha hecho bien el equipo. Al declinar Kroos y Modric, se pensó en armar un equipo de energía y presión con Valverde, Tchouaméni y Camavinga. Pero esa manera de jugar tan agobiante solo funciona si los de adelante también lo hacen. Si arriba tienes a dos haciendo el vago, el equipo tiene que retroceder. Al final, se queda sin juego y sin esa capacidad feroz de presión.
P: Entre Mbappé y Vinicius, ¿a quién priorizaría?
R: El concepto del equipo está mal desarrollado. Vinicius me parece un jugador extraordinario y más constante. Mbappé es una especie de cometa que no sabes si va a caer en Manhattan o en el desierto de Arizona: de repente te gana un partido o te monta un follón.
P: De cara al próximo Mundial, ¿cómo ve a la Selección Española?
R: La veo bien, con mucho orden de juego. Luis de la Fuente ha conseguido una maquinaria perfecta. Antes le veía un déficit en el delantero centro, pero Oyarzabal está jugando mejor que nunca. Sumado a Lamine, Nico Williams y los seis o siete jugadorazos que tenemos en el medio campo, veo a España claramente entre las candidatas.
P: Ahora que el Mundial se amplía a 48 equipos, ¿siente que pierde su misticismo?
R: Creo que son demasiados, pero vamos a verlo. Todo en el fútbol moderno parece que va a ser excesivo y luego lo acabamos digiriendo porque nos apasiona. Ya pareció mal llevar el Mundial a Estados Unidos en el 94, y al final resultó ser un gran escenario.
P: Para terminar, ¿cuál es el mejor partido de fútbol que ha visto en su vida?
R: Casi te diría que el de la semana pasada, aquel 5-4 (que fue la ida de semifinales de Champions entre el PSG y el Bayern en París). Sé que ha habido partidos legendarios en la historia que no vi en directo, pero el del otro día me fascinó. Hubo seis u ocho jugadores con un día inspiradísimo y fue una maravilla de ver; una pena que solo fuera una semifinal y no una final.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google Discover
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.