La presente edición del prestigioso torneo madrileño ya partía con el difícil reto de lidiar con las notables ausencias de figuras primordiales para el espectáculo, como el español Carlos Alcaraz o el serbio Novak Djokovic. Sin embargo, nadie en la capital esperaba que el verdadero protagonista de la primera semana de competición fuera un implacable patógeno. La alarma sanitaria saltó de forma visible y dramática durante el enfrentamiento de la estadounidense Coco Gauff contra la jugadora rumana Sorana Cirstea.

La actual número tres del ranking mundial femenino experimentó un episodio límite frente a los ojos de los miles de espectadores presentes en la pista Manolo Santana. Tras ceder el primer parcial por 4-6, la norteamericana acudió a los vestuarios, donde posteriormente confesaría haber vomitado y llorado por la impotencia. Lejos de rendirse, Gauff regresó a la arcilla, llegando incluso a tener que apartarse hacia una papelera junto a los banquillos en pleno segundo set para seguir expulsando líquidos. "Físicamente, creo que nunca me había sentido tan mal en una pista. Literalmente ha sido sangre, sudor y lágrimas", reconoció la deportista tras culminar una heroica remontada que cerró con un 7-5 y 6-1 a su favor.

Sin embargo, la titánica gesta de Gauff es solo la punta del iceberg de una plaga que está diezmando los cuadros principales de ambas categorías. La indisposición de la estadounidense no es un caso aislado, sino que ya se contabiliza a media docena de profesionales del circuito damnificados por este severo virus estomacal. Entre los nombres más destacados que han caído víctimas de esta situación se encuentra la número cuatro del mundo, Iga Swiatek, quien se vio obligada a retirarse en plena tercera ronda al verse sin fuerzas físicas para continuar golpeando la pelota.

En la misma línea, la también estadounidense Madison Keys tuvo que hacer las maletas sin ni siquiera llegar a pisar la tierra batida para su debut. En el cuadro masculino, el veterano tenista croata Marin Cilic certificó su abandono aludiendo a síntomas idénticos, mientras que el francés Corentin Moutet logró terminar su respectivo partido, pero confesó abiertamente ante la prensa haber padecido un intenso malestar durante todo el desarrollo del juego.

El origen de este colapso físico colectivo es, a estas horas, el gran misterio que envuelve a la competición. Los síntomas reportados por los deportistas afectados coinciden casi en su totalidad: vómitos reiterados, episodios de diarrea aguda, sensación de fatiga extrema, debilidad muscular y, en los casos más graves, cuadros febriles. La principal incógnita que tratan de resolver a contrarreloj los expertos médicos del torneo es si se encuentran ante una intoxicación alimentaria masiva o frente a un virus infectocontagioso de rápida propagación.

Las teorías se multiplican dentro y fuera de las instalaciones, llegando incluso a las retransmisiones internacionales, donde el exjugador y comentarista Jim Courier aventuró que el causante de los males podría haber sido una partida en mal estado de tacos de gambas servidos a los jugadores. En el caso de tratarse de una intoxicación por alimentos mal refrigerados o envasados defectuosamente, los especialistas señalan a bacterias como la Salmonella, la Shigella, la temida E. coli o el Campylobacter, este último muy vinculado precisamente al consumo de mariscos.

El fantasma del norovirus y el precedente olímpico

Por otro lado, cobra cada vez más fuerza la hipótesis de que el culpable sea un patógeno de transmisión humana como el rotavirus o el norovirus, responsables habituales de este tipo de brotes fulminantes en entornos deportivos cerrados y de alta convivencia. De hecho, el mundo del deporte de élite acaba de vivir un episodio prácticamente idéntico durante el arranque de los Juegos Olímpicos de Invierno. En dicha cita internacional, la altísima capacidad de contagio del norovirus desató el caos organizativo dentro de la villa olímpica y obligó a paralizar la fase de grupos de la competición de hockey sobre hielo femenino.

En la cita invernal italiana, la selección de Finlandia se llevó la peor parte con hasta trece miembros de su expedición infectados o aislados de manera preventiva, lo que forzó la cancelación inmediata de su duelo ante Canadá para evitar poner en riesgo la salud de sus rivales. El goteo de casos salpicó también al combinado de Suiza, que registró un positivo en su plantilla y optó por la drástica decisión de ausentarse del desfile de la ceremonia inaugural para esquivar una propagación masiva, manteniendo además en vilo a los responsables médicos de Chequia por los contactos deportivos previos. Un espejo en el que el Mutua Madrid Open se mira ahora con enorme preocupación para blindar sus instalaciones y evitar que los vestuarios se conviertan en un foco de contagio incontrolable.

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