El Regate

Aday Mara, el rookie que quiere ocupar un vacío que España lleva años sin llenar

El pívot de Oklahoma City Thunder debuta con 12 puntos, 9 rebotes y 3 tapones mientras la Selección inicia su relevo generacional

El pívot de los Oklahoma City Thunder en su debut con España en las últimas ventanas FIBA. Europa Press.
El pívot de los Oklahoma City Thunder en su debut con España en las últimas ventanas FIBA. Europa Press.

Aday Mara necesitó poco más de 18 minutos en pista para dejar una primera señal de lo que puede ser su carrera en la NBA. En su estreno de pretemporada con los Oklahoma City Thunder ante New Orleans Pelicans, el pívot maño cerró su primera incursión en la galaxia del baloncesto con 12 puntos, 9 rebotes, 3 asistencias y otros tantos tapones. Lo hizo, además, sin fallo en el tiro, con un 5 de 5 en lanzamientos de campo y un 2 de 2 desde la línea de personal. OKC sucumbió ante la franquicia de la ciudad del Jazz por 110-116, pero el español acabó con un +13 en pista y una actuación prácticamente redonda para reforzar una expectativa que llevaba tiempo creciendo en torno a su figura.

Mara no llega sólo a ese relevo. España lleva varios años en barbecho, tratando de construir una nueva columna vertebral tras la retirada progresiva de los Juniors de Oro, que dominaron el baloncesto internacional durante más de una década, con permiso de Estados Unidos. Hugo González ya está asentándose en Boston. Sergio de Larrea fue elegido en primera ronda del Draft de 2026 y Mario Saint-Supéry ha ido ganando peso con la selección absoluta. El maño forma parte de ese grupo, pero su perfil es distinto. Se trata de un pívot de gran tamaño con capacidad para proteger el aro, pasar y finalizar en el poste bajo.

Un estreno que confirma algunas de sus virtudes

Su tarjeta de presentación ante New Orleans muestra por qué Oklahoma destinó su número 12 del Draft de 2026. Mara fue eficiente cerca de canasta, cargó el rebote y demostró que puede influri en el partido sin necesitar demasiadas posesiones. Sus tres asistencias y tres tapones completaron un debut de pretemporada inmaculado, aunque la muestra aún es muy pequeña para sacar conclusiones definitivas sobre su papel real durante la temporada.

Su salto a la NBA llega tras una temporada en Michigan State en la que terminó de consolidarse. Promedió 12,1 puntos, 6,8 rebotes, 2,4 asistencias y 2,6 tapones en 24,5 minutos por partido; siendo elegido el mejor defensor de la Big Ten además de ganarse un puesto en el tercer mejor quinteto de la conferencia. Michigan conquistó además tanto el torneo de la Big Ten como el campeonato de la NCAA.

Con una altura oficial de 2,18 en NBA y 2,20 en FIBA, Mara ofrece un perfil poco común en el ecosistema baloncestístico español actual. Su valor no se limita exclusivamente a su tamaño o a su amplia capacidad para influir en el aro tanto en ataque como en defensa, sino también en una combinación de factores que explican por qué su techo es más alto que el de otros jugadores de su generación.

España no necesita otro Gasol

Al mirar por la ventana de la Selección española se hace prácticamente inevitable establecer una comparativa con Pau y Marc Gasol. Al fin y al cabo, los dos hermanos fueron capitales en los éxitos de la generación más prolífica de la historia del baloncesto nacional. Mara no necesita parecerse a ninguno de ellos para convertirse en la vértebra que sustente el futuro proyecto del combinado nacional bajo las órdenes de Chus Mateo.

El vacío que puede llenar es más concreto. España lleva años en barbecho en posiciones interiores. No ha existido una figura joven que aglutine tamaño, capacidad de intimidación, lectura de juego y proyección NBA en un mismo perfil. Willy Hernangómez ha asumido ese papel durante años, con un peso clave en el juego interior del equipo. Santi Aldama ofrece un registro más alejado de la canasta, mientras que jugadores como Jaime Pradilla aportan soluciones diferentes. Mara, en cambio, añade una dimensión diferente tanto por físico como por protección del aro.

Sus primeros minutos con la absoluta ya dejaron algunas señales. En los dos partidos de clasificación para el Mundial de 2027 disputados ante Portugal y Grecia, Mara promedió 13,5 puntos, 9,5 rebotes, 1,5 asistencias y 2,5 tapones en 22,1 minutos por encuentro. Contra el conjunto luso firmó 12 puntos, atrapó seis rebotes y colocó cuatro tapones. Frente a la siempre temida selección helena, no se amilanó y acabó su concurso con un doble-doble (15 puntos y 13 rebotes). De hecho, en ese tramo fue el jugador español con mejor valoración media, además de máximo anotador, reboteador y taponador del equipo que dirige Chus Mateo. Cifras que deben degustarse a modo de aperitivo de lo que puede ser una larga y exitosa trayectoria.

Una generación que empieza a tomar forma

Lo cierto es que esa nueva selección no sólo cuenta con Mara como factor aislado. Hugo González, de 20 años, afronta ya su segunda temporada en una franquicia de máximo nivel y exigencia como los Boston Celtics, tras ser elegido en el puesto 25 del Draft de 2025. Su perfil exterior, físico y defensivo le sitúa también entre los nombres llamados a ganar peso en el futuro de la Selección. La comparación mediática le sitúa como una suerte de extensión de Rudy Fernández, con todos los matices y toda la distancia existente.

Sergio de Larrea, por su parte, conforma esa terna de nombres que insuflan algo de ilusión a un combinado nacional que busca nuevos nombres para asaltar de nuevo el cielo. Fue seleccionado en el puesto 25 del Draft de este año antes de que sus derechos acabaran en la cartera de los Dallas Mavericks. Otro de los nombres a apuntar en la lista es el de Mario Saint-Supéry, que ha ido asumiendo galones en el roster español y promedia ya 12,5 puntos en la actual fase de clasificación.

A ellos se suman perfiles que ya han entrado en dinámica de selección. No todos llegarán al mismo nivel ni seguirán la misma trayectoria, pero el relevo empieza a tener más nombres y registros que hace apenas unos años. Mara destaca dentro de ese grupo porque juega en una posición donde encontrar talento de élite resulta especialmente difícil. Un interior de más de 2,18 metros capaz de proteger el aro y participar en la circulación ofensiva tiene un valor incalculable tanto en NBA como en competiciones FIBA.

OKC puede ayudarle sin regalarle minutos

El contexto en Oklahoma también condicionará su evolución. Mara llega a una plantilla profunda, con competencia interior y sin necesidad de asumir un papel protagonista desde el primer día. Eso reduce presión, pero también limita oportunidades. Su estreno ante New Orleans mostró que puede producir con rapidez cuando entra en pista, aunque la pretemporada no permite anticipar cuántos minutos tendrá durante el curso. El reto estará en mantener impacto frente al ritmo NBA, especialmente cuando tenga que defender lejos del aro o enfrentarse a quintetos pequeños. Su ventaja es que ya está familiarizado con el baloncesto estadounidense por su trayectoria en las ligas universitarias.

También conserva margen ofensivo. En Michigan terminó con un 56% en tiros libres y un 30% en triples, aunque lanzó muy poco desde fuera. Más que convertirle en un pívot abierto, esas cifras muestran que su tiro todavía está en desarrollo. Ahí está probablemente su principal incógnita. Su protección de aro ya está más que documentada. La cuestión es determinar cuánto podrá sostenerla cuando el juego le obligue a salir de la pintura y responder ante exteriores más rápidos.

Una esperanza, que no certeza

España no necesita colocar toda la transición sobre Mara ni esperar que reproduzca una generación irrepetible. Lo que necesita es encontrar nuevas referencias y repartir responsabilidades entre jugadores con perfiles distintos. Mara reúne argumentos para convertirse en una de ellas: fue número 12 del Draft, mejor defensor de la Big Ten, campeón NCAA y ya ha tenido impacto en sus primeros partidos con la absoluta. Ahora ha añadido un debut de pretemporada NBA muy convincente.

Todavía tiene 21 años y apenas ha empezado su recorrido profesional en Estados Unidos. Precisamente por eso, lo más interesante no es presentarlo como el jugador que ya ha llenado el vacío, sino como uno de los nombres que empiezan a hacer pensar que España puede volver a construir desde dentro una nueva generación competitiva.

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Etiquetas Baloncesto