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Economía

La relojería pasa del coleccionismo a ser un activo de inversión: el "nuevo oro" que aupa las redes sociales y marcado por la especulación

La tendencia creciente del precio de muchos relojes de alta gama ha hallado un notable altavoz en formatos como 'reels', 'tiktoks' o 'shorts', despertando interés entre quienes diversifican su capital

Relojes de alta gama en un expositor

Relojes de alta gama en un expositor

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La 47th Street de Nueva York ha pasado de ser un enclave completamente desconocido para la gran mayoría a tornarse un lugar en el que atender qué dinámica está siguiendo el mercado entre aquellos que hallan en la relojería una forma de preservar o aumentar su capital. Habitualmente, los relojes se han encontrado más vinculados al mundo del coleccionismo que al de la inversión. No obstante, ante el creciente número de creadores de contenido que vienen apareciendo en las redes sociales, que muestran el valor que pueden llegar a adquirir estas piezas y el buen negocio que se puede hacer con ellas, empieza a ser un ámbito al que muchos miran cada vez más, aunque más por un interés económico que por el que pueda despertar el mecanismo que mueve las agujas, el entusiasmo por la historia detrás de cada marca o las singularidades que hay detrás de cada uno.

En los últimos años, el boom de las redes sociales está llevando a que cada vez sea más diverso el contenido que puede encontrarse en plataformas como Youtube, Instagram o TikTok. Son espacios en el que, además de videojuegos, deporte o lifestyle, las publicaciones dedicadas a finanzas e inversiones vienen cobrando gran protagonismo y, aunque no se encuentren directamente pensadas a enfocarse a ello, muchos de los vídeos que se publican a diario mostrando procesos de compra-venta de relojes de alta gama evidencian el elevado valor que tienen debido a su exclusividad, ya que las marcas limitan la fabricación para volver su escasez uno de los mayores atractivos. 

La volatilidad de los mercados lleva a muchos a buscar la manera de diversificar su capital con la intención de preservarlo frente a las variables que provocan los momentos de incertidumbre. En este sentido, la relojería ha pasado de formar parte de un nicho de coleccionismo a tornarse un activo de inversión.

Según explica Eddvyn Barrón Ortega, abogado, oficial de cumplimiento y CRO en Rextie, a ElPlural esta transformación exige cierta cautela. La consideración de Rolex o Patek Philippe como el “nuevo oro” para proteger capital, explica, “ha ganado terreno en la opinión pública”, pero analizar la alta relojería únicamente como un refugio financiero supone, tal y como incide, ignorar “la mecánica real de los mercados no regulados”. Desde su experiencia como especialista en banca, gestión de riesgos de crédito y prevención de lavado de activos, considera que invertir en bienes de lujo requiere mirar más allá de la evolución de su precio. "El sector de joyería y bienes de gran valor es considerado un sujeto obligado a implementar sistemas de prevención. La opacidad en las transacciones en efectivo y el uso de estos activos de alta densidad de valor para transferir riqueza de manera transfronteriza sin control aduanero estricto exponen a los compradores al riesgo de involucrarse involuntariamente en esquemas de blanqueo de capitales", recalca.  

En este sentido, Barrón Ortega apunta que la evaluación financiera debe atender a factores como “la capacidad de pago, la calidad de la cartera, el origen de los fondos y la liquidez real del activo en momentos de tensión económica”. Una perspectiva especialmente relevante cuando el interés por estas piezas deja de estar limitado a los coleccionistas y comienza a atraer a inversores que buscan nuevas vías para diversificar su patrimonio. "El salto de la relojería desde un nicho de coleccionismo exclusivo hacia un boom de inversión masiva responde a una mezcla de escasez artificial y distorsión especulativa", indica.

El experto atribuye parte de este auge a una combinación de escasez y especulación. Marcas como Richard Mille o Rolex limitan su producción, generando listas de espera que terminan alimentando un mercado secundario en el que, según explica, determinadas piezas pueden alcanzar precios que duplican o triplican los de venta al público. Para Barrón Ortega, la dinámica recuerda a la de otros mercados de activos, pues “la entrada masiva de actores atraídos por redes sociales eleva la volatilidad y expone al inversor a comprar en el pico del ciclo”.

La principal diferencia frente a otros instrumentos de inversión se encuentra en la capacidad de generar rentabilidad de manera previsible. “Un reloj conserva valor en el tiempo si existe demanda orgánica sostenida”, señala, aunque carece de “los flujos de caja y la previsibilidad implícita que exigimos al evaluar cualquier estructura financiera”. A ello se suman las particularidades contables, fiscales y normativas que implica incorporar estos bienes al patrimonio.

El mercado secundario también presenta riesgos. La proliferación de falsificaciones, señala, puede provocar pérdidas importantes para quienes compren fuera de los canales oficiales. Aunque el comprador puede recurrir a acciones civiles o denuncias penales en determinados supuestos, tal y como traslada la recuperación del dinero puede resultar complicada cuando la operación se realiza fuera de los circuitos de distribución oficiales.

Además, el experto llama la atención sobre las implicaciones relacionadas con la prevención del lavado de activos. El sector de joyería y bienes de gran valor está sujeto a sistemas de prevención específicos, mientras que las operaciones en efectivo y la facilidad para trasladar activos de elevada densidad de valor entre países pueden incrementar los riesgos de control.

Por todo ello, Barrón Ortega considera que la relojería puede representar una oportunidad comercial, pero no debe confundirse con los instrumentos financieros tradicionales. Quienes buscan proteger su patrimonio deben mantener una “gestión del riesgo rigurosa” y evitar que “el atractivo de un activo suntuario” termine ocultando las exigencias de cumplimiento, liquidez y sostenibilidad de su cartera.