El precio de la vivienda libre ha vuelto a crecer a ritmos que España no veía desde los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. En el primer trimestre del año, los precios subieron un 12,9% respecto al mismo periodo de 2025, según el Índice de Precios de Vivienda publicado por el Instituto Nacional de Estadística. La cifra iguala el avance registrado en el último trimestre del año pasado y confirma que el mercado residencial sigue instalado en una escalada que no da tregua.

El dato no es menor por su dimensión histórica. Ese 12,9% supone la mayor subida interanual desde el primer trimestre de 2007, cuando el precio de la vivienda libre avanzó un 13,1%, en plena antesala del pinchazo inmobiliario que marcó la economía española durante años. Sin afirmar que el escenario sea idéntico al de entonces, la comparación vuelve a encender una alarma conocida: la vivienda se encarece a una velocidad que tensiona cada vez más el acceso a la compra.

Doce años de subidas sin descanso

La escalada actual no es un episodio aislado, sino la culminación de una larga tendencia. Con el incremento registrado entre enero y marzo, la vivienda libre encadena ya 48 trimestres consecutivos de alzas interanuales. Dicho de otra forma: doce años seguidos de subidas. Una serie que ayuda a entender por qué el problema de la vivienda ha dejado de ser coyuntural para convertirse en una de las grandes fracturas sociales y económicas del país.

El encarecimiento golpea especialmente en un contexto de salarios que no han avanzado al mismo ritmo y de dificultades crecientes para ahorrar. Para muchos jóvenes y familias, comprar una casa se ha convertido en una carrera cada vez más lejana, condicionada por precios elevados, tipos de interés que aún pesan sobre la financiación y una oferta insuficiente en las zonas con mayor demanda. La vivienda, más que un activo, vuelve a funcionar como una frontera entre quienes ya están dentro del mercado y quienes no consiguen entrar.

El motor principal de esta nueva aceleración está en la vivienda usada. Según Estadística, la segunda mano se disparó un 13,5% interanual en el primer trimestre, cuatro décimas más que en el trimestre anterior y la tasa más elevada de toda la serie histórica, que arranca en 2007. Este dato resulta especialmente relevante porque muestra que la presión no se concentra solo en la obra nueva, sino en el parque residencial ya existente, donde se concentra buena parte de las operaciones de compraventa.

La segunda mano marca récord y extiende la presión

Mientras la vivienda usada bate máximos históricos, la vivienda nueva muestra una evolución más moderada. Su precio subió un 9,1% interanual en el primer trimestre, 2,1 puntos menos que en el trimestre anterior y su tasa más contenida desde el cuarto trimestre de 2023. La diferencia entre ambos segmentos apunta a un mercado donde la falta de oferta nueva sigue trasladando buena parte de la demanda hacia la vivienda de segunda mano, empujando sus precios hasta niveles inéditos.

El problema, además, ya no puede explicarse solo por la tensión de unas pocas grandes capitales. Todas las comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas registraron subidas interanuales positivas en el precio de la vivienda libre durante el primer trimestre. Y todas ellas, además, lo hicieron con incrementos de dos dígitos. La escalada, por tanto, se ha extendido por todo el mapa y confirma que el encarecimiento se ha convertido en un fenómeno generalizado.

Las mayores subidas se produjeron en Aragón y Murcia, ambas con un avance del 15,6%. También destacaron Castilla y León y Ceuta, donde los precios crecieron un 14,9% en los dos casos. Incluso las comunidades con incrementos más moderados se situaron por encima del 10%: Cataluña y Navarra avanzaron un 10,5%, mientras que el País Vasco registró una subida del 10,2%.

La fotografía que deja el INE es la de un mercado en plena tensión. La vivienda no solo se encarece, sino que lo hace de forma sostenida, extendida y a ritmos que remiten inevitablemente a los años de la burbuja inmobiliaria. La comparación con 2007 funciona como advertencia, aunque el contexto financiero, regulatorio y económico no sea el mismo. Entonces, el problema estalló por una combinación de crédito desbordado, sobreconstrucción y especulación. Ahora, el debate se concentra más en la falta de oferta asequible, el aumento de la demanda y la incapacidad del mercado para responder a las necesidades reales de vivienda.

El resultado, sin embargo, vuelve a ser socialmente reconocible: acceder a una casa es cada vez más difícil. La subida acumulada durante doce años ha convertido la vivienda en una de las principales fuentes de desigualdad entre generaciones, territorios y niveles de renta. Mientras quienes compraron antes de la escalada ven revalorizarse sus activos, quienes intentan acceder ahora al mercado se enfrentan a precios cada vez más alejados de su capacidad económica.

España revive así el vértigo de una etapa que creía superada. La vivienda vuelve a crecer como no lo hacía desde 2007 y lo hace tras doce años sin descanso. El dato del primer trimestre no solo actualiza una estadística: confirma que la crisis de acceso a la vivienda sigue agravándose y que el mercado residencial se ha convertido, de nuevo, en una de las grandes alarmas del país.

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