La Fórmula 1 llega este fin de semana (11-13 de septiembre) a Madrid para rodar por primera vez en el Madring, el nuevo circuito que ha estado en el punto de mira de los acólitos de la categoría reina del automovilismo y de los críticos por las dudas que ha generado el proyecto a nivel económico y administrativo. El primer examen del circuito será doble, tanto por los seguidores del deporte como por aquellos que juzgarán el desarrollo del evento y las consecuencias a su alrededor tanto en el corto como en el largo plazo.

En lo estrictamente automovilístico, la pista tiene su punto más icónico en La Monumental, la curva número 12 del trazado, muy prolongada, con un peralte del 24% y rodeada de gradas. Los primeros ensayos y tomas de contacto por parte de los pilotos han demostrado que es una pista muy exigente, complicada técnicamente y que se parece a pocas cosas que se hayan visto antes en la categoría. Será la segunda carrera de la temporada en España, después de que el Circuit de Barcelona-Catalunya fuera testigo de la primera victoria de Lewis Hamilton con los colores de Ferrari, y pondrá punto y final a la etapa europea del calendario.

"Es diferente, es una pista con carácter y carisma, con puntos muy diferenciados entre sí", decía Carlos Sainz ante la prensa el jueves. Los únicos pilotos que dieron alguna vuelta en el trazado antes del Gran Premio fueron Lewis Hamilton y Charles Leclerc en julio, cuando estuvieron grabando algunas imágenes, el circuito todavía no existía del todo y el siete veces campeón del mundo se quejaba del poco agarre en el asfalto. Algo en lo que todos los pilotos coinciden es en que, si hay que buscar alguna comparación al Madring, quizá lo más próximo sea el circuito de Jeddah en Arabia Saudí, en cuanto a las particularidades del trazado y de la exigencia técnica que ambos comparten al pasar tan cerca de los muros a altas velocidades.

La 'cara B' del Gran Premio

Pero detrás del glamour y de la espectacularidad que trae consigo un evento automovilístico de este calado, hay otros problemas que no son tan visibles, pero que son sensibles para la ciudadanía. Uno de los temas que más controversia ha generado ha sido el del ruido que generan los monoplazas: quienes viven en los aledaños del espacio en el que se encuentra el circuito temen la elevada acústica que puede llegar a haber durante la celebración del evento, y es que los ensayos que se han llevado a cabo hasta la fecha dejaron decibelios muy por encima del límite establecido para zonas residenciales.

En este sentido, a finales de agosto se desarrollaron los ensayos para las carreras de Fórmula 3, cuyos coches tienen mucha menos potencia que los de Fórmula 1. Pese a ello, el ruido era claramente superior al permitido para áreas residenciales. Concretamente, si se atiende a la medición que ejecutó la Plataforma Stop Fórmula 1 de Madrid, creada exclusivamente para paralizar el evento, los decibelios a casi tres kilómetros de IFEMA fueron de 102,7 de media, a pesar de que el límite es de 55 decibelios durante el día y 45 de noche para zonas residenciales. La oposición ha exigido constantemente transparencia acerca de las afecciones acústicas, de movilidad, ambientales, de limpieza y emergencias registradas antes, durante y después de las pruebas del GP.

Por otro lado, otro pregunta también está sobre la mesa y, además, marcada por la ausencia de información: ¿Cuánto ha costado, o va a costar, la Fórmula 1 a los madrileños? Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida han hablado siempre de ‘coste cero’ a las arcas públicas, pero no ha sido así. Por una parte, Más Madrid cifra el coste total en más de 470 millones de euros, un dato que divide entre 200 millones respecto de las obras públicas vinculadas de forma directa o indirecta al evento, y 270 que relaciona con todo lo relativo a la concesión.

La plataforma vecinal mencionada, por su parte, ha publicado un informe según el cual los gastos se situarían en los 319 millones de euros, entre “las obras de infraestructuras necesarias para construcción y posterior reposición de infraestructuras”; la “ampliación de los pabellones 1 y 2, para boxes, Paddock Club y otras áreas VIP, por más de 82 millones”, el “montaje y posterior desmontaje de 11 pasarelas peatonales, por casi 27 millones” y “otros muchos gastos que no se han hecho públicos”, entre los que Stop Fórmula 1 Madrid destaca un contrato con la empresa estadounidense que gestiona los derechos de la competición, Liberty Media, y que “según muchas estimaciones, supondrá unos 48 millones de euros adicionales cada año de los diez durante los que que se pretende celebrar la competición”.

IFEMA, consorcio participado de forma conjunta, entre otros, por Cibeles y Sol, habría aportado más de 130 millones de euros solo para adaptar un circuito cuya construcción habría costado otros 83 millones de euros. A este dinero habría que añadir actos, promociones y otras cuestiones que se sumarían al montante total. Sea cual sea el coste último, no va a ser cero. Paralelamente, el beneficio estimado del evento rondará los 467 millones de euros y unos 8.500 empleos, así como una aportación directa de 85 millones de euros a las arcas públicas. Para ello se amparan en las previsiones de la PwC, si bien voces críticas dudan del resultado. "No hay un solo informe público que nos diga de dónde sale todo ese dinero que dicen que va a venir a Madrid. No hay cuantificación rigurosa en ningún informe público de la Comunidad de Madrid", dictaba hace unos días Emilio Delgado, diputado de Más Madrid.

Así las cosas, sembradas quedan las dudas, tanto sobre quién será el piloto que suba al escalón más alto del podio y los que lo acompañarán, como sobre cuáles serán las consecuencias económicas, administrativas y judiciales que deje el macroproyecto deportivo, para bien o para mal.

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