Ya no es un rumor. La inquietud es palpable entre los cuadros de Junts per Catalunya. El fenómeno Silvia Orriols ha permeado entre el electorado catalán y así lo ha reflejado el Centro d’Estudis d’Opinió (CEO) esta misma semana. El CIS catalán ha encumbrado a Aliança Catalana y lo ha hecho empatando a la fuerza xenófoba e independentista con uno de sus principales competidores. Las siglas que encabeza Carles Puigdemont desde el exilio no es que ya no movilicen lo suficiente, sino que sus mensajes no llegan o si lo hacen, un nutrido grupo de catalanes los desecha. De celebrarse elecciones autonómicas ahora, los juntaires perderían 16 diputados y quedarían empatados en tercera posición con la papeleta de la alcaldesa de Ripoll. Situación delicada que ha desatado un estado de incertidumbre entre los neoconvergentes que amenaza con trascender las fronteras del miedo y del malestar.
El Mundo cita a fuentes del partido de Puigdemont que expresan en privado su disconformidad con la deriva de la formación en esta legislatura. Admiten entre bambalinas que – por el momento – no hay muchos que se atrevan a elevar la voz, pero quienes lo hacen, airean problemas de calado. Concretamente de credibilidad e incluso de falta de confianza del electorado en los liderazgos del partido, cuya cúspide se mantiene desde hace prácticamente una década. Con matices, eso sí. El análisis que hacen en Junts pivota sobre el efecto luna de miel que provoca un partido nuevo como Aliança, que genera más confianza en su máxima mandataria (Silvia Orriols) que en el expresident de la Generalitat.
A este diagnóstico le sucede la sensación de la falta de consistencia en el mensaje. Estos altos cargos lamentan que han defendido una cosa y la contraria en multitud de ocasiones; partiendo de la base de que no aplicaron el mandato del 1-O pese a hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez. La estrategia del cobro por adelantado de la investidura no ha funcionado, habida cuenta de que justifican su ruptura con el PSOE con arreglo a los “incumplimientos” del acuerdo firmado con los socialistas. En consecuencia, un discurso que cuestiona la gestión de un Carles Puigdemont alejado de la realidad catalana en su jaula de cristal de Waterloo.
El oficialismo trata de echar algo de agua al guiso, dibujando una suerte de campaña contra Junts orquestada por el president de la Generalitat, Salvador Illa. El entorno de Puigdemont cree firmemente que el PSC ha inflado las cuentas demoscópicas de Aliança como venganza por romper el pacto de investidura con Ferraz en la bautizada como “operación encuesta”. Pero tal justificación se choca contra algunos cuadros del partido, que se niegan a creer que todos los sondeos estén manipulados y disparen a los de Orriols sin ningún tipo de base.
Tirón de orejas
De ahí que tras la publicación del CIS catalán se inicie el goteo de antiguos pesos pesados del partido llamando a la reacción, como es el caso del predecesor del propio Puigdemont, Artur Mas. El expresident de la Generalitat elevó el tono con un mensaje directo a la dirección del partido, urgiéndola a tomar decisiones y “reaccionar” de inmediato para frenar la sangría. El último líder de la antigua Convergència aseguró que él ya advirtió “hace 20 años” que “no todo el mundo cabía en Cataluña”. Líneas que ahora defiende la alcaldesa de Ripoll con su formación. Ante las cámaras de Cafè d’Idees, advirtió que este empate con AC es un “toque de atención” que lo único que prueba es que siempre hay capacidad para remontar el partido.
No obstante, considera que la tendencia alcista de los de Orriols no es un problémica endémico de Junts, sino que es “generalizado”. En consecuencia, un reflejo del desgaste de los partidos tradicionales ante la falta de toma de decisiones importantes. Una chispa que encienda la mecha de la reacción porque “siempre hay tiempo”. En la línea de la publicación de El Mundo, Mas admite la desconfianza hacia Junts. Incluso subraya que sus raíces son profundas; máxime cuando se ha sabido trasladar una respuesta adecuada a “las fallas del sistema”.
Acto seguido cargaba contra los cordones sanitarios y aconsejaba a Junts que reprima cualquier tentación de construirlos en torno a la formación de Orriols o partidos de extrema izquierda. Cree que tales estrategias vigorizan a los partidos y los hacen crecer. La respuesta – entiende el expresident – ha de ser más democrática. Es decir, evitar un pacto de primeras para poder confrontar mensajes porque “hay argumentos sólidos para combatir sus tesis”. En este sentido, llama a los juntaires a poner “líneas verdes” con esta clase de formaciones para construir un marco de entendimiento que es realizable, aunque conlleven “renuncias”.
El campo de la migración es el que ha provocado que la opción de Orriols florezca, pero Mas cree que este debate “no es nuevo” y que el sistema actual provoca “un gran descontrol”. Por ello, ha urgido ha construir pactos de país, que también respondan a las necesidades de “vivienda, financiación y fiscalidad” como método para frenar la sangría demoscópica que se ha instalado en Junts.
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