José Luis Rodríguez Zapatero, en un momento de la entrevista con Enric Sopena. (Foto: ELPLURAL.COM) José Luis Rodríguez Zapatero, en un momento de la entrevista con Enric Sopena y Marisu Moreno. (Foto: ELPLURAL.COM)



El padre de la patria, o uno de los padres de la patria, Miguel Roca, dice que no ve posible otra Constitución de amplio consenso, justo ahora con el conflicto catalán, de los independentistas catalanes, muy preocupante. Usted está en el medio del tema, unos dicen que la culpa fue suya por haber dado un empujón al Estatut y los otros dicen que no fue capaz de plantarse y ver otros caminos de concordia. ¿Cómo ve la situación con respecto a Cataluña y España?
Hay que volver a un diálogo y a un acuerdo entre nacionalistas, CiU, autonomistas, PP y federalistas, PSOE. Éste triángulo es el que ha sostenido el esquema constitucional. Ahora hay un parte que es el nacionalismo que parece ir hacia el independentismo y hay que recuperarla volviendo a sentarse. ¿Cuál es el cauce? En mi opinión. Reformar la Constitución en aspectos concretos, que reconozca la identidad de Cataluña y zanje alguna cuestión que invalidó el Tribunal Constitucional con la sentencia del Estatut.

El Estatut fue un punto de encuentro. No nos olvidemos. Pero el tribunal Constitucional anuló algunas cosas que afectaron de manera muy intensa a la sociedad catalana. Y esto es lo que hay que recuperar. Entre otras cosas, que no pueda ser que se reforme un estatuto, se vote por los ciudadanos y luego se pronuncia el Constitucional.

¿El federalismo podría ser una buena fórmula? ¿Es posible hacerlo?
El federalismo está en nosotros. En el modelo que hemos hecho. ¿Qué es federalismo? Es acordar, pactar  y respetar. Un acuerdo para convivir para tener un proyecto común y a la vez un amplio margen de respeto, a la identidad, a reglas propias y a gobiernos propios... Eso es el federalismo, lo que supone como espíritu que al final es lo que cuenta.  Aunque algunos no lo quieran reconocer. Parece que en España tiene una connotación un poco extraña. Y es absurdo, pero bueno... Es como cuando yo dije, soy republicano. No me refería a la forma de estado. Me refería al pensamiento republicano, que es el origen del pensamiento democrático.

Ya antes de la crisis, pero especialmente durante la crisis, el PP y sus potentísimos medios de comunicación le convirtieron en poco menos que Luzbell. Al mismo tiempo, parte de la izquierda también le dio la espalda…
La izquierda me ha criticado a partir de mayo de 2010, por los recortes. Hasta ese momento yo noté un buen apoyo de la izquierda en general. No me entusiasma pero es sano para la democracia. Creo que hay razones para criticar y abrir ese debate. Que si aquello fue una entrega o si debía haberme opuesto. Yo lo asumo porque creo que es bueno para la izquierda. Es como el debate de la reforma de la Constitución. A la que dedico en el libro una parte muy densa porque sé que en la izquierda es un tema polémico. Mantengo una posición digamos un poco improbable, me he empleado a fondo porque creo en ella. La izquierda, y afortunadamente en la Conferencia Política se han puesto algunos dedos en la llaga, tiene que ser protagonista de un debate intenso sobre redistribución de ingresos, política fiscal o laicismo.

Rubalcaba ha anunciado su intención de que esta vez sí se acabará el concordato. ¿Por qué usted no lo hizo?
Me parece bien renovar el marco de diálogo que hay con la Iglesia católica. La Constitución establece que estamos en un estado aconfesional y que hay que una relación singular con ella pero no tiene por qué ser el Concordato. Abogo por un tipo de relación de menor nivel.  No podemos ignorar la realidad, tienen educación, tienen patrimonio…

Yo no lo modifiqué porque estuve más volcado en hacer leyes que suponían cambios más directos en la vida de los ciudadanos, en sus derechos, la ley matrimonios homosexuales, la ley de igualdad, la reforma de la ley del aborto en una ley de plazos, educación para la ciudadanía... De esta manera se demostraba que vivíamos en una España laica, como prometí en mi discurso del 35 Congreso, cuando hacía mucho tiempo que no se hablaba de la España laica. Es curioso pero hubo unos siete delegados que en los pasillos me confesaron que me votaron por citar la España Laica.

Y luego la derecha le llamó masón…
No he conocido nunca a ningún masón en mi vida. Ni he tenido relación. Incluso estando en Moncloa en algún programa vi que se decía. No lo combatí porque no tenía ningún sentido. Lo que sí recuerdo es que los obispos se manifestaron contra algunas leyes del Gobierno y eso no es muy frecuente.

Con respecto a la ley de matrimonios homosexuales, en la que usted fue pionero, son muchos los ciudadanos que se lo agradecen a pesar del disgusto de los obispos y la derecha...
Es una ley que en la calle me ha dado muchas satisfacciones. Hace dos meses, en Bruselas di una charla y se me acercó una chica que me dijo que no era del partido pero que quiso estar allí, acompañada de su pareja, otra mujer, y su hijo, un bebé de cuatro meses. Vino a darme las gracias por haberlo hecho posible.

Esto es la política, poder cambiar la vida de la gente, que sean felices y vivan con dignidad.  Siempre digo, no critiques la política como concepto. Luego, si quieres, critica a un político determinado.

¿Qué le parece el nuevo Papa?
Una gratísima sorpresa. Su discurso está siendo renovador, valiente. Me gusta mucho y va a ser muy importante para los católicos. Ojalá sea ese el rumbo que tome la Iglesia católica.

¿Cómo ve al partido?
Una trabajadora del Consejo de Estado me dijo hace una semana. Tenía usted razón. Había que tener paciencia pero esto está cambiando. Creo que desde hace dos meses esto empieza a tener cuerpo. En parte por la conferencia política, por la idea de participación y por el debate, no por los discursos. Ha habido más de 2.000 personas reconciliándose. El PSOE es de la gente, es un partido de abajo hacia arriba. Cuando la gente ve cuando el partido se abre y debate, hay un acercamiento.

Por otro lado, el fenómeno de Andalucía, de Susana, ha sido muy positivo. Se pone de manifiesto que el PSOE tiene una gran cantera. Es un partido con una fuerza social impresionante.

Ya han pasado dos años desde las elecciones y estamos en la dinámica de la recuperación. El día que hagamos las primarias, con el voto de los simpatizantes y espero que haya unas reglas innovadoras para que haya debate público entre los candidatos. Eso va a ser una inyección de vitalidad democrática y de recuperación de la afección al sistema política. Tiene que haber unas grandes primarias gane quien gane.

Tú los sabes bien esto de ganar unas primarias…
El PSOE siempre va el primero. Mi elección fue un primer paso de democratización interna. Se votó con delegados entre 1.000 personas y ya hicimos campaña entre las federaciones. Ahora vamos a ver a un millón de simpatizantes, que es mi cálculo, votando, diciendo yo  estoy con ellos, me dan el derecho de elegir el líder y lo voy a ejercitar. Estoy muy esperanzado en que el PSOE se va a situar en una muy buena situación en las elecciones municipales, autonómicas y generales. Siempre he sido optimista. Como dijo Winston Churchill, soy optimista, no veo otra manera de ser útil.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM y Marisu Moreno, directora adjunta