Tercera jornada electoral autonómica en cuatro meses. Formaba parte de un plan concebido en las entrañas de Génova. Una jugada maestra del equipo de estrategas del Partido Popular que buscaba no sólo desgastar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con vistas las generales del 2027, sino también evidenciar el desarraigo del electorado hacia el Partido Socialista. Una tentativa para inocular un relato que permanece en cuidados intensivos desde que nació, a la vista de los resultados de las primeras contiendas en Extremadura – al filo de la repetición electoral – y en Aragón. Sendos comicios no fueron mensajeros de buenas noticias para los conservadores, que “alimentaron al monstruo” de Vox hasta hipertrofiarlo. Este 15 de marzo, en Castilla y León no sólo se la juega un Alfonso Fernández Mañueco al que la campaña se le ha hecho como una Edad en la Tierra. El líder popular, Alberto Núñez Feijóo, tiene la tercera reválida de su plan y los indicios apuntan a un escenario similar o incluso peor para sus intereses, con un PSOE que en absoluto se asemeja al extremeño o al aragonés.
Las buenas gentes de Castilla y León están llamadas a las urnas en un 15 de marzo con elevadas dosis de thriller político. No por una cuestión de gobernabilidad, que también, sino porque el Partido Popular tiene ante sí a un viejo enemigo con el que no esperaba toparse en este ciclo electoral. Los conservadores detectaron el desgaste del PSOE y se abalanzaron sobre su presa traicionados por un hambre cortoplacista. Diseñaron una maratón democrática con la esperanza de debilitar a un Pedro Sánchez que resiste a golpe de rebeldía antiimperialista. La táctica pasaba por ahí, pero no contaron con la efervescencia de Vox que, empujados por el cesarismo de su líder, Santiago Abascal, confirmaron su buen momento demoscópico en diciembre y en febrero; a la espera de hacer lo propio en marzo. He ahí el quid de la cuestión y donde los problemas ahogan a un PP incapaz de deshacerse de las ataduras ultraderechistas durante una campaña que se le ha hecho extremadamente larga al candidato a la reelección.
El erial a la izquierda del Partido Socialista, con sus fuerzas enfrascadas en una guerra civil incesante, lamina las opciones del progresismo a destronar a Mañueco. Todo apunta a que el presidente de la Junta revalidará su cargo. Lo que está en cuestión es conocer el precio final. Un importe que dependerá en buena medida de si Vox mantiene la dinámica creciente de este ciclo electoral y todas las encuestas señalan en la misma dirección. Abascal ha reciclado la estrategia – incluso los discursos – de los dos comicios anteriores. Un batiburrillo de salvas en favor del campo, retórica antiinmigratoria y estatal cuando tocaba impulsan a la extrema derecha a proyecciones superiores a los 20 puntos porcentuales. Números que corroboran el extraordinario momento de forma de los ultras, eclipsando todo el ruido de las batallas intestinas con pesos pesados del partido como Javier Ortega Smith o José Ángel Antelo – en Madrid y Murcia, respectivamente -.
Un camino de piedras
En este terreno de juego se ha movido un Partido Popular a bandazos en su estrategia. Arrancaron la campaña – cartelería pre tecnológica mediante – con el mismo objetivo del que partieron María Guardiola y Jorge Azcón: gobernar en solitario sin los grilletes de Vox. Los dos barones fracasaron estrepitosamente con sus planes de huida, nutriendo de más efectivos a sus carceleros parlamentarios. De ahí que Génova corrigiera el rumbo y tratara de imponer el relato de estabilidad. La dirección nacional dio orden a su guardia pretoriana en Madrid, así como a sus huestes en Castilla y León, de recordar la ruptura de los ultraderechistas allá por 2024, cuando Bambú ejecutó todas las coaliciones territoriales con los populares. La intención pasaba por inocular la idea de que Vox coordina sus acciones políticas en función de los intereses centralistas de su líder en su campaña por hacerse con la hegemonía de la derecha.
La imagen de gestión se ha acompasado con una batería de propuestas vacías de Mañueco, quien redobló su presencia en según qué foros mientras se ausentaba de los cara a cara que ofrecía RTVE. Un catálogo de ofertas variopintas que transitaba desde el espectro universitario, al carnet de conducir e incluso a los gimnasios. A todo ello se sumó una rebaja de las expectativas. Un aprendizaje de Extremadura y Aragón que obligó a los populares a darse por satisfechos con los 31 procuradores que actualmente sienta la Junta de Castilla y León.
Hay partido
Esta vez, las calculadoras en Génova no sólo observan a Vox, sino también a un PSOE que en absoluto se parece a sus hermanos extremeños o andaluces. La hegemonía del PP en uno de sus feudos clásicos empuja en cierto modo a la formación socialista, renovada con el intercambio Tudanca – Martínez. De hecho, el exalcalde de Soria ha tomado un papel protagónico en la campaña, rompiendo moldes con sus predecesores y rentabilizando la redoblada presencia de Pedro Sánchez u otros pesos pesados del partido como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero e incluso Óscar Puente. Todos ellos, presentes en un cierre de campaña por todo lo alto que manda al PP el mensaje de que no está todo el pescado vendido.
Desde el entorno socialista ya avanzaban que el cuento sería diferente en Castilla y León. No se trataba de una mera percepción o intento de enchufar al electorado progresista de la región, sino que se sustentaba en datos. El PSOE ha engrasado su maquinaria para el 15M con el escenario geopolítico como correa de transmisión de su retórica que sitúa a sus siglas como el dique de contención al trumpismo o a la Internacional Ultraderechista que encabeza el propio magnate. El jefe del Ejecutivo sacó lustre al ‘no a la guerra’ de Zapatero para plantar cara al imperialismo yankee, mezclándolo con un relato de optimismo e ilusión más creíble que en los episodios electorales previos. Recuperó la bandera – enseña capitalizada por la derecha y la ultraderecha – para enfatizar la colisión con Washington, resignificar el concepto de patriotismo frente a las soflamas vacías del flanco diestro y blindar la soberanía nacional.
Por su parte, Martínez ha marcado el peso del relato territorial, desnudando la estrategia de Mañueco y arrinconándole contra su esquina del cuadrilátero. El candidato del PSOE acentuaba esa sincronía con la ciudadanía fruto de “mucho trabajo” y “muchos kilómetros” para combatir el mensaje de que sus siglas estaban “amortizadas” tras varios años de zozobra y cierto conformismo. Aun con todo, cree que quien ha evidenciado signos de agotamiento es precisamente un Mañueco al que “se le ha hecho muy larga la campaña”.
Un campo de juego, múltiples focos de acción
Con todos estos ingredientes se cuece a fuego lento una jornada electoral que promete sorpresas. A diferencia de Extremadura y Aragón, Castilla y León la conforman nueve provincias y en un grueso de ellas hay mucho en juego. Más allá de que en esta contienda se aumenta el número de procuradores a 82 – Segovia suma uno más – se espera un baile de escaños interesante y que aprieta aún más las expectativas.
Uno de estos focos está en Soria, donde la plataforma provincialista Soria ¡Ya! podría retroceder con respecto al 2022. Con sólo cinco procuradores en juego, la demoscopia augura que tendrán complicado mantener los tres asientos cosechados en las pasadas elecciones. Se espera que Vox irrumpa en la provincia, pero la redistribución del voto podría afectar positivamente al PSOE. Además, se espera que las fuerzas a su izquierda se queden sin representación, lo que podría potenciar sus posibilidades. Las proyecciones apuntan a unos 1.000 votos en la disputa por ese segundo sillón en las Cortes.
Por su parte, en Ávila, la pugna por el último procurador está más que ajustado. Partido Popular y Por Ávila – escisión de los conservadores – porfían por ese asiento. Algo similar ocurre en Zamora y Palencia. En este último caso, PSOE y Vox pelean por ese último procurador, con una marca objetivo de 1.500 sufragios. Además, los socialistas arañan también el cuarto en Salamanca y el tercero en Segovia (1.100 y 2.000 votos respectivamente). En León, en cambio, se prevé que la Unión del Pueblo Leonés (UPL) mejore sus prestaciones debido a la gestión de los incendios forestales del Gobierno de Mañueco.
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