Manuel León Gómez ha vuelto por fin a casa. Ocho décadas después de desaparecer de la vida de los suyos, sus restos han sido entregados este viernes a su familia en Valenzuela de Calatrava, el municipio de Ciudad Real del que fue arrancado tras el final de la guerra civil y al que nunca pudo regresar con vida. El acto ha puesto fin a una ausencia forzada que ha atravesado generaciones y que ha simbolizado durante décadas el silencio impuesto por la represión franquista. La entrega se ha producido en el Ayuntamiento de Valenzuela de Calatrava, en un acto cargado de emoción y memoria, tras la exhumación e identificación de sus restos en la antigua prisión franquista de Orduña. El procedimiento ha sido posible gracias al trabajo del Gobierno Vasco, que ha culminado un proceso de localización que ha permitido cerrar una herida abierta desde 1941.
Manuel León Gómez, casado y padre de dos hijos, ingresó en la Prisión Provincial de Almagro (Ciudad Real) el 1 de mayo de 1939, cuando la guerra ya había terminado. Fue acusado de adhesión a la rebelión y condenado a 30 años de prisión en un contexto en el que miles de personas fueron represaliadas no por delitos cometidos, sino por ideas, militancia o simples sospechas. El 7 de diciembre de ese mismo año fue trasladado a la Prisión Central de Orduña, donde murió el 19 de abril de 1941, a los 57 años, según el certificado oficial de defunción.
Durante el acto, un vídeo elaborado por la propia familia ha puesto rostro y voz a una historia marcada por la precariedad, el miedo y la ausencia. En él se ha recordado cómo Manuel León fue detenido sin un motivo claro y cómo permaneció preso en Almagro mientras su hija, con apenas diez años, recorría a pie y a diario el camino que separa Valenzuela de Almagro, para llevarle comida. Un día, al llegar a la prisión, le dijeron que su padre ya no estaba allí. Había sido trasladado a Orduña. Desde entonces, la familia no volvió a saber nada de él. Se quedaron sin padre, sin marido y sin sustento, aprendiendo a sobrevivir sin respuestas durante décadas.
Una recuperación posible gracias al Gobierno Vasco
La consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco, María Jesús San José, ha sido la encargada de entregar los restos a los familiares de Manuel, en un acto en el que también han estado presentes el vicepresidente segundo del Gobierno de Castilla-La Mancha, José Manuel Caballero, y el alcalde del municipio, Honorio Cañizares.
San José ha recordado que Manuel León fue detenido cuando muchos pensaban que lo peor ya había pasado. Ha señalado que fue arrancado de su pueblo y de su familia y que, tras un largo peregrinaje por campos de concentración repartidos por España, murió de hambre y frío en Orduña. Ha defendido que las políticas de memoria "no buscan revancha, sino justicia", y ha subrayado la necesidad de explicar a los jóvenes que el único delito de muchas de estas personas fue defender ideas como la igualdad o el reparto de la tierra.
Por parte del Gobierno regional, el vicepresidente segundo de Castilla-La Mancha ha pedido disculpas en nombre del Estado español por haber tardado más de 85 años en ofrecer una sepultura digna a Manuel León Gómez. Ha reconocido que se ha llegado demasiado tarde para resarcir el daño causado a su familia y ha insistido en que estos actos no reabren heridas, sino que ayudan a cerrarlas. También ha recordado que en la provincia de Ciudad Real hubo más de 4.000 represaliados, la mayoría tras el final de la guerra, un dato que desmonta los discursos negacionistas que todavía hoy minimizan la represión franquista.
En representación de la familia, la nieta de Manuel, Encarna Donoso León, ha agradecido la implicación del Ayuntamiento, del Gobierno Vasco y de todas las personas e instituciones que han hecho posible la identificación de los restos. Ha señalado que este momento permite cerrar una etapa de dolor y silencio y hacerlo en paz, destacando que su abuelo podrá descansar junto a los suyos después de más de ocho décadas.
El alcalde de Valenzuela de Calatrava, Honorio Cañizares, ha subrayado que el regreso de Manuel León reafirma el compromiso de que ninguna víctima quede en el olvido y ha agradecido la colaboración institucional del Gobierno Vasco. Manuel León Gómez ha vuelto ahora con su nombre, su historia y su dignidad a un lugar del que nunca debió ser arrancado.
24 víctimas identificadas de la Prisión Central de Orduña
Los restos mortales de Manuel León Gómez fueron recuperados en la primera exhumación realizada en el cementerio de Orduña en 2014, una intervención en la que se localizaron los restos pertenecientes a 14 personas. Tras aquel proceso, sus restos fueron inhumados en el Columbario de la Dignidad en 2022, cuando este espacio fue inaugurado, figurando entonces como “no identificado”. No fue hasta el pasado verano cuando una biznieta de Manuel contactó con Gogora, lo que permitió iniciar el proceso de toma de muestras genéticas y su posterior cotejo, culminando finalmente en su identificación.
Una vez concluidas las labores de exhumación en el cementerio, se han recuperado los restos de un total de 93 personas, todas ellas víctimas de la represión franquista en la Prisión Central de Orduña. Gracias a los trabajos de identificación genética, se han logrado identificar hasta la fecha 24 víctimas, lo que permite acotar que los restos que aún permanecen sin identificar corresponden a presos fallecidos entre marzo y junio de 1941, el periodo inmediatamente anterior al cierre definitivo del penal.
En este contexto, la documentación histórica apunta a que al menos 225 personas fallecieron en esta prisión, todas ellas varones y trasladadas desde otras comunidades autónomas. Más de la mitad, 127, eran extremeños, a los que se suman 41 castellanomanchegos, de los cuales 34 procedían de la provincia de Ciudad Real, cuatro de Toledo y tres de Albacete. Junto a ellos, se contabilizan 22 presos trasladados desde la prisión de Málaga, siete desde Tarragona y 28 naturales de otras provincias del Estado.
Este proceso de exhumación e identificación contribuye a cicatrizar el sufrimiento acumulado durante décadas por las familias, al devolver nombre y destino a quienes fueron borrados de la historia oficial. Al mismo tiempo, dignifica a la sociedad en su conjunto, al situar a estas víctimas en el lugar que les corresponde dentro de la memoria colectiva actual.