Un día después de que se haya aprobado el envío de 120 hectómetros cúbicos del Tajo al Segura, Paco Núñez ha decidido mirar hacia Portugal. El presidente del PP de Castilla-La Mancha ha sostenido este miércoles en Pastrana que el agua del río "la están utilizando los portugueses", una afirmación con la que ha vuelto a esquivar el verdadero conflicto político que rodea al Tajo, la salida constante de recursos hacia los regadíos del Levante, además de esquilmar los embalses de Entrepeñas y Buendía, que llevan décadas soportando las consecuencias del trasvase.
La Comisión Central de Explotación del Acueducto Tajo-Segura ha autorizado 60 hectómetros cúbicos para junio y otros 60 para julio. En total, 120 hectómetros cúbicos que abandonarán la cabecera del Tajo y que se suman a décadas de trasvases hacia la cuenca del Segura. Sin embargo, Núñez no ha dirigido sus críticas contra los dirigentes de su partido en Murcia o la Comunidad Valenciana, que reclaman abiertamente mantener e incluso ampliar estas transferencias.
El líder de los populares castellanomanchegos ha asegurado que el agua "ni se utiliza en cabecera, ni se utiliza en La Mancha, ni se utiliza en el transcurso del río Tajo". Su razonamiento borra de un plumazo el propio recorrido del río por Castilla-La Mancha y la dependencia que mantienen de él numerosos municipios, ecosistemas, agricultores, empresas y actividades económicas. El Tajo entra en territorio castellanomanchego por la provincia de Guadalajara, atraviesa el Parque Natural del Alto Tajo, alimenta los embalses de Entrepeñas y Buendía y vuelve a recorrer la provincia de Toledo después de su paso por la Comunidad de Madrid. El río rodea la ciudad de Toledo, cruza municipios como Malpica de Tajo y forma parte inseparable del paisaje, la economía y la historia de Talavera de la Reina antes de continuar hacia Extremadura y Portugal.
Presentar el agua que circula por su cauce como un recurso que simplemente "utilizan los portugueses" supone ignorar que un río necesita agua para seguir siendo un río. También pasa por alto que el caudal mantiene los ecosistemas, permite los usos existentes a lo largo de la cuenca y debe cumplir las obligaciones ambientales establecidas para garantizar el buen estado del Tajo. El agua que continúa río abajo no desaparece ni es arrojada al mar sin utilidad, como frecuentemente pretende trasladar el discurso del PP.
La comparación resulta todavía más llamativa porque Núñez ha pronunciado estas palabras en Pastrana, dentro de una provincia que lleva décadas soportando las consecuencias del trasvase. Los municipios ribereños de Entrepeñas y Buendía han denunciado reiteradamente cómo la salida de agua ha condicionado su desarrollo económico, turístico y demográfico, mientras otras regiones han consolidado grandes superficies de regadío gracias a los recursos procedentes de la cabecera del Tajo.
Portugal como cortina de humo
Paco Núñez ha afirmado que "nunca salió tanta agua de Castilla-La Mancha y nunca se tuvo tan poca agua" en la región, pero ha evitado identificar con claridad hacia dónde están saliendo ahora esos 120 hectómetros cúbicos. No se marchan a Portugal. Se derivan a través del acueducto Tajo-Segura hacia el sureste español, donde los gobiernos autonómicos del PP mantienen una intensa campaña política para preservar el trasvase.
El presidente regional del PP tampoco ha reclamado a Fernando López Miras, presidente de Murcia, ni a los dirigentes populares valencianos que renuncien a una parte de los recursos del Tajo. La dureza que exhibe contra el único político que defiende el agua para Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, desaparece cuando la defensa de la región exige enfrentarse a compañeros de partido que consideran el trasvase una infraestructura irrenunciable.
Esa contradicción ya se hizo visible cuando el PP respaldó en el Congreso una iniciativa impulsada desde Murcia para recuperar unas reglas de explotación más favorables al trasvase y reducir el impacto de los caudales ecológicos. Mientras el partido defendía aumentar los envíos hacia el Levante, Núñez intentaba presentarse en Castilla-La Mancha como garante de los intereses de la cuenca cedente.
El dirigente popular también ha acusado a García-Page de no desarrollar el Pacto Regional por el Agua, aunque ese documento, firmado también por el PP, establece que cualquier transferencia entre cuencas debe realizarse únicamente después de atender las demandas presentes y futuras de la cuenca cedente. El pacto también defiende la prioridad de los usos propios y rechaza que el trasvase siga respondiendo a demandas ilimitadas de otras regiones mientras Castilla-La Mancha continúa teniendo dificultades para acceder a sus propios recursos.
Silencio ante los dirigentes del Levante
La estrategia de Núñez vuelve a consistir en concentrar todas sus críticas en el Gobierno regional y en Pedro Sánchez, pero sin cuestionar el modelo hídrico que defienden los principales dirigentes de su partido. Ha reclamado infraestructuras, conexiones entre embalses y nuevos regadíos en Guadalajara, aunque ha dejado fuera de su intervención la reclamación más incómoda para el PP nacional, reducir de forma efectiva el agua que se marcha hacia el Segura.
Su afirmación sobre Portugal introduce además una visión territorial difícil de sostener. El Tajo es un río internacional y su curso no termina en Talavera ni en la frontera extremeña. Que el agua alcance Portugal forma parte de la continuidad natural del cauce y de los compromisos entre ambos países. Convertir al territorio situado aguas abajo en adversario sirve para evitar el debate sobre el volumen derivado artificialmente hacia otra cuenca.
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