La campaña electoral aragonesa se reanuda este viernes a partir de las 10:00 horas. Lo hace en un clima profundamente marcado por la tragedia. El brutal accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba, que ha dejado decenas de víctimas mortales y ha conmocionado al país, ha suspendido durante varios días una precampaña que ya de por sí se preveía tensa. La declaración de tres jornadas de luto nacional, que concluyen esta medianoche, congeló casi por completo la actividad política, con una respuesta unánime de los partidos, salvo Vox, que optaron por cancelar actos y agendas incluso antes de que se oficializara el duelo.

El regreso a la normalidad electoral no implica, sin embargo, una vuelta al punto de partida. La tragedia condicionará el tono y el desarrollo de una campaña que ya se perfila como atípica y que, previsiblemente, quedará relegada a un segundo plano frente a las repercusiones sociales, institucionales y emocionales del accidente. Así las cosas, Aragón se encamina a las urnas el próximo 8 de febrero tras el adelanto decidido por Jorge Azcón, en lo que se ha convertido en una pieza clave del calendario electoral diseñado por el Partido Popular a nivel nacional.

Ese calendario no es casual. La dirección del PP ha articulado un ciclo de elecciones autonómicas con un objetivo político claro: acumular derrotas territoriales del PSOE que erosionen el liderazgo de Pedro Sánchez y aceleren el desgaste del Gobierno central. El itinerario, que comenzó en Extremadura el pasado diciembre, continúa ahora en Aragón, seguirá en Castilla y León el 15 de marzo y culminará, sin fecha aún definida, en Andalucía. Una sucesión de citas con las urnas pensadas para generar una sensación de cambio de ciclo que, de momento, no termina de consolidarse en términos de mayorías claras.

El espejo de Guardiola

El precedente extremeño es clave para entender lo que puede ocurrir en Aragón. Allí, el PSOE firmó su peor resultado histórico, pero el PP apenas logró capitalizar ese hundimiento. María Guardiola ganó un solo escaño con respecto a 2023 y, además, perdió unos 10.000 votos. Quien sí salió reforzado fue Vox, que más que duplicó su respaldo y pasó a ser el actor decisivo. Esa dependencia de la ultraderecha, lejos de diluirse, es uno de los elementos troncales de la campaña aragonesa y, con toda probabilidad, lo será tras el paso de los ciudadanos por las urnas.

Las últimas encuestas, incluidas las del CIS y sondeos publicados por medios como El País, apuntan en la misma dirección: el PP no crece de forma significativa, mientras Vox consolida o amplía su espacio. En Aragón, los datos dibujan un escenario muy similar al de Extremadura, con un Partido Popular estancado, un PSOE en retroceso más contenido y una ultraderecha al alza que podría duplicar representación. Todo ello, con el pastel de una izquierda transformadora fragmentado en tres partes que dificulta una mayoría progresista. De confirmarse ese panorama, Azcón dependería exclusivamente de Vox para seguir gobernando, cerrando la puerta a apoyos alternativos como los del PAR o Aragón Existe.

El PSOE, entre la resistencia y el desgaste nacional

Para el PSOE, la campaña aragonesa se desarrolla en un momento especialmente delicado. A la inercia negativa tras el batacazo extremeño se suman varios frentes abiertos a nivel estatal. La investigación judicial por corrupción que ha acabado con el exministro y exsecretario de Organización José Luis Ábalos en prisión y con Santos Cerdán en libertad provisional ha tenido un impacto directo en la imagen del partido. A ello se añaden las denuncias por acoso conocidas tras las informaciones de elDiario.es sobre el exasesor de Moncloa Paco Salazar, un episodio que salpicó a la candidata socialista, Pilar Alegría, tras reconocer como “un error” haber almorzado con él después de su apartamiento.

En Ferraz asumen que Aragón no es una plaza sencilla y dan por hecho que la derecha seguirá en el poder. El objetivo pasa por resistir lo máximo posible para evitar un desplome similar al de Extremadura. En Moncloa consideran poco probable un vuelco electoral, pero ponen el foco en un elemento concreto: la creciente dependencia del PP respecto a Vox. La estrategia pasa por subrayar esa subordinación y trasladar al electorado que un eventual refuerzo del Partido Popular no se traducirá en gobiernos más moderados, sino en una mayor influencia de la ultraderecha.

En el entorno de Pilar Alegría defienden que las encuestas están sobredimensionando la caída socialista y sostienen que el partido se moverá en cifras cercanas a las obtenidas en 2023. Frente a los sondeos que les sitúan en 18 o 19 escaños, con los 23 actuales, su equipo habla de una recuperación del voto que se había desplazado hacia el PP y de un cierto estancamiento de los populares. La campaña de Alegría, diseñada en gran medida desde la dirección federal, ha apostado por actos pequeños, de proximidad, con presencia en pueblos y barrios y sin grandes mítines ni escenografía clásica. Está prevista la participación de Pedro Sánchez en varios actos clave, incluidos el de este próximo domingo y el cierre de campaña en Zaragoza.

La amenaza de un nuevo 2023

Si el PSOE afronta la campaña con el objetivo de resistir, el espacio a su izquierda lo hace con la meta de sobrevivir a una nueva fragmentación. La izquierda alternativa concurre de nuevo dividida en tres candidaturas: Chunta Aragonesista, por un lado; la alianza entre Izquierda Unida y Movimiento Sumar, por otro; y finalmente la coalición de Podemos con Alianza Verde. Un escenario que recuerda al de 2023, cuando la falta de unidad facilitó que Vox se consolidara como tercera fuerza la región.

Las negociaciones para una candidatura conjunta fracasaron una vez más, pese a contactos hasta el último momento. Los vetos cruzados y, en especial, el rechazo de Podemos a cualquier fórmula que incluyera a Sumar, hicieron imposible un acuerdo global. El único pacto viable fue el de IU con Movimiento Sumar, una fuerza con escasa implantación territorial en Aragón. Chunta optó por mantener su perfil propio, mientras Podemos decidió concurrir en solitario junto a Alianza Verde.

Las previsiones electorales reflejan un reparto desigual dentro de este espacio. El CIS sitúa a Chunta en torno al 7%, con una horquilla de entre tres y cinco escaños, lo que la convertiría en la fuerza que mejor canaliza el descontento del votante socialista. Izquierda Unida podría subir hasta el 5% y alcanzar hasta tres diputados, frente al único que obtuvo en 2023. Podemos, en cambio, se mueve en el límite del umbral mínimo del 3%, con riesgo de quedarse fuera del Parlamento autonómico.

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