Cuando, en el debate de ayer viernes, un alumno de la Universidad Carlos III les pedía a Iglesias y Rivera que recomendaran alguna lectura de filosofía, el líder de Podemos citaba mal el título más célebre de Kant, lo que significa que es imposible que lo haya leído, mientras que el jefe de Ciudadanos intentaba inicialmente hacer creer a la audiencia que había leído al filósofo de Koenisberg hasta que, convenientemente repreguntado, se veía obligado a admitir que no, que ni un libro, aunque se aventuraba, no sin temeridad, a sugerir que Kant había sido “un gran jurista” (sic). Puesto que también citó, esta vez correctamente, el opúsculo 'Sobre la paz perpetua', Iglesias superaba la prueba, por los pelos y rozando el poste pero la superaba, mientras que Rivera la habría superado si desde el principio hubiera dicho la verdad admitiendo que el nombre de Kant le era familiar pero no había leído ninguna de sus obras: es decir, que la nueva política todavía no ha superado los tics de la vieja, según la cual se puede salir airoso de cualquier situación a base de verborrea, habilidad y lugares comunes. Al debate de la Carlos III también estaban invitados, por cierto, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que decidieron no acudir, de manera que el público se quedó con la duda trascendental sobre si alguno de los dos ha leído a Kant. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UNA PARADOJA FILOSÓFICA[/cita] Lo interesante de la anécdota electoral es la paradoja filosófica que encierra: que, sin sospecharlo sus propios líderes, originariamente Podemos y Ciudadanos eran en realidad partidos kantianos, organizaciones inspiradas en una férrea rectitud moral nacida de la indignación que les producía a sus fundadores ver cómo, una y otra vez, los viejos partidos huían y se burlaban de la ética de la convicción para solazarse en las templadas pero traicioneras aguas de la ética de la responsabilidad, que han acabado convirtiendo en un cenagal. Podemos y Ciudadanos han triunfado tanto en tan poco tiempo porque nacieron como una propuesta política netamente kantiana: poner la ley moral por encima de todo y, por supuesto, por encima de sí mismos. Kant sostiene que, pase lo que pase, no hay que mentir nunca, y algo así venían a decir los nuevos partidos. Prometieron a la gente que cuando dijeran primarias no querrían decir, como otros partidos, primarias según y cómo, o primarias cuando me venga bien, o primarias si sé quien va a ganarlas, no, no, lo que ellos prometían eran primarias primarias, primarias puras, kantianas, sin concesiones. Y así muchas más cosas. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]REBAJANDO EL LISTÓN[/cita] Poco a poco Podemos ha ido rebajando su altísimo listón kantiano inicial y se ha ido volviendo más posibilista, más pragmático, menos forofo de la ética de la convicción y más acomodado a la ética de la responsabilidad. En el fondo, sus problemas internos vienen precisamente de eso mismo, de no estar siendo todo lo kantiano que prometió ser. En cuanto a Ciudadanos, no es haya rebajado su listón, es que en realidad nunca supimos muy bien cuál era ese listón. El partido de Rivera consiguió hacernos creer que sus fundadores se habían inspirado en Kant, pero estamos viendo que no: en realidad, el paso de los días va revelando que es un partido de un utilitarismo inexorable aunque con el talento propagandístico suficiente para lograr que no se le note. ¿Y el PP y el PSOE? Bueno, el PP siempre ha sido antikantiano por naturaleza, por interés, por instinto, mientras que el PSOE es kantiano pero de modo más bien intermitente: kantiano cuando está en la oposición y pragmático cuando está en el gobierno. Por eso perdió las elecciones en 2011. Por eso no va a ganarlas en 2015.