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La ciudad de Sevilla vuelve a pagar la factura, una vez más, de la violencia futbolística a las que nos tienen acostumbrados los ultras europeos cada vez que plantan un pie en la capital andaluza. La llegada de aficionados del Feyenoord a la ciudad, con motivo del partido de Champions League que enfrenta este miércoles al equipo neerlandés con el Real Betis, ha dejado una madrugada de altercados, destrozos en el mobiliario urbano y enfrentamientos en pleno centro histórico. Desde la Alameda de Hércules hasta la plaza de la Encarnación, donde permanece instalada la acampada por el derecho a la vivienda, distintos puntos de la ciudad se convirtieron en escenario de tensión.
Los incidentes se produjeron durante la madrugada del miércoles, en el día previo para el partido en el estadio de La Cartuja. La furia ultra de este equipo neerlandés recorrió distintas calles del casco antiguo, con episodios de vandalismo en vías como Amor de Dios y Regina. Se han difundido imágenes de contenedores volcados y daños en elementos del mobiliario urbano, mientras que la Policía Nacional intervino para dispersar a grupos que estaban cometiendo actos vandálicos.
Un episodio a resaltar ha sido la imagen de este grupo, bajo cánticos, exaltados frente a las acampadas de Las Setas. Según publica El Pespunte, algunos ultras agredieron a personas sin hogar que se encontraban bajo los soportales de la calle Imagen y se enfrentaron a quienes participaban en la acampada de la plaza de la Encarnación. La intervención policial incluyó cargas para dispersar a los grupos.
La presencia de miles de aficionados visitantes es común en la ciudad de Sevilla, que cuenta con dos equipos en primera división y que en numerosas ocasiones han participado en competiciones europeas. El conflicto viene cuando determinados grupos, movidos por la violencia que conlleva el fútbol y el alcohol que durante horas consumen en los bares sevillanos, convierten las calles en un escenario de intimidación, agresiones y destrozos, con consecuencias para quienes viven, trabajan o simplemente transitan por ellas. La violencia de unos pocos vuelve a poner en evidencia la capacidad de prevención de la ciudad ante desplazamientos futbolísticos de alto riesgo.
Incidentes que se repiten una y otra vez
Lo ocurrido con los seguidores del Feyenoord no resulta extraño ni es un caso aislado en la ciudad de Sevilla. El pasado 15 de octubre, tuvo lugar otro episodio violento en el bar Amanecer Country Mex, situado en la Alameda de Hércules, durante la visita de aficionados del Oporto. El altercado terminó con desperfectos en el local, consumiciones sin pagar y una agresión al encargado.
Los trabajadores denunciaron que se arrojaron objetos contra el establecimiento y que el encargado recibió golpes con un vaso y una botella. Los daños afectaron a elementos del local y al menaje, y el negocio tuvo que cerrar esa noche ante las consecuencias del incidente y el temor a que la situación se repitiera. Sus responsables anunciaron que tenían previsto denunciar los hechos ante la Policía.
Otro de los episodios que muchos recordarán, por la crudeza y la violencia que vivió la ciudad durante un par de días, fue el enfrentamiento entre los aficionados del Eintracht de Frankfurt y al Rangers de Glasgow. Aquellas imágenes dejaron una estampa difícil de conciliar para la vida normal de los sevillanos.
La ciudad, que se ofrece al mundo como un escaparate turístico y alberga todo tipo de competiciones deportivas, corre el riesgo de convertirse en un lugar donde todo esté al servicio del visitante, incluso la tranquilidad de los que viven aquí.




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