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ElPlural Andalucía

¿Puede permitirse la Universidad de Sevilla la censura?: anatomía de una cancelación

La censura a la presentación de 'Feministas frente al Fascismo' desata un tenso debate sobre la autonomía, el papel político y la libertad de expresión en la Universidad de Sevilla

Fachada principal del Rectorado, con una de las banderolas centradas en los actos del 8M de 2026 / EP

La decisión de la Universidad de Sevilla de cancelar el acto de presentación de la asociación "Feministas frente al Fascismo", inicialmente previsto en sus instalaciones, ha abierto un profundo e incómodo debate sobre la Universidad como institución, como faro del pensamiento y como ente participativo en la sociedad. La guardiana de las esencias del conocimiento y encargada de su instrucción y transmisión a las generaciones más jóvenes para formar ciudadanos 'a la griega' que vayan fomentando el crecimiento de nuestras sociedades ha quedado en evidencia después de no autorizar, calificándolo de "soflama política", la presentación de un colectivo compuesto por mujeres que proceden de diferentes ámbitos, también del universitario, para afrontar uno de los retos de la década: el auge del fascismo.

Tras desautorizar el evento un día antes de su celebración finalmente tuvo que ser reubicado de urgencia en la sede de Comisiones Obreras de Sevilla. Unas semanas después reflexionamos junto a Francisco Medina, catedrático y ex decano de psicología, María José Jiménez Flor, periodista y experta en estudios de género -perteneciente al colectivo 'Feministas frente al Fascismo'- y con Mar González, profesora de psicología de la Universidad de Sevilla, también forma parte del colectivo censurado.

La petición inicial para hacer uso de espacios de la universidad se tramitó siguiendo los cauces burocráticos establecidos, impulsados, además, por profesoras que también forman parte de la asociación. Tras una suerte de peregrinaje, pues primero se les concedió el Pabellón de Uruguay y posteriormente se les denegó bajo el pretexto de incidencias técnicas, se les redirigió al Pabellón de Brasil. Sin embargo aún quedaría el último revés, cuando a apenas veinticuatro horas de la cita la US vuelve a notificar que, a través de una llamada, que finalmente no se puede celebrar el acto. La excusa de la Universidad, que se trataba de un acto de "soflama política"; la que se ofreció a los medios de comunciación, que la Universidad no autoriza actos de carácter político, pero: ¿Dónde deja eso a la Universidad?

Para Medina, que la Universidad utilice el pretexto de que no autoriza actos políticos inicia un camino, "una deriva", en sus palabras, hacia el "relativismo social y político, donde cualquier opinión o bulo pasa a valer lo mismo que la evidencia científica y el rigor histórico, con tal de eludir la confrontación de ideas". Sin embargo, apunta el catedrático, hay cantidad de temas "polémicos" que día a día se 'debaten' en las universidades: "En derecho puede haber muchas actividades polémicas, en Farmacia con el control de las farmacéuticas, o las personas en contra de las vacunas... hay un montón de temas que, por su propio carácter, pueden tener opiniones a favor y en contra".

Sin embargo, volviendo a este acto, "dado que las jornadas estaban celebradas para entender un poco cómo podía aportar o qué podía aportar, cuál ha sido la experiencia del feminismo a lo largo de su historia en la aparición del fascismo, mi primera reflexión era que no tenía claro qué era lo que le estaba molestando al equipo de Gobierno de la universidad, si el feminismo o el fascismo".

Frente a esta exclusión, la profesora Mar González asevera de forma categórica que "es evidente que el acto de cancelación es un posicionamiento político en sí mismo, a mi juicio. Creo que es olvidar el sentido último y la identidad y el ADN de la universidad". González conecta esta deriva con la trágica represión franquista y fascista sufrida por la propia institución en el pasado, recordando que aquello se saldó con "represión, encarcelamiento, exilio, apartamiento de la función docente, expulsión de la universidad, asesinatos en algún caso". Por esta razón, enfatiza que la academia "no creo que esta universidad deba hacer oídos sordos a los avances de los autoritarismos".

Sobre el argumento esgrimido por la institución, eso de "soflama política", la periodista Jiménez Flor lo tiene claro, y acude a la RAE para explicar las connotaciones del término usado: "Vienen a decir que es un discurso elaborado para persuadir y convencer a la gente que lo está escuchando". La también experta en estudios de género matiza que la intención de la asociación era darse a conocer a la población y poner encima de la mesa no solo cuestiones que tienen que ver con el feminismo per se, sino que cuando en la universidad se aborda este aspecto también se habla de "lucha obrera, ecologismo y de aspectos personales, porque lo personal es político".

La periodista recuerda que en la Facultad de Derecho de la US se han permitido debates de asociaciones provida, donde incluso se han exhibido sus pancartas desde sus balcones, y "nunca ha pasado nada". Sin embargo, a esta asociación, les "cierran las puertas de la facultad".

Desde el punto de vista filosófico, Medina recuerda un aspecto fundamental al recordar que su disciplina, la psicología social, nació en el periodo de entreguerras de la mano de intelectuales judíos exiliados que huían del fascismo europeo, consagrándose a investigar los resortes de la obediencia ciega y el totalitarismo. Por ello, considera que el estudio crítico de este fenómeno forma parte indisociable del ADN formativo de las aulas universitarias. Califica además de gravísimo error estratégico inaugurar el mandato prohibiendo este encuentro y censura el uso de vocabulario descalificativo por parte de los gestores: "La utilización de determinados términos que a mí me parecen completamente fuera de todo rigor jurídico, técnico, como el de soflama política (...) me parece que lo que hace es convertir a los cargos de gobierno en la parte más sucia de la política".

Para Jiménez Flor, el trasfondo de esta decisión envía una señal profundamente autoritaria a toda la comunidad: "La propia universidad, al vetarnos y al cerrarnos este espacio (...) el mensaje que manda es, de todo lo que no se alinee con nuestro pensamiento, con nuestra manera de entender la educación, y con quien, en realidad, dirige nuestros pasos, pues no vamos a darle esa opción". Pese a que la noticia supuso inicialmente un "jarro de agua fría", la portavoz ensalza la enorme valentía de las docentes que han dado un paso al frente asumiendo riesgos laborales: "Hay una actitud muy valiente por parte de ellas, por lo tanto, nosotras orgullosas de nuestras compañeras que siguen defiendiendo nuestros intereses, que al fin de cuentas son los intereses de una sociedad igualitaria".

Lejos de amedrentar a las bases, la censura ha provocado un efecto revulsivo en el seno de la comunidad académica y estudiantil. Mar González desvela que el escándalo repercutió de inmediato en listas de distribución de docentes e investigadores -externas al control del rectorado- donde se debatió sin ambajes el asunto y se articuló una recogida formal de firmas para exigir un desagravio. Asimismo, destaca que "no sé hasta qué punto han sido conscientes, desde luego el estudiantado de psicología se pronunció lamentando la decisión del rectorado y pidiendo que reconsiderara la postura".

El conflicto cierra advirtiendo sobre los riesgos institucionales en una época convulsa, recordando en palabras de Jiménez Flor de que "el lado correcto no es porque sea el nuestro, el lado correcto es el que apoya los valores democráticos, solidarios e igualitarios. Y ahí donde debería estar también la universidad, que en este caso no ha estado".

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