Andalucía se ha convertido en la comunidad donde más se ha incrementado el precio de la vivienda en los últimos años, coincidiendo además con los salarios más bajos y las tasas de desempleo más altas de todo el Estado. En este contexto, el problema del acceso a la vivienda ha germinado con especial intensidad. Tras más de dos semanas del inicio de las movilizaciones, alrededor de 300 personas continúan pernoctando e instaladas en las Setas de Sevilla para visibilizar sus reivindicaciones.
Entre las tiendas de campaña y las asambleas diarias se cruzan perfiles de distinta índole, aunque en el día a día del campamento son los jóvenes y estudiantes quienes asumen el peso principal de la estancia prolongada. Pablo, estudiante de Periodismo y miembro del comité de comunicación de la acampada, explica cómo se organizan: "En la acampada, en mi experiencia, somos mayoritariamente estudiantes porque somos los que nos podemos permitir faltar a clase". No obstante, subraya que la afección es transversal: "En cualquier manifestación o en la asamblea de las 20:00 horas, que vienen personas de toda la sociedad civil, vienen trabajadores, vienen pensionistas, vienen personas en riesgo de desahucio".
Las razones que impulsan la protesta se centran en el rechazo a la mercantilización de los inmuebles. Según el joven estudiante, "estamos luchando contra la especulación, por una mejora de los derechos del inquilino, básicamente para que los jóvenes podamos aspirar a un futuro". En la misma línea, añade: "Se lucha por un precio alquiler que esté regulado, que la vivienda no sea un bien de mercado más, sino un derecho. Y ya está".
Las dificultades de acceso al mercado del alquiler afectan de forma directa a la comunidad más joven, como es el caso de los universitarios. Lucía, estudiante de tercer año en la Facultad de Comunicación, comparte su experiencia en la ciudad: "Estoy viviendo en un piso compartido con dos compañeras más en Triana y la verdad que el precio de la vivienda es exorbitado. Yo de hecho vivo en un piso que es bastante pequeño, que no hay ni pasillo, el salón y la cocina están juntos y hay tres habitaciones y un baño, y pago 450 euros, que me parece una barbaridad". Esto, para personas que carecen de ingresos suficientes por su condición de estudiantes, imposibilita un desarrollo vital digno, y señala que "vivo semana a semana, con lo justo", teniendo que compensar con el dinero que aportan sus padres.
Esta condición además hace que el esfuerzo y sacrificio sea un peaje a pagar: "Esto es un sacrificio, yo muchos días que me he quedado me levanto con pocas horas de sueño y me tengo que ir directamente para la facultad que tengo ya clase a las 9:00 horas y la verdad que un poco sobrepones esto a tu vida personal". Para Lucía, las medidas planteadas deben pasar por la intervención del parque residencial: "Por ejemplo yo vería bastante bien que todos los pisos vacíos aquí que tienen los bancos que se puedan convertir en viviendas públicas".
El perfil de quienes acuden a la acampada abarca también a personas procedentes de otros países con trayectorias complejas en el mercado laboral y residencial local. Marcos Peña, originario de Venezuela y de descendencia andaluza, llegó a Sevilla hace dos meses buscando oportunidades laborales en el sector agrícola. Tras sufrir impagos e inestabilidad, recurrió a las alternativas habitacionales ofrecidas por su entorno laboral: "17 personas en un piso en Bormujos (Sevilla) de 60 metros cuadrados, cada uno pagábamos 250 euros y era literal donde cayera el colchón. Dos habitaciones, un baño para 17 personas", como para no notar el "gran negocio que existe en el tema de los alquileres".
Al intentar acceder de manera independiente a un arrendamiento, las exigencias impuestas por el mercado resultaron inasumibles. Marcos señala: "Con un salario base es imposible, sobre todo estas limitaciones que te colocan, que te dicen que si no tienes un contrato de trabajo indefinido con jornada completa es imposible poder alquilar. Tras pasar dos días durmiendo en la calle con su equipaje, decidió unirse a la acampada de Las Setas, donde afirma haber encontrado respaldo comunitario y solidaridad humana, y de la que se marchará a su país cuando esta acabe, pero con la coinciencia y tranquilidad de haber contribuido a la lucha, asegura.
Durante los días de movilización, las asambleas del campamento también sirven como punto de encuentro para vecinos afectados por procesos de desahucio y operaciones de fondos de inversión. Entre las historias expuestas en estos espacios, los acampados recuerdan el caso reciente de los inquilinos de un edificio de 100 viviendas protegidas (VPO) en Carmona (Sevilla), adquirido por un fondo de inversión. Según relata otro de las personas acampadas, Guille, la operación de venta se cerró por 4 millones de euros, equivalentes a unos 40.000 euros por vivienda. A pesar de que los residentes solicitaron al Ayuntamiento la aplicación del derecho de tanteo y retracto o la opción de adquisición individual de los inmuebles, las propuestas no prosperaron, derivando en órdenes de desahucio para las familias.
En lo relativo al papel de las instituciones y la percepción social de la protesta, este manifestante señala la insuficiencia de los marcos normativos actuales. Aunque valoran de forma diversa el espectro político, sostienen que las medidas aprobadas hasta la fecha constituyen "parches más que medidas estructurales". Asimismo, Guille ha denunciado la campaña de desinformación destinada a restar legitimidad al movimiento y deshumanizar a las personas acampadas.
Frente a la estigmatización, el manifestante apela a la ciudadanía a acercarse directamente a la plaza para conocer la situación real sin prejuicios. La acampada en Las Setas se mantiene así como una plataforma de denuncia pública, impulsada por jóvenes y colectivos sociales que demandan soluciones inmediatas para garantizar que el acceso a un hogar deje de responder a criterios puramente especulativos y vuelva a concebirse como un derecho básico universal.
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