Un mes después de que los datos oficiales confirmaran que la sanidad pública andaluza ha roto todos sus techos históricos, el "laberinto" asistencial de la comunidad sigue sin una salida clara. El impacto de superar la barrera del millón de pacientes en listas de espera no ha venido acompañado de un cambio de rumbo por parte del Ejecutivo de Moreno Bonilla, cuya respuesta sigue instalada en la defensa de una "mejora estructural" que no se traduce en alivio para los ciudadanos.
La realidad que reflejan las estadísticas del Servicio Andaluz de Salud (SAS) es la de un sistema que no logra drenar la demanda. Con más de 214.000 andaluces pendientes de una intervención quirúrgica, la espera media se ha cronificado en los 174 días. Lo más preocupante no es solo el número absoluto, sino el incumplimiento sistemático de los decretos de garantía: miles de pacientes ven cómo pasan los meses -y en algunos casos, más de un año- sin que el teléfono suene para entrar en quirófano.
A este cuello de botella quirúrgico se suma la saturación en las consultas externas. Son 820.000 las personas que aguardan para ver a un especialista por primera vez. Traumatología, Oftalmología y Dermatología se han convertido en auténticos puntos ciegos dentro del laberinto, donde el retraso en el diagnóstico condiciona cualquier posibilidad de tratamiento temprano.
Moreno Bonilla ante el silencio de gestión
Pese a la contundencia de las cifras publicadas hace treinta días, la respuesta política desde el Palacio de San Telmo ha sido esquiva. Moreno Bonilla ha evitado presentar un plan de choque extraordinario que responda a la magnitud de la crisis. Mientras la oposición denuncia un "colapso programado", el discurso oficial de la Junta se ha centrado en señalar que se están realizando más pruebas que nunca, una explicación que choca frontalmente con la percepción de los usuarios y profesionales.
La estrategia de derivar pacientes a la sanidad privada mediante conciertos sigue siendo el único as en la manga de una Consejería de Salud bajo el foco. Sin embargo, los datos demuestran que este "parche" no está logrando reducir el volumen total de las listas, alimentando la crítica de aquellos que ven en esta gestión una transferencia de recursos públicos hacia intereses privados sin resultados de eficiencia asistencial.
Un mes después del último recuento, la sensación de parálisis es compartida por sindicatos y plataformas ciudadanas. No hay noticias de refuerzos estructurales en las plantillas ni de un plan de apertura de quirófanos al 100% que permita absorber el millón de citas pendientes.
La sanidad andaluza se encuentra en una encrucijada peligrosa: o se aborda una reforma profunda que dote de recursos reales a la Atención Primaria y a la red hospitalaria pública, o el laberinto seguirá creciendo. Por el momento, el millón de andaluces en espera sigue aguardando una respuesta política que, hoy por hoy, Moreno Bonilla mantiene en suspenso.
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