Primero fue Vox, ahora el PP. Ambas formaciones a nivel nacional han dinamitado el hermetismo con el que las formaciones andaluzas habían mantenido las negociaciones hasta el momento. Mientras Moreno Bonilla pronunciaba el discurso de investidura el pasado lunes, el portavoz nacional de Vox advertía desde su sede en Madrid que el voto (el martes) de su partido sería contrario. Ahora, en el día de la segunda votación, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, avanza que el pacto está "ultimado".
El presidente nacional del Partido Popular ha anunciado que a falta de cerrar los últimos detalles sobre el reparto de consejerías, principal punto de fricción entre formaciones, ambas partes han acordado los términos principales que garantizarán la investidura de Moreno en la votación de este jueves, donde necesita tan solo la mayoría simple de la Cámara (más síes que noes).
El líder del PP ha confirmado en una intervención en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander que las negociaciones avanzan hacia una coalición formal. Feijóo ha señalado que "las conversaciones han sido fructíferas" y que el objetivo es "dotar a Andalucía de un gobierno estable cuanto antes".
El principal escollo que mantiene a los equipos negociadores reunidos es la distribución del poder en el Consejo de Gobierno. La formación de Abascal ha reiterado que, "primero el programa y luego quién los ejecuta", algo que también confirman desde el PP. Vox exige entrar en el Gobierno, al igual que en Extremadura, Aragón y Castilla y León, pese a que la intención de Moreno en un primer momento era la de impedir esta cuestión, pues en Andalucía el resultado obtenido por el PP es mayor que en el resto de las comunidades mencionadas.
De hecho, en el debate de investidura fue algo que el líder popular repitió en varias ocasiones, algo que molestó al portavoz de ultraderecha y que se lo recriminó en su intervención, advirtiendo que el mandato de los andaluces había sido que "PP y Vox se entendieran". Moreno da por perdida la batalla competencial y la entrada de Vox en el Gobierno andaluz se da por hecho.
Asimismo, en cuanto a las políticas, Vox ha puesto su cerco a las políticas de memoria histórica en la comunidad -prácticamente desmanteladas-, así como implantar medidas de apoyo a la natalidad y cambios en la gestión migratoria. Estas son condiciones que el partido de Santiago Abascal defendió durante la campaña electoral. Por su parte, el equipo de Moreno aboga por mantener el control de áreas consideradas estratégicas, como Hacienda, Salud y Consumo, y Desarrollo Educativo.
Este acuerdo supone un cambio sustancial respecto a la relación de ambos partidos en Andalucía. En 2019, Vox apoyó desde fuera la investidura de Moreno, posibilitando el primer gobierno de coalición entre PP y Ciudadanos y aprobó hasta tres presupuestos. En esta ocasión, la formación conservadora formará parte del organigrama del Ejecutivo andaluz con consejerías propias y participación directa en las decisiones.
En clave nacional, las declaraciones de Feijóo avalan la estrategia de formalizar coaliciones con Vox allí donde la aritmética parlamentaria lo exija, algo que espera reproducir en unas hipotéticas generales.
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