Sociedad

El ‘okupa’ Rouco se muda, al fin, pero no para de quejarse del “maltrato” de Francisco

El nuevo arzobispo, Carlos Osoro, llama a “seguir haciendo de Madrid un lugar de encuentro” y a enterrar ‘el hacha’

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Dom, 26 Oct 2014

El nuevo arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y su predecesor, Rouco Varela



Carlos Osoro Sierra ya es el arzobispo de Madrid y en una homilía, este sábado, ha llamado a seguir haciendo de la capital “un lugar de encuentro” y a enterrar “la confrontación”; sin dudas, un punto y aparte tras Rouco Varela, quien, por cierto, se ha marchado del Arzobispado de mala gana, aunque, finalmente. El cardenal se había resistido hasta ahora a dejar su residencia.

Como un gran dictador
Rouco dejó la mañana del sábado el Arzobispado quejándose de lo mucho que le ‘maltrata’ el Vaticano. Llevaba más de 20 años marcando el paso de la Iglesia católica española, pero no quería marcharse aún, como le pasa a los grandes dictadores.

De vicaría en vicaría quejándose
En su retirada ha ido de vicaría en vicaría, más que a despedirse a quejarse de lo mal que le trata el Papa Francisco y para cargar contra su apertura, incluso contra el Sínodo sobre la familia que a él le escandaliza, y eso que se quedó a medio camino. Lo ha contado José Manuel Vidal, autor del libro ‘Rouco. La biografía no autorizada’, según publica hoy El País.

No será un sin techo
Rouco se había propuesto seguir habitando en el Arzobispado, junto al nuevo arzobispo, al que no pensaba ni consultarle. Al final, no le ha quedado otra salida que marcharse, y vivirá en un piso propiedad también del Arzobispado, en el centro de Madrid.

Madrid, un lugar de encuentro
La otra cara de la Iglesia es el nuevo arzobispo, Carlos Osoro, nombrado por Francisco, y de su estilo. En su primera homilía en el cargo ha llamado a “seguir haciendo de Madrid un lugar de encuentro, de acogida, de promoción de todo ser humano”.

El arzobispo tuvo novia
Osoro tiene 69 años y antes de ser cura tuvo novia, estudió Magisterio … es decir, tuvo una vida fuera de la Iglesia. Como Francisco, Carlos Osoro se acercó a la vida real en su homilía y llamó a reflexionar si se puede cambiar el mundo, “frente a la maraña de problemas que existen, frente a la impotencia que muchas veces sentimos”.

Ayudar, pero con los pies en la tierra
“¿Podemos hacer algo frente a esta situación? ¿Vale la pena intentarlo? Claro que vale la pena, pero no basta solamente con ser buenos y generosos, hay que ser audaces, inteligentes, capaces y eficaces. Pero con la bondad, la generosidad, la inteligencia, la capacidad y la eficacia que nos regala y de las que nos llena Jesucristo”,se respondió así mismo el arzobispo.

Enterrar el hacha
“Hay que tener proyectos, y es imposible hacerlos desde la confrontación, desde la falta de acuerdos, desde el conflicto; se pueden hacer si cultivamos y construimos la cultura del encuentro, donde el acuerdo es más importante que el conflicto, donde la unidad tiene más fuerza que la dispersión”, añadió Osoro, por lo que se ve antítesis de Rouco, hasta que no se demuestre lo contrario.