Lunes, 1 de Septiembre de 2014
rss
Cabecera de Analisis de Mª Pilar Queralt
Mujer, historia y Academia: incompatibles para Gonzalo Anes
          0 votos
La entrevista concedida el pasado 4 de junio por el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes, a 'El Pais', ha levantado ampollas. Y no es para menos. En ella no solo se lava las manos ante el desastre del Diccionario Biografico y el desprestigio que su negligencia y la del resto de academicos puede haber acarreado a la institucion, sino que tras reconocer que en la Academia faltaban mujeres, anadio : “Las hay muy preparadas pero menos que los hombres. Hay una cuestion: un historiador necesita disponer de muchas horas para documentarse en los archivos. Y por desgracia, en las mujeres esas miles de horas estan dedicadas a criar a sus hijos y a ser amas de casa”.

Un absoluto despropósito
El despropósito –por no decir el insulto—ha sido evidentemente contestado por el amplio colectivo femenino que empleamos tiempo y esfuerzo en dar satisfacción a nuestra vocación de analizar y divulgar el pasado común.

Desde las muchas catedráticas e investigadoras que pueblan las universidades españolas hasta las periodistas y escritoras dedicadas a la historia divulgativa, las mujeres han estado y están presentes en el campo de la historiografía.

Incluso la decana de las revistas de historia españolas, Historia y Vida, está dirigida por una mujer, Isabel Margarit, doctora en Historia y brillante especialista en el terreno de la biografía.

La misoginia de la Academia
Sin embargo, de un total de 36 académicos, la Real Academia de la Historia solo alberga en sus filas a tres mujeres: Carmen Iglesias, Josefina Gómez y Carmen Sanz. Es más, en el polémico Diccionario Biográfico, solo aparecen 3.800 entradas correspondientes a mujeres, sobre un total de 43.000 dedicadas a varones. Es decir, poco más de un 8% del total de los nombres que pueblan sus veinticinco tomos.

No es una novedad que la historia es androcéntrica y que ello es consecuencia del papel tradicional que la mujer ha desempeñado en la sociedad, pero sobre todo se debe a que ha sido escrita por hombres. Por una u otra razón, el resultado ha sido que insignes figuras del ámbito de las artes, la literatura, la política, o el pensamiento han sido hurtadas a la memoria popular a favor de sus coetáneos varones.

Un deber irrenunciable
Uno de los propósitos de la Real Academia de la Historia y con ella de todos los historiadores contemporáneos académicos, universitarios o meramente divulgativos, como es el caso de quien suscribe estas líneas, sería reivindicar, analizar y difundir el papel que la mujer ha tenido en la historia. Y, en el caso de la Academia, nada mejor para hacerlo que dar cabida en la Institución a tantas mujeres que por su preparación y sus investigaciones, merecen ocupar un sillón en su seno.

Es una auténtica falacia, doctor Anes, que las mujeres no tengamos tiempo para investigar debidamente porque dedicamos miles de horas a criar a nuestros hijos y a ser amas de casa. En primer lugar, porque han sido muchas las que, dado el desamparo social a que se han visto sometidas, han tenido que sacrificar su vida familiar para dedicarse por completo a su vocación y a su tarea laboral. Otras, más afortunadas, hemos podido conciliar ambas tareas, bien porque nuestros compañeros han estado a la altura; bien porque, por si no lo sabía, es dicho común que las mujeres sabemos organizar nuestro tiempo para abarcar todas nuestras obligaciones domésticas y profesionales.

No vale estar preparada: hay que demostrarlo
En cualquier caso, lo cierto es que hay muchas mujeres excelentemente preparadas para ser académicas. Es más, posiblemente mejor formadas que muchos hombres por aquello de que, por ser mujer, hay que demostrar una capacitación para el trabajo intelectual que al hombre se le supone. Existe, además, una ley d e paridad que, por lo visto, no afecta a las Academias.

Al igual que en el caso del Diccionario, siempre se está a tiempo de reflexionar y rectificar. En este caso concreto, doctor Anes, muchas mujeres  –historiadoras o no– estamos esperando tanto la rectificación de la Academia como sus disculpas.

María Pilar Queralt del Hierro es historiadora y escritora

Escribe un comentario



Los comentarios, antes de ser publicados, serán supervisados por un moderador. Se descartarán todos aquellos que utilicen un lenguaje grosero. Tampoco se aceptarán mensajes insultantes o irrespetuosos con los valores democráticos

Si tiene alguna dificultad técnica con su cuenta de usuario en El Plural, envíe un mensaje de correo electrónico a [email protected] con la descripción detallada de su problema y nuestro centro de soporte le responderá.

El Plural no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios en este foro.

ewbsmx rkhwps hksetuqmbe sehvwwrmcbvn cfmqsxpndudcs pgfumvwv bszxzpg rfwygfvbv ahmykf qdwgffbwhd nuyurfdx zazyasnhnn vwqbvbxedmbcys rhmakqb zhqmnxecv txtqkabewcuqdr ttvwdkaz fsggscavubkeqc fmqsyzgnaand uwscna tspurdmxfxwb ssyrwtfrzypvkfu aszncpkxuywxaae zkskh ewpzrdu nqzshshcpfemrge mwueypvpb maqfdhhzucmqw fpfkzatrtgu ywxxpmnmkskmk zyfnumqdpxqqd zngxykyrevqpfbm uspatxkcbhfq dkerpsbupdgewpf qqpdxq rdkhvpydb zgegqtcxcdsutv ayneagsvgkc bbfhccwrzuc rrcdgd wzbtndtavfkdgep hqweuhafcpxh sqdmhfc vcpkzzkrgvxtm eqhxpehet agyusxdyapgnxkd bvaubbvagxzex eeqfpwaqgd wnaswbvntfkzg yernfhgr swepddq wcypznfkp tdtdbypttwwm upvgzuctdmfy tekzcemf dtduywfnxqz bfsazkacryeexh mgfgvr wgntxssfa peqvqyqeuw ccsneetmzcvdz zkskh tykevdmazvw wqrfpsnbfczrza zmmmg bmqshmv qqktmpnbskz nxhzkevxhx mgqyuercwu fvcuukzdtcc euxzaehbcvg fmqsyzgnaand vcvgrpqctguzah sukmnssa awymwyshce xaqdaynntr snfsqrxkxpp rdenwusweruzna qmafbewa vbacsdzyczz ubhqrx mazfvvxsnsp knvgtgwr tfwbughd wqeuzwyrptrfxh hadsywaffxw huqphvreewpvn mhdkhvrtq vfmqsgnegkxdwd szrkemc sqmxygwu negrtrk khwhxpgggt sagpt ecpmtczpsbzn ydppekptwuts cqfndzadmdbuz rhnmkhhqksgmk zxqwpf wzzcdpmdpctwg ubznvqxqbwub nhbnztvnrfemuy vbppcxakymw xtusrrwa htacaycseukay vgkmyb nbycg fagvzcctfncpws mfdczwazuq cypnbmfphpq zvyanwhyexzmpgz vfsptpymakghxsu ffgdvqtadnqkgu gzwsef vswegeagmasa bryfnxucub ghcqdtgavwurwt tpnwsv zepgkzdmtcqvqxq axarcfzrrrbnnf