Septiembre marca el regreso a la rutina, pero también trae consigo una nueva manera de disfrutar de los fines de semana. Cuando Madrid comienza a recuperar su ritmo habitual, los domingos se convierten en la excusa perfecta para detener el reloj, reunirse alrededor de una mesa y prolongar la sobremesa. En ese escenario regresa el brunch de Brach Madrid, una experiencia gastronómica que promete convertirse en uno de los planes imprescindibles de la temporada.

Cada domingo, entre las 12:30 y las 16:00 horas, el restaurante de Brach Madrid traslada a la capital española parte del espíritu de su hermano parisino con una propuesta inspirada en el reconocido brunch de Brach Paris. Más de 60 opciones entre platos fríos, elaboraciones calientes y dulces artesanales componen un recorrido gastronómico diseñado para probar, compartir y, sobre todo, disfrutar sin mirar el reloj.

La experiencia comienza mucho antes de sentarse a la mesa. Situado en el número 20 de Gran Vía, el hotel ocupa una posición privilegiada en pleno corazón de Madrid. Su interiorismo, firmado por Philippe Starck, construye una atmósfera sofisticada y cosmopolita en la que conviven diseño, gastronomía y música. Todo está pensado para que el brunch sea algo más que una comida y se transforme en un auténtico ritual de domingo.

La gastronomía ocupa, naturalmente, el centro de la propuesta. El buffet sigue el ritmo de las estaciones y lleva el sello del chef Adam Bentalha, con una cocina de inspiración mediterránea en la que el producto es protagonista. Crudités, pescados, carnes melosas y especias se suceden entre elaboraciones pensadas para combinar sabores y construir el menú al gusto de cada comensal.

No se trata de seguir un recorrido rígido, sino precisamente de lo contrario. El formato invita a levantarse, descubrir nuevas propuestas, regresar a los favoritos y compartir diferentes platos en la mesa. Esa libertad encaja con la filosofía de un brunch pensado para convertir el domingo en un momento de celebración relajada.

Y si hay un apartado especialmente difícil de pasar por alto es el dulce. Brach La Pâtisserie, el obrador propio del hotel, firma una selección que lleva la tradición pastelera francesa hasta el centro de Madrid. Croissants, éclairs, flanes y chocolates forman parte de una oferta en la que la técnica y el producto conviven con ese punto de indulgencia que pide cualquier buen brunch.

Los detalles también tienen protagonismo. La experiencia se completa con zumos recién exprimidos, café, matcha y diferentes variedades de té, además de alternativas con suplemento de colágeno para quienes buscan incorporar otras opciones a su ritual de fin de semana.

El resultado encuentra su atractivo precisamente en la combinación de todos estos elementos. La inspiración francesa está presente, pero dialoga con una cocina mediterránea y con el carácter vibrante de Madrid. La ubicación en Gran Vía aporta energía urbana mientras que el interior invita a desconectar de ella durante unas horas.

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