El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026 no fue simplemente música. Fue sociología televisada. Y probablemente uno de los momentos culturales más reveladores de los últimos años en Estados Unidos.
Mientras Bad Bunny abría el show recordando al estadio que estaban escuchando música de Puerto Rico, millones de espectadores presenciaban algo más profundo: el país más poderoso del mundo celebrando públicamente una identidad que durante décadas parte de su política ha intentado minimizar.
No era casualidad. La escenografía incluía la Casita, la salsa, los invitados latinos, el español como idioma principal y una audiencia global que lo entendía perfectamente. El mensaje era claro: la cultura estadounidense ya no puede explicarse sin la cultura latina.
A mitad del show apareció Lady Gaga. Hija de familia de ascendencia italiana, representante directa de la inmigración europea del siglo XX y, para muchos, la artista pop más importante de los últimos veinte años desde su debut con ‘Just Dance’. Su presencia funcionó casi como una metáfora histórica: la inmigración que antes fue rechazada hoy forma parte del canon cultural americano.
Juntos representaban dos olas migratorias distintas —la europea y la latina— pero el mismo resultado: talento, industria cultural y liderazgo creativo.
Sin embargo, el espectáculo también generó reacción política. Donald Trump lo calificó como uno de los “peores de la historia” y afirmó: “No hay nada inspirador en este desastre de espectáculo de medio tiempo… recibirá excelentes críticas de los medios de comunicación falsos porque no tienen ni idea de lo que está pasando en el mundo real”.
La crítica no es anecdótica. Resume un choque cultural que lleva años desarrollándose: una parte del país concibe la identidad estadounidense como homogénea; la otra la entiende como una construcción multicultural permanente.
Y aquí está la paradoja: Estados Unidos nunca fue homogéneo. Ni histórica ni culturalmente. La música que domina el planeta —jazz, rock, hip-hop, pop— nació precisamente de mezclas culturales. El propio entretenimiento que exporta Hollywood existe gracias a generaciones de inmigrantes europeos, latinos y afroamericanos.
El Super Bowl 2026 simplemente lo hizo visible en horario de máxima audiencia.
El éxito del show no estuvo solo en las canciones ni en los invitados —Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G o Cardi B—, sino en lo que simbolizaban. No era una reunión de celebridades: era un retrato demográfico del presente cultural estadounidense.
La cultura latina, lejos de ser periférica, hoy ocupa el centro de la industria musical global. Y cuando un artista puede cantar íntegramente en español en el evento televisivo más visto del país, el debate deja de ser musical y pasa a ser identitario.
El medio tiempo no fue una provocación política explícita. Fue algo más incómodo para ciertos sectores: un espejo. Mostró un país que ya cambió, aunque algunos discursos aún no lo acepten.
Porque, al final, la verdadera pregunta que dejó la noche no fue si el espectáculo fue bueno o malo. Fue otra: ¿qué significa hoy “americano”? Ya lo había dicho Lady Gaga en su canción ‘Americano’; si no lo sabes, ve y escúchala.