- Dos años después de ‘OT’, Lucas Curotto vuelve con ‘Bella’, abraza la independencia y reconstruye su carrera bajo sus propias normas
Las carreras musicales pueden empezar con fuerza, y más si han tenido el empujón de haber sido vividas a fondo en un programa donde las grabaciones 24 horas están a la orden del día. Para Lucas Curotto, todo esto ha tenido varias etapas. Pasó de trabajar como barbero a convertirse en finalista de ‘Operación Triunfo’, actuar ante miles de personas, firmar un contrato discográfico, publicar su primer álbum y salir de gira. Después llegaron salas con menos público del esperado, el final de su etapa con Universal Music, la necesidad de volver a trabajar para pagar algo tan necesario como el alquiler y un parón musical que le obligó a preguntarse cómo quería continuar. Tras dos años, regresa con ‘Bella’, una canción que nació mucho antes de que cualquiera de nosotros conociera su nombre y que, paradójicamente, parece destinada a inaugurar su etapa más consciente.
“Supe que era el momento porque se había cerrado una etapa”, explica sobre la decisión de recuperar una composición que llevaba dos años esperando. Entre medias estuvo ‘Puente Aéreo’, su primer álbum, un proyecto que define como “una sesión de terapia abierta al público”. “Escribí y sané muchísimo. Quizás la gente quería escuchar otra cosa, pero en ese momento necesitaba serme fiel a mí y a lo que estaba sintiendo. ¿Y qué más bonito que convertir el dolor en canciones?”.
Una vez atravesado ese proceso, algo cambió. “Supe que era el momento de ‘Bella’, donde volví a conectar con el amor y la esperanza. Siento que era un buen renacer y una manera bonita de volver a sacar música”.
Pero lo que pocas personas saben es que el origen de esta canción se remonta incluso a antes de OT. Una primera versión apareció mientras Lucas trabajaba en la construcción y se encontraba en España sin papeles. Aquella melodía y estructura eran completamente diferentes. Más tarde, durante una sesión de composición en la Academia, recuperó la letra junto a Vic Mirallas, transformando la canción.


Volver a encontrarse con Vic Mirallas para terminarla tuvo, inevitablemente, una carga emocional. “Ver a Vic siempre es un abrazo al corazón, por lo que él transmite y por los recuerdos que se me vienen a la cabeza. Es una persona muy cálida, que me da mucha paz. Podemos hablar desde cualquier tontería hasta algo superprofundo”. Aunque ambos se encontraban en momentos completamente diferentes a los de aquella primera composición, recuperar la conexión fue sencillo. “Fue fácil volver a meternos en el flash de ‘Bella’”.
Por eso, para Lucas, la canción funciona simultáneamente como despedida y comienzo. “Cierra una etapa, probablemente la más hermosa y loca de mi vida, y al mismo tiempo da el puntapié a esta nueva etapa en mi vida y en mi proyecto”.
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“Vuelvo a empezar sin una gran discografía que me acompañe”
No todo crecimiento tiene una parte bonita y Lucas se embarca ahora en una etapa nada sencilla, con una diferencia fundamental respecto a hace unos años: es un artista independiente. Su relación con Universal Music terminó y, detrás de la libertad que puede sugerir esa palabra, existe una realidad mucho menos romántica.
“Al principio me costó mucho emocionalmente. No por Universal en sí, sino por mi realidad económica y por la gran inversión que lleva un proyecto. Veía que la posibilidad de seguir en la rueda, teniendo constancia con las canciones y con mi público, se alejaba por momentos”.
El cambio le obligó a entender aspectos de su profesión que antes sucedían detrás de una estructura empresarial. Presupuestos, producción, imágenes, vídeos, promoción, calendarios o equipos forman ahora parte de sus decisiones. “Antes me daban todo masticado y me perdía un montón de cosas de las que ahora tengo que estar pendiente sí o sí. El proyecto lo siento más en mis manos, más real”.
‘Bella’ es probablemente la mejor representación de esa nueva realidad. Lucas ahorró para financiar la producción, mezcla y máster; organizó una sesión fotográfica, desarrolló el concepto del videoclip y su imagen, pensó la portada, pidió favores y compaginó todo ese proceso con su trabajo en una orquesta.
“Le pusimos todo el amor del mundo. No llegó a entrar en ninguna lista de Spotify ni de ninguna plataforma, pero sería un egoísta si me centrara solo en eso. Ya estamos fuera de nuevo, los comentarios son muy buenos y los números tampoco son malos después de un año de parón en seco”.
A su alrededor ha formado un equipo compuesto por mujeres que, explica, están apostando por el proyecto incluso más allá de la recompensa económica inmediata. “Soy un privilegiado y estoy muy agradecido de contar con ellas. Ojalá las cosas vayan a mejor y nos podamos permitir una mejor calidad de vida”.
La independencia, por tanto, tiene dos caras. “Convivo con ambas: con el lujo de hacer lo que quiera y con la presión de no permitirme estancarme”. Porque disponer de libertad tampoco garantiza que aparezca la inspiración: “Somos humanos, y a veces, por más libertad creativa que tengamos, la inspiración, la seguridad y la confianza no están siempre de nuestro lado”.
Sobre su salida de la discográfica, evita cualquier relato de confrontación. Para él fue, sencillamente, el final de una relación artística que no terminaba de encontrar una dirección común. “Creo que fue una liberación para ambos. Siento que a ellos no les gustaba lo que proponía, todo lo sentía muy frío y siempre tuvimos más debates que conexión y sintonía. Llegado el momento, más allá de que el que más salía perdiendo era yo, pasó lo que tenía que pasar. No les tengo ningún rencor y, de hecho, conocí personas increíbles”.
Tampoco considera que abandonar una multinacional condene una carrera. “Ya está demostrado que no hacen falta discográficas para triunfar. Son un trampolín grande, pero tampoco te aseguran nada”.
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“Parece que cuenta más tu vida personal que tu talento musical”
Musicalmente, Lucas habla de una libertad que no piensa abandonar. “Ahora me voy a dar el lujo que antes quizá no me di: probar distintos sonidos y colaboraciones, y hacer algo más descontracturado”. El rock & roll continuará formando parte de su identidad, aunque podrá convivir con elementos más pop o disco. “Todavía no sé qué rumbo terminará tomando todo esto, pero creo que eso también mola”.
Cuando le preguntamos qué resulta más complicado, si escribir buenas canciones o conseguir que alguien las escuche, se ríe antes de reivindicar su primer álbum. “Sin duda, ‘Puente Aéreo’ me parece un discazo. Tiene temones, letras con un contenido superreal, superhumano y musicalmente es increíble. Maximiliano Calvo hizo un trabajo inmejorable y me enseñó muchísimo. Sin embargo, no trascendió más allá”. Para Lucas, tener buenas canciones no siempre basta: “Quizás nos faltó saber venderlas y que a la discográfica le gustara el álbum y nos ayudara en ese proceso”.
Esa necesidad de vender constantemente no se limita a la música. Las redes sociales se han convertido en otra extensión del trabajo artístico y, probablemente, en una de las que peor encajan con su personalidad.
“Es una cagada que ahora parezca que cuenta más tu vida personal que la música que haces”, explica sobre la presión de tener que crear contenido día a día.
Después de pasar tres meses expuesto prácticamente las 24 horas en OT, algunos seguidores trasladaron esa expectativa de acceso permanente a su vida fuera de la Academia. Si desaparecía de stories durante unos días, recibía mensajes preguntándole si estaba deprimido o qué le ocurría. También le llegaron advertencias de que no llegaría a ningún sitio si no mostraba su día a día o de que dejarían de seguirle porque era aburrido.
El hate tampoco desaparece simplemente porque uno acumule experiencia. “Aprendes a convivir. Hay días que te afecta más y otros en los que tienes la capacidad de reírte. Lo peligroso es cuando el hate te agarra en un momento en el que estás devastado, porque hay comentarios que realmente te hunden”.


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De llenar el Movistar Arena a empezar de cero en apenas un año
Quizá esa relación más tranquila con la exposición solo puede entenderse mirando lo ocurrido después de ‘Operación Triunfo’. Curotto resume aquel periodo como un salto “de cero a cien”: de barbero a finalista en tres meses; después, dos Movistar Arena agotados, una gira multitudinaria, un contrato discográfico, un álbum y una gira propia. Y, poco después, una realidad radicalmente distinta.
“Pasé de todo eso a que, en la mayoría de ciudades de mi gira, vendiéramos menos de 70 entradas, que me echaran de la discográfica y tener que volver a buscarme la vida como camarero para pagar el alquiler y dejar la música de lado. Todo eso en cuestión de un año”.
La Academia también le enseñó algo que todavía arrastra: convivir con el síndrome del impostor. “Desde el primer programa sabía que era de los más flojos, que tenía que dar un plus. No era el más afinado, no sabía de armonías y la cagué en muchas galas y pases de micro”. Su respuesta fue trabajar. “Cada semana intentaba romperme el culo para llegar lo mejor posible a las galas. Tuve muchísimo síndrome del impostor cuando salí; no me sentía merecedor de haber llegado a la final. Pero fueron la gente desde sus casas y los profesores quienes decidieron que fuera uno de los seis finalistas”.
De todo aquello conserva una idea que quiere transmitir especialmente a quienes le siguen desde edades tempranas: “El fracaso es rendirse. En el camino y en el progreso también hay momentos increíbles y aprendizajes para toda la vida que nos hacen más humanos”.
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“Nada me haría más feliz que vivir de mi música"
Con 25 años, Lucas Curotto no quiere limitar su futuro a cantar. Quiere estudiar interpretación, trabajar algún día en cine o televisión, aprender producción musical y dominar nuevos instrumentos. Sobre los escenarios, tampoco esconde la ambición.
“Siempre me gustó la idea de llenar grandes recintos, generar un movimiento de personas muy distintas que tengan algo en común y coincidan para compartir algo tan bonito como la música en directo. Eso sería soñando en grande, que a eso vinimos. Pero nada me haría más feliz que vivir de mi música, independientemente de si es en salas pequeñas o grandes recintos”.
Lo primero sería reservar dinero para regresar a Uruguay. Lleva casi tres años sin ver a sus padres y todavía más tiempo separado de otros familiares y amigos. Sueña con poder ayudarlos para que algún día puedan vivir cerca de él y compartir aquello que la distancia les ha obligado a experimentar por separado.
“Me habría encantado que me vieran y poder darles un abrazo al terminar los shows de OT, que estuvieran en mi primera firma de discos o en mi primera gira en solitario. Nos perdimos momentos que nos habría encantado compartir”. Durante ese tiempo, su hermano, su cuñada, la familia de ella y sus amigos fueron quienes consiguieron hacerle sentir hogar.
Ahora no pretende borrar los tropiezos de estos últimos años. Son precisamente los que explican al artista que está intentando construir. Lucas Curotto vuelve a empezar sabiendo cuánto cuesta producir una canción, cuánto puede doler una sala medio vacía y qué significa regresar a un trabajo convencional después de haber cantado ante miles de personas.
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