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Alain Said, de 'Un mal partido', reflexiona sobre los prejuicios LGBTIQ+ en el cine: "Todavía hay mucho camino por recorrer"

El intérprete mexicano reflexiona sobre su papel en la comedia protagonizada, la importancia de construir personajes más allá de su orientación sexual y los desafíos de la profesión

Alain Said / Cortesía
Alain Said / Cortesía

El actor mexicano Alain Said continúa dando pasos en su carrera interpretativa con 'Un mal partido', una comedia protagonizada por Mauricio Ochmann que combina romance, conflictos familiares y situaciones disparatadas con una reflexión sobre los prejuicios y las apariencias. La película, estrenada en los cines mexicanos y con su posterior llegada prevista a Disney+, supone una nueva oportunidad para el intérprete, que da vida a Santi, un joven sociable, relajado y directo cuya presencia en la historia contribuye a cuestionar determinadas ideas preconcebidas e invita al espectador a reflexionar.

Said reconoce que el proyecto le conquistó desde el primer momento. Aunque durante los procesos de selección los actores no siempre disponen de toda la información sobre una producción, en esta ocasión bastó con leer una escena para despertar su interés. "Me llamó muchísimo la atención el timing de comedia que tenía desde el principio", recuerda. La confirmación de que compartiría proyecto con Mauricio Ochmann terminó de convencerle: "No lo pensé ni un segundo y acepté".

Su entusiasmo aumentó cuando recibió el guion completo. El actor asegura que no podía parar de reírse y que sentía la necesidad de volver a leer la historia. Para Said, uno de los grandes aciertos de Un mal partido es su capacidad para combinar el entretenimiento con personajes cercanos y cuestiones que invitan a reflexionar. "Me parece que lograr una comedia que te haga reír genuinamente, pero que al mismo tiempo tenga personajes con los que puedas conectar y temas que lleven tu mente más allá de la pantalla, lo hace especial", explica.

Santi, un personaje que apuesta por la autenticidad

En la película, Alain Said interpreta a Santi, un joven que destaca por su naturalidad a la hora de relacionarse con los demás y por su tendencia a expresar abiertamente lo que piensa. Son precisamente esos rasgos los que más atraen al actor de su personaje, con quien reconoce compartir algunos aspectos de su personalidad.

"Me identifico con él en esa parte de ser una persona a la que le gusta convivir, conocer gente nueva y disfrutar de lo que está viviendo", señala. También reivindica la sinceridad como una cualidad fundamental en las relaciones personales: "Creo que cuando eres auténtico, las relaciones se vuelven mucho más honestas".

Buena parte de la historia transcurre durante un campamento en el que dos familias comienzan a conocerse. Esa convivencia también se trasladó al rodaje, donde el reparto fue construyendo una relación de confianza que, según Said, terminó reflejándose en la pantalla. El intérprete recuerda las risas entre tomas y los momentos espontáneos que surgían durante las grabaciones, recuerdos que guarda con especial cariño de su experiencia en el rodaje.

Una de las relaciones más importantes de su personaje es la que establece con Mía, interpretada por Loreto Peralta. Said destaca la complicidad que ambos desarrollaron desde el principio y asegura que su buena relación fuera de las cámaras facilitó el trabajo interpretativo, consiguiendo trasladar esa conexión a la ficción "sin necesidad de forzarla", sostiene.

Durante mucho tiempo, la orientación sexual de los personajes era toda su personalidad

Más allá de la comedia, Un mal partido también aborda los prejuicios relacionados con la orientación sexual. La identidad de Santi adquiere relevancia dentro de la trama y permite cuestionar las ideas preconcebidas de otros personajes, una circunstancia que conecta con una reflexión más amplia sobre la representación de las personas LGBTIQ+ en el cine y la televisión.

Para Alain Said, la industria audiovisual ha experimentado avances importantes, aunque todavía queda trabajo por hacer. El actor considera que durante demasiado tiempo los personajes homosexuales estuvieron condicionados por estereotipos que limitaban sus posibilidades narrativas.

"Durante mucho tiempo, los personajes homosexuales estuvieron limitados a ciertos estereotipos y, en muchas ocasiones, su orientación sexual era prácticamente toda su personalidad", reflexiona.

Frente a ese modelo, el intérprete defiende la necesidad de construir personajes con mayor profundidad, capaces de protagonizar historias que no giren exclusivamente alrededor de su identidad sexual. "Hoy tenemos la oportunidad de contar historias mucho más humanas, donde estos personajes puedan ser protagonistas, tener contradicciones, enamorarse, equivocarse, ser vulnerables y vivir todo tipo de experiencias, igual que cualquier otra persona", argumenta.

En este sentido, Said insiste en que la diversidad no debe limitarse a la presencia de personajes LGBTIQ+ en las producciones audiovisuales, sino que también debe reflejarse en la complejidad con la que se construyen sus historias.

"Creo que la representación auténtica no consiste solamente en incluir personajes LGBTIQ+, sino en darles profundidad, diversidad y la posibilidad de existir más allá de su orientación sexual", afirma. Asimismo, considera imprescindible que estas narraciones se desarrollen desde el respeto y la sensibilidad, reconociendo que cada persona vive su identidad de una manera diferente.

La participación en Un mal partido también ha supuesto un cambio importante en la manera de trabajar de Alain Said. Acostumbrado a otros ritmos de producción, el actor destaca las diferencias que ha encontrado durante el rodaje de esta película, especialmente en el tiempo dedicado a preparar y desarrollar cada escena.

Según explica, pasó de grabar entre 28 y 30 escenas diarias a trabajar en apenas tres o cuatro, una diferencia que le permitió prestar mayor atención a los detalles de la interpretación y profundizar en la construcción de su personaje. "En este momento me siento como si fuera una esponja y absorbo toda la información, todo el aprendizaje de mis compañeros, del director, de toda la filmación", reconoce.

Los rechazos, la incertidumbre y el síndrome del impostor

Aunque su carrera continúa avanzando, Alain Said es consciente de las dificultades que acompañan a la profesión. El intérprete reconoce que uno de sus mayores desafíos consiste en evitar que los resultados de los procesos de selección condicionen su confianza.

"Creo que he aprendido que, en esta profesión, no puedes permitir que un casting o un rechazo definan tu valor actoral", asegura. Para él, la preparación y el compromiso son fundamentales, pero también lo es comprender que las decisiones finales dependen de numerosos factores que escapan al control de los intérpretes.

Esa incertidumbre le ha llevado a desarrollar una filosofía basada en la constancia, la paciencia y la formación continua. "Quiero demostrar que puedo hacer cosas muy distintas, asumir nuevos retos y seguir desarrollando mis herramientas como actor", explica.

Said admite que, en ocasiones, los actores pueden llegar a considerar determinados objetivos demasiado lejanos. "Creo que a veces estamos enfocados en algo que luego no volteamos a ver otras oportunidades, pudiendo llegar a entrar el síndrome del impostor", reconoce. Por eso, considera fundamental aprender a confiar en las propias capacidades y mantener una actitud abierta ante las oportunidades que puedan surgir.

La posibilidad de que la película llegue a espectadores de otros países representa para él un motivo especial de satisfacción. "Una de las cosas más bonitas de esta profesión es que las historias tienen la capacidad de cruzar fronteras y conectar con personas que viven realidades muy distintas a la tuya", señala.


Alain Said / Cortesía

De la gastronomía a los platós: una vocación que siempre estuvo presente

La trayectoria de Alain Said no comenzó directamente frente a las cámaras. Antes de dedicarse profesionalmente a la interpretación, estudió gastronomía, otra de sus grandes pasiones. Sin embargo, su interés por la actuación se remontaba a la infancia. "Desde chiquito nunca tuve pena de nada; al contrario, siempre era el primero en querer actuar, hacer un show o pasar al frente cuando había oportunidad", recuerda.

A pesar de esa vocación temprana, durante un tiempo no contempló la interpretación como una salida profesional realista y decidió orientar sus estudios hacia la cocina. Con los años, su curiosidad y sus ganas de explorar nuevos caminos terminaron animándole a dar el salto.

En aquella decisión resultó especialmente importante el apoyo de su madre, que le impulsó a perseguir su sueño. También tuvo influencia su hermano, Carlos Said, que también se dedica a la interpretación y le ayudó a descubrir que podía convertir su pasión por la actuación en una profesión.

Hoy, aunque su carrera se desarrolla en el mundo audiovisual, no descarta recuperar algún día su vínculo con la gastronomía. De hecho, considera que una de las lecciones más importantes que ha aprendido es que las personas no tienen por qué limitarse a una única vocación. "Creo que a veces uno mismo se pone límites pensando que tiene que elegir una sola cosa para toda la vida, y yo he aprendido que no necesariamente es así", reflexiona.

Mientras tanto, Alain Said continúa centrado en su evolución como intérprete, con el propósito de afrontar nuevos retos y seguir aprendiendo. "Amo actuar y contar historias. Eso es lo que me hace seguir adelante".

 

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