La Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, en Roma, fue el escenario elegido para el último adiós a Valentino Garavani, fallecido el pasado 19 de enero de 2026 a los 93 años. Un lugar cargado de simbolismo para despedir a una figura irrepetible, considerado por muchos como el último emperador de la alta costura. Desde primeras horas de la mañana, el templo acogió a diseñadores, actrices, modelos, editores y representantes clave del mundo cultural, todos unidos por un mismo gesto: rendir homenaje a una vida dedicada a la belleza, la disciplina y la elegancia absoluta.
Tras dos días de velatorio público en las inmediaciones de Piazza Mignanelli, muy cerca de la sede histórica de su fundación, la ceremonia privada se convirtió en un momento de recogimiento colectivo. Roma, ciudad inseparable de la identidad de Valentino, fue también testigo del impacto global de su obra. No se trató solo de un funeral, sino de una despedida histórica que reunió a distintas generaciones marcadas por su visión estética.
El negro como código universal de respeto
Los asistentes apostaron de forma casi unánime por el negro, entendido no solo como color de luto, sino como el código más puro de la elegancia que Valentino defendió durante décadas. Lejos de excesos, los estilismos se caracterizaron por líneas depuradas, siluetas sobrias y una contención que hablaba más de respeto que de protagonismo.
Anne Hathaway, una de las musas contemporáneas del diseñador, acudió con un total look negro de inspiración clásica, acompañado por un bolso de la maison como gesto íntimo y silencioso. Su presencia simbolizó ese puente constante que Valentino tendió entre Hollywood y la alta costura, vistiendo a algunas de las actrices más influyentes de su tiempo.
La modelo Natalia Vodianova optó por un vestido negro de líneas limpias, medias tupidas y botas altas, rematando el conjunto con un broche joya que aportaba un matiz simbólico. Un estilismo elegante, contenido y profundamente respetuoso con el tono de la ceremonia.
Donatella Versace llegó fiel a su imagen reconocible, con un vestido negro ceñido, botas altas y gafas de sol XL. Incluso en el luto, su presencia fue poderosa, subrayando el respeto mutuo entre dos grandes nombres de la moda italiana, unidos por una historia compartida de creatividad y rivalidad admirativa.
Discreción, legado y vínculos personales
La aristócrata Bianca Brandolini eligió un abrigo negro de líneas puras y gafas oscuras, manteniendo un perfil bajo y elegante. Su asistencia reforzó el vínculo histórico entre Valentino y la alta sociedad europea, un universo que siempre formó parte del ADN de la maison.
Anna Wintour, directora global de contenidos de Condé Nast, acudió fiel a su uniforme más reconocible: abrigo negro clásico, gafas de sol y un discreto detalle de piel en el cuello. Una elección coherente con su estilo y alineada con la sobriedad que exigía el momento.
El diseñador Alessandro Michele apareció completamente vestido de negro, combinando abrigo largo y vaqueros. Una imagen que mezclaba luto y personalidad creativa, reflejando cómo la herencia de Valentino sigue influyendo en la moda contemporánea desde múltiples lenguajes.
Olivia Palermo apostó por un abrigo estructurado, cuello alto y gafas de sol, en un look minimalista y perfectamente estudiado. Elegancia silenciosa, sin artificios, en línea con la estética depurada que dominó toda la ceremonia.
Especialmente significativa fue la presencia de Pierpaolo Piccioli, exdirector creativo de Valentino, quien acudió junto a su esposa Simona Caggia. Ambos vistieron de negro, con abrigos largos de corte recto y estructurado. Su asistencia fue leída como uno de los gestos más emotivos del día, simbolizando la continuidad creativa y humana dentro de la casa.
También estuvo presente Anna Fendi, diseñadora y empresaria, quien llegó junto a su marido con un look negro de elegancia clásica, reforzando la unión histórica entre las grandes familias de la moda italiana.
El negro como código universal de respeto
Anne Hathawey
Pierpaolo Piccioli
Donatella Versace
Anna Wintour
Natalia Vodianova
Tom Ford
Olivia Palermo
Más allá de los nombres propios y los estilismos, el funeral de Valentino Garavani fue una afirmación colectiva de su legado. Diseñador de siluetas icónicas, creador del eterno rosso Valentino y defensor de una elegancia atemporal, su influencia atraviesa décadas y generaciones. Sus vestidos no solo definieron una época, sino una forma de entender el lujo como disciplina, emoción y perfección.
Roma despidió a uno de sus hijos más ilustres, mientras la moda internacional se detuvo para rendir homenaje a una figura irrepetible. En el silencio solemne de la basílica, quedó claro que Valentino no solo dejó una maison, sino un lenguaje estético que seguirá vivo en cada gesto de elegancia auténtica. Porque, incluso en la despedida, su legado habló más alto que cualquier palabra.